Un cura en el complot

Fue el venezolano Simón Bolívar el único ser humano que realizó una guerra formal independentista con la finalidad de darle libertad a varias naciones y tratar articularlas de tal manera que todas ellas conformaran una unidad de naciones que las llevara a la grandiosidad y admiración del universo, pero estando muy cerca de lograrlo, fue traicionado por sus compañeros de luchas y las maléficas injerencias de Estados extranjeros interesados en seguir explotando estas tierras y mantenerlas en su poder como países conquistados haciendo uso ilimitado de todos sus recursos naturales y prebendas de las cuales ya gozaban; ello con la colaboración de sus lacayos nacionales. Todas las dificultades que le impiden al Libertador llegar a su total misión estuvo propiciado por su siempre y más grande opositor; los gobernantes de los Estados Unidos de América. Y aun viéndose Bolívar derrotado, persiste en la decisión de seguir la lucha hasta conseguir en su propósito de crear una liga de naciones en el Continente Sur Americano, pero al fin este propósito le fue negado debido a la prematura muerte de nuestro héroe el Libertador, pues de no haber sido así seguro que el gran Simón Bolívar lo hubiera logrado. Bien, después de esta corta introducción, contemos una versión relacionada con una conspiración que existió contra Simón Bolívar; veamos.

Resulta que en el mes de abril de 1813 se descubre un complot liderado por el cura católico Pedro Corella, por lo cual es detenido y permanece preso, primero en Las Palmas y de allí lo pasan a Tunja, ambas poblaciones en la Nueva Granada, hoy Colombia. Es a fines de 1814 y por orden de Simón Bolívar que el sacerdote es liberado en Bogotá, capital de la Gran Colombia. Sin embargo, el cura sigue en su empeño de incitar públicamente a darle muerte al Libertador y desde el púlpito en sus sermones y en cualquier lugar al que fuere, el cura no pierde tiempo en hablar mal de Bolívar llamándolo traidor y pidiendo a viva voz su muerte, por lo que otra vez es detenido y juzgado por estimular el crimen de Simón Bolívar. Después de un proceso judicial que dura tres semanas, el cura es condenado a muerte. El odio de aquel endemoniado padre es tan persistente y profundo, que no se arrepiente ante sus jueces, ni siquiera ante el propio Bolívar quien lo visitó en su celda. Aquel hombre, enfermo de un odio gratuito contra el Libertador, odio inculcado por uno de sus superiores eclesiástico, fue pasado por las armas el 29 de enero de 1815 en el sitio llamado La Honda, a la ribera del Río Magdalena. Colombia. Y es muy probable que en la entrevista que tuvo el Libertador con el cura Corella esta hubiera sido parte de la conversación entre ambos. Veamos: Al entrar Bolívar a la celda diría. –Padre Corella, soy Simón Bolívar y vengo a conocerlo y saludarlo, espero usted me cuente porque ese odio contra mi persona, que yo sepa no le hecho ningún mal a usted ni tampoco a sus familiares, dígame usted ¿qué pasa conmigo? El cura Corella viéndolo de arriba abajo, con ojos desorbitado, le responde –Mire señor, cuando usted comenzó la campaña libertadora para todos estos pueblos me pareció justa, pero una vez que el señor Obispo me explicó que esa guerra era contra nuestro Rey de España y que el Rey era escogido por Dios para gobernar todas las tierras otorgádole por la gracia divina, por lo que usted está cometiendo un pecado mortal y su gesta guerrera es demoníaca, señor, usted representa al mismo diablo y por lo tanto tiene que ser combatido con toda nuestra fuerza.

Bolívar inmediatamente contesta. –No padre Corella, no, eso no es así. Mire Padre, yo hice mi juramento de libertar a mi tierra, en el Monte Sacro, en la mismísima Ciudad Eterna de Roma, donde está asentada el Vaticano y gobierna el Papa. De manera que a mí me inspira es el Poder de Dios y no el Poder del Diablo. El problema aquí no es el Rey de España, no, sea quien hubiera sido el que oprime a Venezuela y a este Continente, contra él sería el enfrentamiento, y si el odio del señor Obispo es por el decreto de Guerra a Muerte que firme el 15 de junio del año 1813 en Trujillo, Venezuela, fue por la crueldad, la tortura, los vejámenes, las masacres y otras atrocidades perpetradas por sus paisanos realistas a nuestra gente y por ello yo no podía tener ninguna clemencia o consideración, y así se hizo aunque con el mayor dolor de mi alma; pero es que no hay otra forma de acabar con tanta barbarie por parte de los españoles. No, padre Corella, no soy ningún demonio, soy un hombre obediente a la Ley de Dios y ella me manda a proteger a los desdichados hijos suyos. Enseguida responde el padre Corella -No, no señor, el señor Obispo me alertó que algo así sería la excusa de los patriotas, ustedes son unos sacrílegos hijos del Demonio. Bolívar algo molesto le responde -Padre, lo siento, ya veo que ustedes, y usted en particular, fueron envenenados por los jerarcas eclesiásticos que siempre han estado en contra de lo proclamado por nuestro Señor Jesucristo y más bien se han abrazado a la oligarquía criolla. Padre, me despido y que Dios lo perdone, saliendo Bolívar apresuradamente de la celda donde permanecerá el Padre Corella hasta que es fusilado por los patriotas.

José M. Ameliach N. Junio de 2017



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