El fin de la civilización burguesa

Como en épocas de Páez, la oligarquía criolla, vendida a la burguesía imperialista, trama una sanpablera para sacar a Chávez de Venezuela y destruir el proceso revolucionario. No encontró mejor opción política que el candidato Rosales, cipayo del régimen de Bush, como Calderón en México, o Uribe en Colombia. Saben que la mayoría votará por nuestro presidente revolucionario, entonces buscan antes de salirse de las elecciones, excusas violentas, para que apliquen la carta americana, aparezcan muertos, y los medios acusen a nuestro gobierno de antidemocrático. Hacen creer que van a las elecciones, pero ninguno de ellos ignora que por las elecciones no están. ¿Por qué? Porque no creen en elecciones, y menos en elecciones democráticas, que por primera vez en la historia republicana son honestas, o sea que no están signadas por el fraude como durante 40 años de “democracia puntofijista”, en verdad fue una siniestra dictadura de los partidos vendidos al gobierno gringo, y a espaldas de la ideología bolivariana. Desde José Antonio Páez venía fraguándose esta impía venganza contra Simón Bolívar por la burguesía que no puede negar su final estrepitoso en el mundo entero. Estamos viviendo no el fin del mundo, sino el fin de la civilización burguesa y su cultura antitradicional, laica, que no tiene raíces en el suelo sagrado de la tradición, que oscila entre las cimas de la civilización y los abismos de la barbarie, y abandonada a sí misma, será tragada por el hueco negro de su propia idolatría convertida en soberbia. Al igual que en el pasado histórico nacional, los representantes de la clase que odia a los pobres, clase farisea y de escribas, trabajan incansablemente para subvertir el orden político, social y económico en nuestro país que viene experimentando durante 14 años de lucha y 7 de administración gubernamental a través de un Estado social, de una democracia directa, ejemplo para las naciones del continente en particular, y para el mundo en general. Nuestra revolución es así mundial, o en otras palabras, la revolución mundial pasa por nosotros, los que trabajamos en contra del imperialismo y a favor de la Venezuela digna y soberana, miembro viril de la Patria Grande de nuestros ancestros. Rosales es la encarnación estereotipada del traidor criollo que como Páez entregaron al país y seguirán vendiendo su alma por 30 monedas, para después comprarse un lugar en el paraíso de los muertos, o ahorcarse autoconsciente de haber conspirado contra lo más preciado de sí mismo. Rosales se identifica con esta satisfacción robótica del domesticado, esta salud pacífica, este graso optimismo del burgués, esta disciplina del hombre mediocre, normal, vulgar. Con Chávez y nuestra revolución no habrá traición a sus orígenes, instituyendo nuevos yugos, o un nuevo conformismo, más obtuso y más absurdo; ni será una ola extravagante y pasajera. La crisis actual se presenta, pues, como la de los valores y las ideas que sirven de superestructura a este sistema capitalista y que convertidos en hipócritas y mentirosos los burgueses, no pueden dirigir la conducta práctica de los individuos y de las fuerzas motrices de esta época. Quizá debemos agradecer a Dios que con todos estos enemigos, internos y externos, estamos probándonos a nosotros mismos como agentes revolucionarios, y estamos pariendo una nueva civilización. Gracias a los tiempos duros y hostiles como los que estamos viviendo, nuestra virtud se pone a prueba, y no como en las ablandadas regiones del mundo burgués, donde todo aparece dulcificado con los mitos del progreso (prosperidad) y de las teorías económico-sociales (nihilismo político). Científicamente está demostrado que el carácter humano está más desequilibrado en las capas donde ha habido facilidades económicas y “necesidades resueltas” donde abunda el temperamento problemático y en donde se ha perdido el sentido de la existencia humana. Cuidémonos entonces de cualquier forma de anestesia interior promovida por ideología cualquiera. Rosales con su tarjeta racista y judaica (treinta monedas) pretende aburguesar a la clase obrera para anestesiarla y convertirla en “consumidora” beneficiando al monstruo imperialista. Rosales y su equipo gringo y apátrida criollo quieren hacernos ver nuestras metas revolucionarias como una serie de ideas abstractas, que le costaría mucho al país materializarlas, y que en definitiva sería absurdo perseverar en ellas. Todo lo estigmatizan señalando sarcásticamente y humillando al presidente revolucionario en su amor y solidaridad con el pueblo y líder cubano. Lo que cuenta es la obra y no el individuo mediante el cual seamos capaces de considerar como algo importante no a nosotros mismos, sino a la función, la responsabilidad, la tarea que se acepta, el objetivo perseguido.

Mario Forti


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Mario Forti

Astrólogo, filósofo, músico, tatankisi, escritor, poeta, critico, ddhh, tarotista, taoista, lector, meditación, yoga, sanación, terapias shamánicas integradoras

 mforti9@gmail.com      @mforti9

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