Día Ciento Veintinueve La Madre Patria caminando por el filo de la navaja.

La Madre Patria está adolorida por algunos de sus hijos perdidos en la lejanía. Se fueron y la dejaron a merced de los lobos del Norte que la muerden y la hacen desangrar. Son los gringos depredadores al acecho de los ríos, llanos, mares selvas y montañas, de la Madre Patria, colmadas de tesoros y riquezas sin fin. Más le duele a la Madre Patria la indiferencia y la apatía de los hijos que reniegan de su tierra natal que los zarpazos de la bestia imperialista llena de ambición y afán recolonizador. Son heridas diferentes la primera es íntima y espiritual, es un dolor indescriptible difícil de sanar que deja cicatrices invisibles. De los estragos causados por el monstruo imperialista están las heridas abiertas por sus latigazos infames, pero la Madre Patria se levanta con su dignidad impecable, altiva y victoriosa para repeler de frente al agresor.

Gran gozo y regocijo siente la Madre Patria al sentirse protegida, defendida y amada por la mayoría de sus hijos unidos por la defensa de la soberanía nacional. El amor a la Madre Patria es un sentimiento profundo de veneración por lo nuestro, por lo venezolano, por nuestra identidad nacional. Los buenos hijos de la Madre Patria son los que están al lado de ella, luchando por su prosperidad, por su libertad e independencia. Mal hijo aquél que conspira contra ella a favor de la dominación extranjera. La Madre Patria quiere la paz y la convivencia democrática para sus hijos.

En el templo sagrado de su memoria viven los héroes y heroínas que desde la llegada de los primeros forasteros invasores a nuestros suelos, hasta la siembra en el Cuartel de la Montaña de su hijo inmortal, Hugo Rafael Chávez Frías, están ahí para recordarles a sus otros hijos e hijas el camino a seguir que es el de Guaicaipuro, Apacuana, José Leonardo Chirinos, Hipólita, Matea, Miranda, Bolívar, Sucre, Luisa Cáceres de Arismendi, Josefina Camejo, Juana la Avanzadora, Ezequiel Zamora, Fabricio Ojeda, Argimiro Gabaldón y el Comandante Chávez. Estos son los hijos e hijas predilectos de la Madre Patria juntos a las multitudes que siempre los acompañaron y los que lo siguen haciendo hoy al frente de la lucha en defensa de los mismos principios patrióticos.

A la Madre Patria no solamente hay que adorarla en la magnificencia de su pueblo, la historia, geografía, paisajes y manifestaciones culturales sino también defenderla y dar la vida por ella, si fuera necesario, para evitar su esclavización por una potencia extranjera. Malditos los hijos que traicionan a su Madre Patria y se vendan al mejor postor que ose poner su planta insolente en el suelo sagrado de la Patria.



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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