CAMINANDO HACIA EL FUTURO TERCER DÍA (03/01/18)

Caminando hacia el futuro, tercer día (03/01/18)

Este año luce presuroso, esa sensación acelerada del tiempo debe tener algo que ver con la velocidad vertiginosa del proceso inflacionario donde los productos pasan volando, inalcanzables, ante la incredulidad de la gente común y corriente como usted y yo. El maratón es entre los aumentos de salarios decretados por el gobierno para defender el bolsillo de los venezolanos y la voracidad insaciable que tienen los dueños de los medios de producción y distribución para lucrarse, en forma desmedida, con la especulación salvaje de la masa trabajadora del país.

Las vaguadas no azotaron a Vargas, Caracas y Miranda, en el 2017, ahorrándonos el triste saldo masivo de damnificados de otros años dolorosos. Al mismo tiempo hemos tenido un invierno generoso con los campos y represas para asegurar la bondad de los cultivos y la recolección de agua potable. Debemos darle gracias a la naturaleza por haber dejado atrás la zozobra de un Guri seco que hubiera arruinado al país por la deshidratación y la falta de electricidad. Unos nos alegramos, por esa bendición de la naturaleza, otros hubieran preferido ver a sus su país, desde otras latitudes, hundirse en la desgracia para, a su manera, vengarse de Nicolás Maduro.

Es muy triste ver, en estos días de encuentro familiar, a un contingente significativo de venezolanos, la mayoría profesionales provenientes de la clase media acomodada, con el peso en sus espaldas de un afán de lucro frustrado, exilados voluntarios de su patria, en búsqueda de una nueva nacionalidad, quienes dejaron atrás su cuna, su identidad y a veces, hasta lo más preciado, el valor infinito de sus ancianos padres dejados a su suerte sin la atención ni el amor presencial de sus hijos.

La expatriación voluntaria es injustificable. No es un acto heroico ni de sacrificio por ideales superiores sino una decisión personal e individualista. Se elude la responsabilidad de luchar por su país, por sus ascendientes y por el propio futuro de su ser social originario. Lo más trágico de esta realidad viviente de padres abandonados por sus hijos quienes se fueron a buscar fortuna es el proceso degenerativo que implica la deshumanización de una generación de jóvenes apátridas sin sentido de lo nacional.

La otra cara de la moneda es la que se levanta orgullosa de lo que somos, de nuestra historia, de nuestra cultura y de nuestra lucha diaria por un futuro mejor. La generación de jóvenes que se queda en su patria, sin cobardía, para defenderla cueste lo que cueste y batallar por hacer de Venezuela un gran país.



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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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