La Realización

—"Quiero buscarle"; esas palabras encierran la verdadera voluntad del Comandante Chávez, el verdadero destino: el destino de ser un revolucionario que busca a Cristo, no el hombre que le ha encontrado. No ha sido ningún santo, ningún profeta, ningún redentor, ni aun siquiera un hombre que ha interpretado en su persona su verdadera vida: no ha pasado de ser un hombre, un ser humano, grandioso en algunos momentos, pero, en otros, un hombre con todas las flaquezas, con toda la impotencia, con todas las ambigüedades de los humanos, pero que siempre ha reconocido trágicamente sus faltas y que se ha esforzado para lograr la perfección con un apasionamiento sin ejemplo.

Hoy, que ya se ha enfriado la discusión, nos podemos dar cuenta de la expectación fanática que la llamada del Comandante Chávez despertaría en nuestra América y el mundo entero; debe haber sido un clamor de las almas, un despertar de la conciencia de todo un pueblo. Inútil fue que Gringolandia, asustado del efecto que producían las palabras de Chávez, prohibiera todos los escritos de polémica acerca de ese asunto; las copias escritas iban de mano en mano y se introducían fraudulentamente ediciones impresas en el extranjero, y cuando más osadamente Chávez ataca en sus escritos el orden de cosas; Gringolandia, cuanto más ardientemente proclama un orden mejor para la Humanidad, tanto más anhelante se vuelve a él el corazón de los pueblos, abierto para siempre para toda misión sagrada. Pues, nuestro mundo está preso de la misma espera de un estado mejor como en los tiempos de Cristo, Marx o de Lenin; inextinguible vibra en el alma de las masas, siempre dispuestas a lo milagroso, un anhelo renovado hacia un Líder, hacia un Conductor. Por eso, siempre que un hombre, un hombre único, se vuelve hacia el pueblo llevando en sus labios una promesa, hace estremecer los nervios de esa ansia de fe y, entonces, se ve brotar una infinita voluntad de sacrificio hacia aquel que se ha levantado y ha pronunciado esa frase llena de responsabilidad: "Yo sé la Verdad".

Millones de ojos se dirigen hacia Chávez, apenas se anuncia que tiene una misión apostólica. "La confesión", que desde hace ya largo tiempo es para nosotros simplemente un documento psicológico, embriaga a la juventud como si fuera una revelación. Finalmente, ha expresado una exigencia, una necesidad, que hasta ahora sólo los necesitados se atrevían a pronunciar para sus adentros, y ella es que el orden de cosas en el mundo es injusto, inmoral e insostenible y que se ha de encontrar una nueva forma, una forma más perfecta. En todos los descontentos se levanta un impulso, un impulso que viene, no hueco y de frases vacías, sino de un espíritu independiente e incorruptible, cuya autoridad y honradez nadie se atrevería a negar.

Por eso, la inaudita tentativa de Chávez, de dar a su vida una forma ejemplar. En el mismo momento en que el Comandante emprende la heroica empresa de salirse de las formas de vida convencionales y ajustarse solamente a las que proclama su conciencia por encima de todos los tiempos, su vida, su existencia toda, se convierte forzosamente en una gran tragedia. Pero Chávez no teme el dolor, al contrario, como buen revolucionario y, por ende, extremista, anhela un tormento real como prueba evidente de su veracidad. Quisiera vivir, en su carne y en su sangre, como la forma de vida más real y espiritual de un verdadero revolucionario: una vida sin hogar, sin poseer nada, una vida que se deje llevar por el destino como una hoja en otoño es arrastrada por el viento.

Ningún santo, pero con una voluntad santa; ningún creyente, pero con una fuerza titánica dirigida a creer; no ha sido la imagen de lo divino lo que encierra, sino que ha sido el símbolo de una humanidad que nunca podrá descansar satisfecha en su camino, pues que siempre, eternamente, ha de estar luchando para alcanzar una forma más pura…

—El Comandante Chávez no logra nunca hacer evidente al pueblo su deseo, su voluntad de sufrimiento. Por todas partes, un destino burlón e irónico le cierra el paso que conduce al martirio. Quisiera ser pobre, regalar sus bienes a los pobres, no cobrar ningún dinero de sus obras.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!"



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Manuel Taibo


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