(Londres, 1896)

IV Congreso de la Nueva Internacional

La Comisión organizadora del IV Congreso llevaba adelante sus trabajos contando con la adhesión de la inmensa mayoría de las organizaciones obreras y partidos políticos obreros. El Centro anarquistas de Londres, a su vez, multiplicaba su campaña.

La Comisión publicó varias circulares de información sobre sus trabajos y, finalmente, la de convocatoria, en la que daba a conocer el problema orgánico del Congreso y las normas para su desenvolvimiento estableciendo el procedimiento de constitución de grupos por nacionalidades y que éstos, a su vez, designaran una dirección de cada uno de ellos las cuales direcciones formarían la Oficina del Congreso. En cada grupo de nacionalidad serían examinados previamente los puntos del orden del día y los mandatos de sus integrantes; de existir discrepancias, éstas serían elevadas a la Oficina del Congreso y, en última instancia, al Congreso mismo para su definitiva resolución. Por este procedimiento se establecía un principio de garantía democrática.

La circular reproducía la decisión de Zurich sobre las condiciones a que deberían ajustarse las delegaciones para ser admitidas en el Congreso, con la salvedad de que:

–El Comité organizador reconoce que circunstancias inesperadas pueden determinar algunas excepciones a esta regla…

En la fecha prevista (27 de julio – 11 de agosto) inició sus trabajos el Congreso. El número considerable de delegados, unos 800, hizo insuficiente la Sala Saint-Martins Town Hall, por lo que hubo de celebrarse en la gran Sala de conciertos Queen’s, Hall, de Langham Place.

El día antes del Congreso organizóse una gran cabalgata y manifestación a estilo inglés: un poco de carnaval y una manifestación. Doce carrozas ataviadas con toda clase de adornos fueron ocupadas por las delegaciones de diferentes países y seguidas por una gran masa de manifestantes con las bandas de música y estandartes de sus organizaciones: Al frente marchaba una espectacular presidencia, con sus "mariscales". Desde las carrozas y en diferentes lugares, los delegados designados pronunciaban arengas. La manifestación finalizó con un gran mitin e Hyde Park. La demostración había sido organizada bajo el signo de la lucha por la paz internacional, representando un clamoroso éxito, calculándose en más de 100.000 los concurrentes. En una de las carrozas, representando a España, figuraba Pablo Iglesias, que habló en nombre del proletariado español.

—Al final del mitin fue aprobada una resolución que decías así:

Este mitin internacional de trabajadores,

Reconociendo que la paz entre las naciones del mundo es una condición esencial de la fraternidad y del progreso de la humanidad, y convencido de las guerras no son deseadas por los pueblos de la tierra, sino que son causadas por la avidez y el interés personal de las clases dirigentes y privilegiadas, con el solo propósito de conquistar mercados del mundo para su propio interés, y contra todos los intereses efectivos de los trabajadores, declara:

Que entre los trabajadores de las diferentes nacionalidades no hay absolutamente ninguna querella, que su único enemigo común es la clase capitalista y los propietarios y que el solo medio de evitar las guerras y asegurar la paz es la abolición del sistema capitalista y de propiedad de la sociedad en el cual las guerras tienen su origen. Por eso, para comprometerse a trabajar en el solo camino en que ese sistema se podrá derribar —la socialización de los medios de producción, de distribucción y de cambio—, declara, además, que hasta que se cumpla eso, cada querella entre las naciones se solucione por el arbitraje en vez de que lo sea por la fuerza brutal de las armas.

Además, esta asamblea reconoce que el establecimiento de una jornada de ocho horas para todos los trabajadores es de inmediato necesidad para su emancipación e insiste ante los gobiernos de todos los países para tener una jornada de trabaja de trabajo normal por disposición legal.

Y, considerando que en todos los países un gran número de trabajadores, hombres y mujeres, no tienen el derecho de voto y no puede participar en la acción política, esta asamblea de trabajadores se compromete a esforzarse para obtener el sufragio universal.

Y al día siguiente daría comienzo el IV Congreso de la Internacional.

Las delegaciones fueron muy numerosas, aparecen en ellas elementos nuevos, sobre todo franceses, como Jaurés, Millerand, Briand, algunos de ellos de triste recuerdo. De otra parte, representando a Cámara s Sindicales y diversas organizaciones obreras, a pesar de la resolución de Zurich, asistían numerosos elementos de tendencias anarquistas, antiparlamentarias, posibilistas, etc., entre ellos Malatesta, Brousse, Pelloutier, Hamon, Domela. Por España, figuraban dos delegaciones. La primera, integrada por Jaime Vera, Pablo Iglesias y Casimiro Muñoz, representando el P. S. O., y Antonio García Quejido, la U. G. T. La segunda formada por Francisco Balaguer, delegado de la Asociación de Barberos de Barcelona, y L. Humenet (belga), de una federación agrícola de Cataluña. Malatesta exhibía las credenciales de varias organizaciones de Barcelona. En la delegación española aparece el nombre del Dr. Jaime Vera, una de las figuras más preclaras del socialismo español. En el informe a uno de los congresos internacionales, Iglesias señalaba que "el partido tenía en sus filas a un hombre de ciencia". Ese hombre era el Dr. Vera.

El orden del día distribuías en ocho comisiones:

1º Normas y reglamento del Congreso.

2º Cuestión agraria.

3º Acción política.

4º Legislación. Acción económica.

5º Sobre la guerra y la paz.

6º Educación.

7º Organización.

8º Asuntos diversos.

Con el fin de dar toda clase de garantías a las delegaciones minoritarias, éstas fueron ampliamente representadas en cada Comisión, figurando en ellas sus elementos más representativos. Con esta decisión se venció una de las primeras dificultades del Congreso, que había de ser rico en incidentes.

Los dos primeros fueron el de la admisión de los grupos o entidades específicamente anarquistas y el de la admisión como delegados de aquellos que sólo ostentaban el título de diputados, pero carecían de un mandato concreto de una organización. Tal era el caso de Jaurés y Millerand, Viviani, Richard. Los anarquistas que habían logrado credenciales de organizaciones admitidas, bajo la dirección de Malatesta, riñeron una fuerte batalla en contra de la cláusula de exclusión de Zurich que afectaba a muchos de ellos. Otros mandatos eran irregulares; entre ellos, el del propio Malatesta, que intentaba hacerse acreditar a la vez por organizaciones italianas, francesas y de varias entidades de Barcelona. Esta discusión promovió toda clase de incidentes, ya que en las reuniones por nacionalidades no había sido posible llegar a un acuerdo.

De ocho credenciales —afirmó Iglesias en el debate sobre los mandatos españoles— hemos rechazado dos. Una de ellas representa una sociedad absolutamente desconocida. Después de ser rechazados, los delegados presentan nuevos mandatos, uno de una sociedad anarquista. Si nos encontramos juntos en un Congreso, trabajando por unos fines comunes, debemos desenvolvernos en un terreno común…

"La constitución de una entidad, la fabricación de una credencial —exclamó un delegado de la mayoría— depende solamente de unos francos: el precio de un papel con un membrete y un sello". Los anarquistas no se habían descuidado en la preparación de credenciales, pero en cada nacionalidad se conocían bien las asociaciones que realmente existían en sus respectivos países, y su verdadero carácter. Malatesta y con él otros elementos de significación anarquista lograron, no obstante, ser acreditados como delegados, de acuerdo con el carácter de algunas de las organizaciones que les habían acreditado como tales.

El Congreso, después de toda clase de incidentes, ratificó la decisión de Zurich. Por lo tanto, las organizaciones específicas como entidades, quedan excluidas del mismo. Más no por eso cejaba en su empeño. El 26 habían celebrado una reunión privada para fijar su línea de conducta en el Congreso y su plan de ataque en contra de la resolución de Zurich. Su trabajo fraccional seguía adelante. Al otro día del Congreso—el 28— celebraron un gran mitin de protesta. Los elementos dirigentes del anarquismo, delegados o no, se habían dado cita en Londres. El holandés Domela Nieuwenhuis, socialista-anarquista unas veces, anarquista-socialista otras, contribuyó poderosamente con su actitud al desarrollo de todas las maniobras.

El segundo incidente fue provocado en el seno de la delegación francesa—de la nacionalidad— con motivo de las representaciones de aquellos delegados que asistían con la sola representación de diputados. En las reuniones de grupo de nacionalidad no llegaron a un acuerdo; este problema y la decisión de Zurich determinaron que se escindieran en dos grupos. Más tarde el Congreso acordó no considerar como delegados a los diputados si, al mismo tiempo, no ostentaban el mandato de una organización. En torno a este problema prodújose un agitado debate en el que tomaron parte activa Jaurés y Millerand, Vandervelde, Bebel y otros. El Congreso, con mucha razón, sentaba el principio de que no era suficiente el título de diputado para tomar parte, como delegado, en un Congreso obrero internacional.

En la sesión de apertura del Congreso, éste rindió homenaje a la memoria de Engels. Durante sus primeras sesiones al Congreso conoció un tumulto y escándalo. Los anarquistas y sus amigos querían a toda costa impedir la votación del reglamento y la aprobación de la cláusula de exclusión de las organizaciones específicamente anarquistas, produciéndose inclusive agresiones personales. Entre Pablo Iglesias y Malatesta prodújose un incidente como consecuencia de que la mayoría de la delegación española había rechazado dos mandatos, uno de ellos el del propio Malatesta. El Congreso había ratificado la decisión del grupo de nacionalidad. Al fin, el reglamento y la cláusula de exclusión fueron aprobados con los votos de de Francia y Holanda en contra. Como consecuencia de la votación, el grupo mayoritario de la delegación holandesa, con Domela Nieuwenhuis a la cabeza, después de una declaración retiróse del Congreso; por estimar que las decisiones adoptadas implicaban también la condena de su posición antiparlamentaria. El primer punto del orden del día quedaba liquidado.

El problema agrario aparece en este Congreso con cierta amplitud. El informe de la segunda Comisión, que fue adoptado, estaba concebido en los siguientes términos:

Los males siempre crecientes que la monopolización de la tierra y la explotación capitalista acarrean para el que cultiva el suelo y para la sociedad entera no desaparecerían completamente más que en una sociedad donde el suelo, así como los otros medios de producción, pertenezca a la colectividad, que lo hará explotar para el interés común, empleando los procedimientos de cultivo más perfeccionados.

El modo de posesión de la propiedad y la división en categorías de la población agrícola en los diferentes países presentan demasiada diversidad para que sea posible adoptar una fórmula general que impondría a todos los partidos obreros los mismos medios de realización de su ideal común y que se aplicaría a todas las clases que tienen un interés en esa realización, pero hay para cada partido obrero una tarea esencial y primordial: la organización del proletariado rural contra los que le explotan.

Por consiguiente, el Congreso declara que hay motivo para dejar a las diferentes nacionalidades la responsabilidad de determinar los medios de acción más adaptados a la situación de cada país.

Deben establecerse relaciones internacionales entre las Comisiones de estudios creados o por crear en los diferentes países, a fin de centralizar los documentos, estadísticas y otros trabajos que se refieren a la cuestión agraria.

La cuestión política, que en realidad ya había sido definida con la apasionada discusión del primer punto del orden del día, quedaba definida en el dictamen de la tercera Comisión, como sigue:

1º El Congreso entiende por acción política la lucha organizada, bajo todas sus formas, por la conquista del poder político y su utilización legislativa y administrativa, dentro del Estado y de la ciudad, por la clase obrera, para su emancipación.

2º El Congreso declara que la conquista del poder político es, para los trabajadores el medio por excelencia con el cual pueden llegar a su emancipación, a la liberación del hombre y del ciudadano, por el cual pueden establecer la república socialista internacional. El Congreso llama a los trabajadores de todos los países y les invita a unirse en un partido distinto de todos los partidos políticos burgueses, y a reivindicar el sufragio universal de todos los adultos; el derecho de voto para cada adulto; el escrutinio de ballotage, el derecho de iniciativa y el referéndum local y nacional.

3º El Congreso declara también que la emancipación de la mujer es inseparable de la de los trabajadores y llama a las mujeres de todos los países para que se organicen políticamente con los trabajadores.

4º El Congreso se declara favorable a la autonomía de todas las nacionalidades. Expresa su simpatía a los trabajadores de todos los países que padecen actualmente bajo el yugo del despotismo militar o nacional y de todo otro despotismo; y llama a los trabajadores de todos los países para combatir al lado de la clase obrera de todos los países y se organicen con ella a fin de derribar el capitalismo internacional, para establecer la democracia socialista internacional.

5º El Congreso declara que, cualquiera que sea el pretexto, religioso o, según se dice, civilizador, de la política colonial, ella no es más que la extensión del campo de explotación capitalista, para el interés exclusivo de la clase capitalista.

La minoría combatió tenazmente, pero por mayoría de votos el Congreso aprobó el de la Ponencia.

La cuarta Comisión (legislación), después de reivindicar los acuerdos de los Congresos de Bruselas y Zurich sobre el mismo tema, propuso y fue aprobado el siguiente dictamen:

La organización de los obreros en Sindicatos es de primera necesidad para la lucha emancipadora del proletariado. Considera como un deber de todos los obreros que quieran la emancipación del trabajo del yugo capitalista, que pertenezcan al sindicato de sus camaradas de profesión. Para hacer posible y para facilitar una acción económica eficaz, las organizaciones sindicales deben reunirse en federaciones extendidas por todo el país. Todo aislamiento de las fuerzas en pequeñas organizaciones particulares debe ser rechazado. En la lucha económica, la convicción política de los obreros no debe constituir una razón de separación, sino que es el deber de las organizaciones obreras —deber resultante de la lucha de clases— hacer de sus miembros socialistas convencidos. De otra parte, es un deber de todos los sindicatos aceptar como miembros a las mujeres que trabajen con los hombres en una industria, constituir a los aprendices en grupos distintos y aspirar a realizar el principio de salario igual a trabajo igual para ambos sexos.

El Congreso considera que la huelga y el boicot son los medios necesarios para la realización de los fines de la clase obrera, más no ve la posibilidad de una huelga general internacional…

La necesidad más urgente es la organización sindical de las masas obreras, porque de la extensión de las organizaciones depende la extensión de las huelgas en las industrias enteras y en los países enteros. En caso de huelga, de lockout y de boicot, los sindicatos de todos los países tienen el deber de sostenerse mutuamente en la medida de sus fuerzas…

Para hacer posible una acción sindical internacional, el Congreso recomienda la creación de un Comité Sindical Central en cada país.

Como en congresos anteriores, el problema de la paz y de la guerra, quinta Comisión, fue discutido, adaptándose el siguiente acuerdo:

En el periodo capitalista, las causas principales de las guerras no son las diferencias religiosas o nacionales, sino los antagonismos económicos, a los cuales las clases dirigentes de los diversos países son empujados por el modo de producción. De igual manera que sacrifican sin cesar la vida y la salud de los trabajadores sobre el campo de batalla del trabajo, no tienen ningún escrúpulo en hacer verter su sangre con vista a obtener nuevos beneficios por la conquista de nuevos mercados.

La clase laboriosa de todos los países tiene, por lo tanto, el deber de elevarse contra la opresión militar al mismo tiempo que contra todas las otras formas de explotación de que ella es víctima de parte de las clases poseedoras.

Con este propósito debe conquistar la pujanza política para abolir el modo de producción capitalista y rechazar simultáneamente en todos los países, a los gobiernos instrumentos de la clase capitalista, los medios de mantener el orden de cosas actual.

Los ejércitos permanentes, cuyo entretenimiento agota y consume a las naciones en tiempo de paz y cuyos gastos son soportados por la clase obrera, acrecientan el peligro de guerra entre las naciones y favorecen sobre todo la opresión siempre brutal de la clase obrera de cada país. Por esta razón el grito de ¡Abajo la guerra! no es más escuchado que los otros llamamientos a todos los sentimientos humanitarios de las clases capitalistas.

La clase proletaria sólo puede tenerla voluntad seria y el poder de realizar la paz del mundo.

Declara:

1º La supresión simultánea de los ejércitos permanentes y el armamento general del pueblo.

2º La institución de un tribunal arbitral encargado de solucionar pacíficamente y sin apelar a las armas los conflictos entre las naciones.

3º La decisión definitiva sobre las cuestiones de la guerra o de la paz, dejadas directamente al pueblo para el caso que los gobiernos no aceptaran la sentencia arbitral.

4º Protesta contra el sistema de tratados secretos.

Más la clase obrera, en esta materia como en no importa qué otra reivindicación obrera, no alcanzará realmente sus objetivos más que conquistando una acción de dominio sobre la legislación y aliándose al socialismo internacional, lo único que puede asegurar la paz y conseguir la verdadera fraternidad de los pueblos.

En líneas generales fueron plateados los problemas de educación, siguiendo las concepciones de congresos anteriores, aprobándose la resolución presentada por la Comisión:

1. En opinión de la Ponencia, este Congreso debe esforzarse por crear un Comité Internacional Permanente con un secretario responsable, Comité que se domiciliará en una de las partes de Europa más propias a su acción.

2. Un Comité restringido deberá ser nombrado por el Congreso para redactar las proposiciones, con el propósito de lograr la realización de lo que se establece en el primer artículo y de hacer el informe al Congreso.

3. El Comité en cuestión debe tener el poder de actuar como Comité provisional durante el período que tendrá lugar entre la fecha actual y el próximo Congreso. Toda nacionalidad que no esté representada en este Congreso puede enviar al Comité, por vía electiva, un representante para actuar hasta la reunión del próximo Congreso.

4. El Congreso reconoce la necesidad, cada vez mayor, de informaciones sobre el movimiento económico internacional e invita a todas las nacionalidades a hacer todos los esfuerzos para realizar las resoluciones de Bruselas y Zurich, con respecto a la Oficina Internacional de Información.

5. En razón a las grandes emigraciones de Europa hacia América y otros continentes, que cada al capitalismo, extremadamente concentrado, el medio de reducir los salarios y de vencer la resistencias de los obreros a la opresión y a la degración: en vista también del hecho de que muchos de los emigrantes que estaban anteriormente incorporados a los partidos obreros y a la organizaciones de los países de donde proceden no se oponen generalmente en relaciones en los grupos obreros de su país de adopción (sobre todo por la ignorancia del idioma Ingles), de suerte que las fuerzas pérdidas para el movimiento europeo por la emigración son igualmente completamente pérdidas para el movimiento internacional.

El Congreso recomienda que se establezcan entre Europa y América y los continentes transoceánicos relaciones para distribuir por medio de los emigrantes en los puertos europeos y a bordo de los barcos de emigrantes boletines conteniendo todas las indicaciones necesarias.

Finalmente, el Congreso examino los problemas presentados por la ponencia de Asuntos diversos, que abarcaba el problema de la libertad de conciencia, propaganda a favor de la amnistía de los presos políticos, acción en contra de las maniobras de provocación de la policía y, por último, diciendo que el próximo Congreso internacional se celebraría el año 1899 en Alemania o en 1900 en París.

Con el fin de evitar en los sucesivos congresos los incidentes de los cuales el de Londres era el más reciente ejemplo, a propuesta de Bebel el Congreso aprobó la siguiente resolución:

1. A los representantes de las organizaciones que se proponen por objetivo sustituir la propiedad y la producción socialistas y que consideran la acción legislativa y parlamentaria como una de las medidas necesarias para alcanzar este propósito.

2. A las asociaciones puramente sindicales que, sin tomar parte en la acción política militante, declaran reconocer la necesidad de la acción legislativa y parlamentaría; como consecuencia, los anarquistas serán excluidos.

En el Congreso de Londres coincidió un gran número de diputados, consejeros municipales, es decir, de "los elegidos", como se les llamaba entonces. Aprovechando esa circunstancia, celebráronse algunas reuniones de elegidos, y el día 28 un mitin en el que tomaron parte diputados de diferentes países. En estos trabajos previos quedaron echadas las bases para la creación de una organización internacional, de una Unión Interparlamentaria a la que, en congresos posteriores, se la habría de dar forma orgánica. El Congreso de Londres, en general, representa un esfuerzo por concretar los problemas que en congresos anteriores habían sido simplemente esbozados, y dejaba esbozados otros. Su trabajo representaba un avance en la estructura orgánica del movimiento obrero, perfilando una dirección orgánica. En el orden sindical, las decisiones del Congreso de Londres insistían en la necesidad de crear un órgano central sindical, es decir, crear una Internacional Sindical.

Los delegados sindicales que pertenecían a una misma profesión aprovecharon el Congreso para avanzar en los trabajos preliminares para la creación de los secretariados profesionales internacionales. En efecto, de 1896 a 1900 constituyóse la mayor parte de ellos.

El Congreso de Londres era el penúltimo Congreso obrero internacional del siglo XIX. Había excluido el anarquismo; pero, por otro lado, aparecían con una gran fuerza las corrientes del oportunismo, del revisionismo, nuevos factores de confusión de elementos que nada tenían de común con la clase obrera; de falsos socialistas de los que el mejor ejemplo mostrado en Londres, por señalar los más destacados y los que más pronto jugaron abiertamente y con descaro su papel de traición, fue el de los Millerand, los Briand y compañía. Marx y Engels ya no existían, pero muchos de estos elementos utilizaron sus nombres para mejor introducir su mercancía ideológica en las masas. Pero el movimiento obrero contaba con dirigentes fieles a su doctrina para llevar adelante su obra.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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