¡Creed! Aún como pueblos conservaban la cuerda al cuello

¡Obedeced! Y por el otro lado de la criba de la individualidad por donde el rebaño había pasado, debía formarse de nuevo bajo su divisa: un solo rebaño y un solo pastor.

No es para sacrificar así inmediatamente su personalidad para lo que en nuestros días el joven desea convertirse en sí mismo y busca un educador. No quiere verse asignar una creencia con finalidad concedida a su evolución. Con inquietud, comprende que está lleno de dogmas. ¿Cómo, entonces, encontrar su yo en sí? ¿Cómo descubrir su yo en el yo? La obra del educador más que un libertador.

Y, cualquiera que busque sinceramente, encuentra tal educador en la personalidad que, durante el periodo en que se forma el carácter, ejerce sobre su evolución la impresión más profundamente libertadora. Cuando leemos una sola página de un escritor que nos comprende, sabemos que leemos todo lo que había escrito aquel hombre, que sacaría provecho de cada una de sus palabras, hasta de sus errores. Y todo trabador intelectual podrá nombrar a los hombres cuyas obras haya leído en tal estado de espíritu.

Evidentemente, como para el trabajador intelectual en general, todavía hay más que hacer: libertarse del libertador. En caso, la liberación reviste la forma de una evolución tranquila hacia la independencia durante la cual subsiste el reconocimiento, y que es muy diferente de la brusca mudanza que sufren sus sentimientos. Los genios de esta clase se descomponen pronto; se tornan melancólicos, y, después, enfermos o dementes. La sociedad de los Filistinos intelectuales hace la vida amarga a los hombres excepcionales.

Cuando, por fin, llegó a una evolución absolutamente independiente y sintió bullir en la riqueza de sus pensamientos originales había perdido todo lo que hubiera podido servirle de punto de partida fuera de sí para medir su propio valor; todos los puentes que le unen con el mundo circundantes habían sido destruidos.

Y cuando los pesimistas declaran que el balance de la vida ésta hecho principalmente de dolor; cuando pretenden que la existencia es mala, son objetos del desagrado determinado del buen revolucionario. Prefiere todos los tormentos al aniquilamiento.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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