Los pueblos constituyen la finalidad de la historia

El pueblo trabajará sin cesar para producir grandes hombres; esta, y ninguna otra, deberá ser su tarea. Nada hay sin grandes hombres; de los grandes hombres nos llegará la salvación. Pero sí, como acabamos de ver, no faltan defensores de esta idea dominante sobre la finalidad de la historia. Nos impone el deber de entrar en relación activa con los grandes ideales del pueblo. La esencia misma del pueblo ésta: asigna a cada individuo que quiere trabajar para ella y participar de ella la tarea de trabajar, en sí y fuera de sí, en la creación del pensador, del artista, del investigador de la verdad y del pensador, del artista, del investigador de la verdad y del investigador de la belleza; en la creación de la personalidad buena y pura, y contribuir así al perfeccionamiento de la naturaleza, a fin de alcanzar la finalidad: la naturaleza perfecta.

Cuando un pueblo trabajan continuamente para la producción de grandes individualidades. De este fin supremo se deducen todos los demás subsiguientes. Aquél en el cual las multitudes se dedican frenéticamente, con todas sus fuerzas reunidas, a dificultar el advenimiento de los grandes hombres, o sea cuando persiguen obstinadamente a todo genio que surge entre ellas. Un estado semejante se encuentra más lejos de la civilización que la franca barbarie.

Mediante esta lectura, se verá extenderse, en la misma medida que la difusión de la cultura intelectual, una atmósfera en la cual en la cual el genio no prospera. Se tiene la impresión de que los genios sólo puede destilarse de decenas de millones de seres humanos. Razón de más para que las pequeñas sociedades trabajen por la civilización hasta el último límite de sus fuerzas.

Los tiempos modernos no están familiarizados con la idea de que la finalidad de nuestros esfuerzos es la felicidad, la felicidad de todos o, en otro caso, del mayor número. Menos aún se examina la cuestión de saber en qué consiste la felicidad; sin embargo, no se deja eludir la cuestión de saber si un año, un día, una hora en el paraíso no vale más que toda una vida pasada junto al fuego. Cuanto más familiarizados estemos con la idea de sacrificar a un país entero, a una gran agrupación humana, tanto más insensato nos parece que un hombre sólo pueda existir para provecho de otros hombres determinados, que pueda existir para provecho de otros hombres determinados, que pueda ser considerado para consagrar su vida a servir al pueblo.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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