Así responde el “foro” de la conciencia

Partiendo del hecho evidente de que por nuestra conciencia desfilan estados contradictorios entre sí, llegaron a no ver claro la conciencia, el yo. Preguntarle a uno por su yo es como preguntarle por su cuerpo. Y cuenta que al hablar del yo. Preguntarle a uno por su yo es como por su cuerpo. Y cuenta que al hablar del yo hablo del yo concreto y personal. Más de una vez se ha dicho que todo hombre desgraciado prefiere ser el que es, aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas. Y es que los hombres desgraciados, cuando conservan la sanidad en su desgracia, es decir, cuando se esfuerzan por perseverar en su ser, prefieren la desgracia a la no existencia. De mí sé decir que cuando era un mozo, y aun de niño, no lograron conmoverme las patéticas pinturas que del Infierno se me hacían, pues ya desde entonces nada se me aparecía tan horrible como la nada misma.

Todo lo que en mí conspire a romper la unidad y la continuidad de mí vida conspira a destruirme y, por tanto, a destruirse. Todo individuo que en un pueblo conspira a romper la unidad y la continuidad espirituales de ese pueblo tiende a destruirlo y a destruirse como parte de ese pueblo. ¿Qué tal otro pueblo es mejor? Perfectamente, aunque no entendamos bien qué es eso de mejor o peor. ¿Qué es más rico? Concedido. ¿Qué es más culto? Concedido también. ¿Qué vive más feliz? Esto ya…; pero, en fin, ¡pase! ¿Qué vence, eso que llaman vencer, mientras nosotros somos vencidos? Enhorabuena. Todo eso está bien; pero es otro. Y basta. Porque para mí el hacerme otro, rompiendo la unidad y la continuidad de mi vida, es dejar de ser el que soy; es decir, es sencillamente dejar de ser. Y esto no; ¡todo antes que esto!

La reconstrucción de un territorio afectado por la guerra o el desastre siguen un mismo hilo conductor: el pueblo afirma que no sólo se trata de reconstruir sus casas, sino también de curar sus heridas psíquicas, su trauma personal. La experiencia de sufrir un gran shock se resume en el sentimiento de absoluto desamparo. Frente a fuerzas de incalculable potencia, los padres son incapaces de defender o salvar a sus hijos, los cónyuges se pierden el uno al otro, y los hogares, el lugar de protección por antonomasia, se convierten en trampas mortales.

—Si queremos hacer valer nuestra personalidad, derramémosla, estampando su sello en cuanto nos rodea. Hagamos como aquel a quien le sobra… Rebasemos de la patria chica, para agrandar la grande y empujarla a la máxima, a la única, a la grande Patria. Las murallas chinescas, materiales o espirituales, totales, o parciales, son del pueblo que han perdido la fe en sí mismos.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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