VI Congreso de la Internacional

El Consejo General de la Internacional (Nueva York) convoca el VI Congreso de la Internacional para los días del 8 al 13 de septiembre de 1873 en Ginebra, confiando su preparación a Juan Felipe Becker, el viejo y fiel internacionalista.
Los escisionistas convocan a su vez otro VI Congreso de la Internacional, igualmente en Ginebra para los días 1 al 7 del mismo mes de septiembre. Al VI Congreso, pues, de la A.I.T., convocado por su Consejo General legal, le salía al paso otro VI Congreso convocado en el mismo lugar por el grupo bakuninista. La obra de la escisión ante ese hecho alcanzaba su máxima expresión.

Para seguir el orden de fechas de convocatoria haremos referencia en primer lugar al Congreso legal, sin tener en cuenta que los anarquistas, cuando se enteraron de la fecha de celebración del Congreso convocado por el Consejo General, anunciaron el suyo anticipándose ocho días a esa fecha.

El Consejo General tropezó con enormes dificultades para organizar el VI Congreso de la Internacional. La labor de los escisionistas había dado su fruto negativo; representaba un serio golpe para el movimiento obrero, para la Internacional, no en el orden ideológico, sino desde el punto de vista financiero de su desenvolvimiento orgánico. Los grupos bakuninistas (Alianza) disponían de medios financieros de los que habían privado a la Internacional, por el contrario, ver paralizada su acción orgánica.

Al VI Congreso, apenas si pueden acudir delegados como consecuencia de esa situación económica. El propio Consejo General no puede desplazarse de Nueva York a Ginebra. Estas causas son el factor determinante de la debilidad del último Congreso de la Internacional. Marx y Engels no pueden desplazarse a Ginebra; Felipe Antonio Sorge, el secretario general, se ve igualmente impedido de asistir por falta de medios en la caja del Consejo.

Unos cuantos delegados representando las secciones fieles a la Internacional y a sus postulados reiteran la resolución de que el Congreso continué en Nueva York, de que se celebre el siguiente Congreso en 1875, y que se mantenga la posición política de la Internacional, a saber, “que la emancipación de los trabajadores no podrá lograrse sin alcanzar el poder político”. La justa línea política de la Internacional quedaba, una vez más, afirmada. Esta afirmación política es la que da al VI Congreso de la Internacional, independientemente de todas sus fallas orgánicas, toda su importancia. El Congreso había sabido mantenerse firme en posiciones políticas inconmovibles a las que pertenecía el porvenir del movimiento obrero. La Internacional languidecía, moría, pero mantenía en alto la bandera política de la victoria.

VI Congreso de la Internacional organizado por los escisionistas.
El Congreso escisionista fue organizado por la Sección de Propaganda Socialista y Revolucionaria de Ginebra, que, como se recordará, no había sido admitida en la Internacional por incompatibilidad de sus estatutos. Asisten 26 delegaciones. Por la Federación Española (Alianza) asisten 5 delegados: Rafael Farga Pellicer, José García Viñas, Carlos Alerini, José Marquet y Paul Brousse. De los cinco delegados, tres eran refugiados franceses que representaban a la vez a la Federación Española y a varias secciones francesas.

El Congreso declara su solidaridad con las luchas del proletariado español. Viñas fue designado miembro de la presidencia. Farga, para la ponencia revisora de los estatutos y establecimiento de otros nuevos; para la Comisión de huelga general fue designado Brousse, y Viñas para la de Estadística.

Los estatutos de la A.I.T. fueron modificados a capricho de los bakuninistas. Por sí y ante sí elaboraron unos nuevos estatutos a su gusto y medida. Los delegados españoles Brousse y Viñas tomaron una parte activa en este trabajo, así como en una amplia discusión teórica sobre una fiel interpretación de lo que era el anarquismo, su ortodoxia, así como todo principio de autoridad, con el fin de que éste no apareciera ni de lejos ni de cerca con los nuevos estatutos. El Congreso acuerda la máxima autonomía a las secciones. Cada una determina su propia política. El “autonomismo” triunfa en toda la línea.

Hemos visto decía –Brousse– los inconvenientes de un poder internacional (refiriéndose al Consejo General). Hemos observado en las luchas que acaban de derrotarlo las ventajas de la ausencia de toda autoridad. La lógica, por lo tanto, nos dice que permanezcamos fieles a la organización que nos ha dado la victoria… Hemos abolido la dictadura del Consejo General, como se tiene abolida la monarquía absoluta…

Por unanimidad fueron aprobados los “nuevos” estatutos generales de la Asociación de los Trabajadores. Desde ese momento los anarquistas tenían la propiedad de una flamante A.I.T., con sus propios estatutos…

El anarquismo tenía desde este momento a su disposición una A. I. T. “propia” y unos estatutos “propios”; luchando a bofetadas contra el viento, había ganado una batalla, la batalla de los estatutos.

El Congreso empleó horas y horas en discutir el problema de la huelga general, en cuyo debata los delegados españoles tomaron también una parte activa, poniendo como ejemplo la huelga revolucionaria de Alcoy para propugnar por “la huelga general como medio revolucionario” (Alerini). Viñas, por el contrario, se manifestaba en contra de las huelgas en estos curiosos términos: “Hace falta que los obreros que hacen la huelga sean conscientes de la necesidad de la revolución. Hace falta entonces trabajar para hacer comprender a las masas explotadas esta necesidad; entonces ellas harán la revolución sin tener necesidad del pretexto de la huelga…” El italiano Costa dice “que las huelgas parciales han sido polvo echado a los ojos de los obreros…” Se manifestaba por la huelga general. Al final, sin llegar a ponerse de acuerdo, el Congreso sale del paso con la siguiente resolución:

Considerando el Congreso que en la actual situación de la organización de la Internacional no puede dar solución completa a la cuestión de la huelga general, recomienda de una manera apremiante a los trabajadores la organización internacional de sociedades de oficio, así como una activa propaganda socialista…

Se designa la ciudad de Bruselas para la celebración del próximo Congreso. Es el delegado español Farga, quien plantea la necesidad de fijar una actitud con respecto al Congreso “autoritario” que debe reunirse en Ginebra el lunes 8. Sobre este problema el Congreso aprueba la siguiente resolución:

El Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores, reunido en Ginebra el 1º de septiembre de 1873, cree de su deber declarar que esta Asociación practicara con todos los trabajadores del mundo, cualquiera que sea la organización que se den, la solidaridad en la lucha contra el capitalismo y para realizar la emancipación del trabajo.
El II Congreso “autónomo” de los bakuninistas había terminado.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los antiterroristas cubanos héroes de la Humanidad!
¡Chávez Vive, la Lucha sigue!
¡Patria Socialista o Muerte!
¡Venceremos!


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Manuel Taibo


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