Proudhon y sus contradicciones

Proudhon empezó considerando que “la propiedad es un robo” y que el mejor gobierno es “el gobierno de la anarquía” para terminar visitando a Luis Bonaparte, dedicándole sus mejores elogios, pidiéndole permiso para publicar su obra La revolución social demostrada por el golpe de Estado, combatiendo la acción sindical de los trabajadores:
Los obreros de Saint Etienne y de Rive de Gier que, en 1845, bajo el impulso de un sentimiento de justicia que no niego, se coaligaron y fueron a la huelga, lo hicieron en violación flagrante de la ley; para dar a su coalición una apariencia de derecho, antes de reunirse tumultuosamente, hubieran tenido que formarse previamente en compañía obrera para la extracción de los minerales, lo mismo que los dueños se habían formado en sociedad anónima para la explotación común de sus propiedades y la venta de sus productos.

Sin esa condición, los obreros no podían ser considerados más que como una multitud de perturbadores que ninguna forma social protegía contra las presunciones de la justicia y que el Poder tendría que castigar a pesar de que no quisiera…
…Pues, que lo sepan los obreros no por su confusión, sino por su ascenso rápido: es esta ignorancia, esta falta de costumbre, diré hasta esta incapacidad de las formas legales las que han hecho hasta hoy su inferioridad y provocado tantas veces los rigores del Poder contra sus locas insurrecciones.

Siguiendo su proceso de regresión, en su obra La guerre et la paix termina haciendo la apología de la guerra como no la había hecho nadie:
¡Saludo a la guerra! Por ella el hombre, apenas salido del barro que le sirvió de matriz, se presenta con su majestad y su valentía; es encima del cuerpo de un enemigo derribado cuando hace su primer sueño de gloria y de inmortalidad. Esta sangre vertida a raudales, esas carnicerías fratricidas, producen horror a nuestra filantropía. Temo que esa flojedad anuncia el enfriamiento de nuestra virtud. Sostener una gran causa en un combate heroico en el cual la honorabilidad de los combatientes y la presunción del derecho son iguales, y corriendo el riesgo de dar o recibir la muerte, ¿en qué es terrible eso? ¿En qué, sobre todo, es inmortal? La muerte es el coronamiento de la vida; ¿cómo más noblemente podría terminar el hombre, criatura inteligente, moral y libre?

Los lobos, los leones, así como los corderos y los castores, no hacen la guerra entre ellos. Desde hace mucho tiempo, esa observación ha pasado a ser una sátira contra nuestra especie. Como no se ve, por el contrario, que ahí está el signo de nuestra grandeza; que sí, por imposible, la naturaleza había hecho al hombre un animal exclusivamente industrial y sociable, y no un guerrero, ¿hubiese caído desde el primer día el nivel de los animales cuya asociación forma todo el destino; hubiese perdido con el orgullo de su heroísmo, su facultad revolucionaria, la más maravillosa de todas y la más fecunda?

Viviendo en comunidad pura, nuestra civilización sería una pocilga. ¿Es que se sabría lo que vale el hombre sin la guerra? ¿Es que se sabría lo que valen los pueblos y las razas? ¿Es que estaríamos progresando? ¿Es que tendríamos solamente esa idea de valor trasladada del habla del guerrero a la del comerciante? No hay ningún pueblo que, habiendo adquirido en el mundo alguna fama, no se glorifique antes de todo de sus anales militares: son sus más bellos títulos para la estima de la posteridad. ¿Es que vamos a hacer de ellos notas de infamia? Filántropo, usted habla de suprimir la guerra: Ponga atención de no echar a perder el género humano.

Son discípulos de Proudhon los que, recordando tal vez la célebre frase de su maestro “la propiedad es un robo”, se constituyeron en 1870 en guardianes del Banco de Francia.
Para establecer la igualdad entre los hombres —había dicho Proudhon— “basta generalizar el principio de las sociedades de seguros, de explotación y de comercio”. De contradicción en contradicción, Proudhon termina renegando de todo principio revolucionario. Pero el anarquismo español seguía apegado a sus definiciones: “la propiedad es un robo”; el mejor gobierno es “el gobierno de la anarquía”. Si al anarquismo no le caracteriza la paradoja, la contradicción no es anarquismo.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los ant6iterroristas cubanos Héroes de la Humanidad!
¡Chávez Vive, la Lucha sigue!
¡Patria Socialista o Muerte!
¡Venceremos!


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Manuel Taibo


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