A propósito de un Congreso Cultural

El PSUV acaba de concluir su III Congreso, con un resultado altamente positivo en lo que tiene que ver con la participación y el debate de temas atinentes a la búsqueda de definiciones organizativas prácticas, del esclarecimiento y comprensión de la coyuntura y el programa, y de una línea de trabajo internacional que hasta los momentos amerita pocas observaciones para su consolidación , enmarcada en el espíritu solidario y de respeto a la autodeterminación que con tanta certeza impulsó Chávez.

Sin lugar a dudas, quedan pendientes muchas precisiones que tienen que ver con el carácter diverso de los actores de la Revolución Bolivariana. Hablamos de las políticas de alianzas, dada la existencia de múltiples factores organizativos de tipo partidista, frentes sociales que ameritan un tratamiento especial con el propósito de darle coherencia y evitar la dispersión a una revolución que urge de unidad en todos sus frentes.

Todas las observaciones indican que efectivamente factores como la producción, seguridad alimentaria y ciudadana ameritan especial tratamiento por parte del Ejecutivo Nacional, y así ha venido sucediendo. El empeño para combatir el contrabando ha sido notorio y nos informa de la efectividad en el decomiso de miles de toneladas de alimentos y litros de combustibles. Harto conocido entonces que estamos en presencia de una guerra económica que amerita igual trato en la respuesta.

Como la pelea es todos los terrenos, el cultural no escapa a los intereses de una Revolución que desde su inicio le dio la importancia que se merece. Los resultados que hoy podemos palpar no son producto de la casualidad. Como no es casual que la oposición no diga ni pio de este tema en alguna de sus intervenciones. ¿Quién niega los sustanciales avances culturales de la Revolución Bolivariana?

A vuelo de pájaro podemos hablar de un evidente protagonismo de nuestros creadores en todos los ámbitos del quehacer cultural. Una política educativa que nos permite consolidar un salto en la democratización del acceso y permanencia en todos los niveles del sistema. Igual referencia podemos hacer de la política editorial que ha permitido la publicación de millones de libros a nuestros escritores. El perro y la rana se ha convertido en fuente para multiplicar la creatividad literaria de nuestro pueblo, convirtiendo la publicación y la lectura en acto democrático. Igual podemos decir rescate de las culturas populares, del Cendis y la Villa del Cine como elementos multiplicadores y de un acceso sin precedentes. Revisamos también las innovaciones en la seguridad y protección social de nuestos cultores para concluir que no hay dudas sobre el notorio y evidente avance de nuestra revolución cultural.

Lo dicho anteriormente nos permite apoyar la iniciativa del Presidente Maduro de convocar a un Congreso Cultural, cuyo objetivo no será exclusivamente para mostrarle al país nuestro gigantesco y sólido paso en lo cultural, sino para hacer el necesario balance que nos permite coadyuvar la necesaria transversalidad entre todos los factores para defender, consolidar y avanzar en Revolución Bolivariana.


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Juan Azocar


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