Plusvalía ideológica

Me pasa con El capital de Marx lo que con Cantinflas: los entiendo. El capital es largo, eso sí, pero mucho menos difícil de lo que pretende la matriz que quiere impedir que lo leamos. Bastan un poquito de paciencia y atención.

Su teoría del valor, primer capítulo, se expone brevemente: una mesa vale más que las tablas con que se hizo. Si se fabricó en una carpintería propiedad de un patrono, este la suele vender más cara que los tablones. Algo le paga a quien la hizo, como sueldo, pa que no diga. La diferencia entre el precio de venta y el sueldo es la plusvalía. He allí la explotación del hombre por el hombre. Incluyendo a la mujer, aunque la consabida fórmula no la nombra. Se llama alienación, es decir, enajenación, pues el tiempo que toma hacer la mesa es vendido por quien la fabrica a quien le paga. En ese tiempo la persona no es ella sino lo que quien le paga decide que sea. Quien paga la orquesta elige la música y quien la toca se aliena. ¿Ves que no es difícil?

A Cantinflas lo entendemos todos en Latinoamérica. Hable lo que hable, hable como hable ese genio, de quien Charles Chaplin llegó a decir que era el hombre más cómico que había visto. Y algo sabía Chaplin de eso (http://j.mp/1if8RZ2).

Ludovico Silva me sigue deslumbrando con su concepto de ‘plusvalía ideológica’. Aún recuerdo el primer chispazo en el pasillo de la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela, siglo XX adentro. Me mostró un volumen mecanografiado que esa tarde llevaba a las Ediciones de la Biblioteca Central de la UCV: Ebuc.

—¿Y esto qué es, Ludovico? —le pregunté intrigado por esa fórmula entonces insólita para mí: ‘plusvalía ideológica’.

Me explicó brevemente lo que está en el libro La plusvalía ideológica, que corrí a comprar el día que salió, poco después. Me engullí el libro esa tarde.

Cuenta Ludovico que no hay solamente plusvalía material sino también simbólica, cultural, mental, …ideológica, pues. No hablaré aquí del concepto indeciso de ‘ideología’ porque solo lograría descaminar lo que estoy intentando decir.

Un ejemplo: a Malcolm X se atribuye esta fórmula: «Si te descuidas con los medios terminarás amando al opresor y odiando al oprimido». Es decir, te explotan tu trabajo material pero también tu trabajo mental, afectivo, intelectual. Otro ejemplo: la guarimba.

Hay en cada guarimba gente mercenaria, explotada por alguien que la contrata, entrena y gobierna. Pero también hay quienes aman a su opresor y odian al oprimido. Y se incluyen en ese odio. Me refiero a quienes odian la Revolución sin cobrar. Admito ese odio en la burguesía, pues esta revolución socialista se propone que quienes hacen mesas tengan la propiedad no solo de su trabajo sino de la carpintería, es decir, de los medios de producción y que su trabajo no sea alienado. Viven en esclavitud simbólica, intelectual, afectiva, pues su odio no es propio sino inducido por quien les explota la vida mental. Odian a una pareja bolivariana y a su bebé, a quien tal vez intenten quemar en vida, como casi se hizo ha poco en una guardería.

Invito a esas personas a leer y/o releer a Marx y a Ludovico. Es mejor que quemar bebés.

@rhm1947



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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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