(París, 23-27 de septiembre de 1900)

V Congreso Internacional Obrero Socialista

El V Congreso Internacional Socialista celebróse en la Sala Wagram de París durante los días 23 al 27 de septiembre de 1900. Fue, por tanto, el último Congreso socialista internacional del siglo XIX, situado en un momento crucial de la historia del movimiento obrero. El final de siglo, en efecto, es la culminación de una etapa de crisis y de radicalización de las masas. En torno al final y principio de siglo hay todo un cúmulo de coincidencias históricas que hacen de esta fecha el punto de partida de un período nuevo para las organizaciones políticas y sindicales del proletariado.

Los medios de producción alcanzan un extraordinario desarrollo en el mundo capitalista de 1900, poniéndose de relieve al mismo tiempo sus contradicciones y su política imperialista por la conquista de nuevos mercados. Las grandes concentraciones industriales, el desarrollo de los trusts y de los cartels llevaban en sí el proceso de proletarización de grandes masas y, con él, la multiplicación del proletariado, que venía a nutrir las filas de las organizaciones sindicales y de los partidos socialistas ganado por la idea del socialismo emancipador, en el que veían el fin de la “explotación del hombre por el hombre”.

El desarrollo industrial de Inglaterra, de Alemania, de Francia, de Bélgica, de los Estados Unidos y de otros países; la aparición de los grandes trusts y cartels, del poder del capital financiero y monopolizador, emplazaba al movimiento obrero ante nuevas realidades sociales, políticas y económicas. En el Congreso de París de 1900 plantease por primera vez, aunque débilmente, el problema de los trusts que caracterizaba la época del imperialismo. El problema fue suscitado por la delegación de los Estados Unidos, pero el Congreso fue incapaz de darle una clara interpretación y de fijar ante él una posición de doctrina de acuerdo con los principios y teorías de Marx y Engels. Este trabajo sería realizado años más tarde por Lenin, a través de su genial estudio El imperialismo, etapa superior del capitalismo. El Congreso no hizo más que divagar ante un problema tan fundamental. Ciertos delegados sostenían que los monopolios y los trusts representaban un bien para la clase obrera, ya que determinarían el abaratamiento de los productos manufacturados y de toda clase de mercancías, mejorando con ello las condiciones de vida de las clases populares. Otros estimaban que los trusts y cartels, considerados como la última fórmula de existencia del sistema capitalista, eran la antesala del socialismo…

La sesión de apertura del V Congreso fue presidida por Jean Jaurés. Asisten numerosas delegaciones, en general presididas por los hombres de más significación de cada país, sin grandes modificaciones en su composición, en relación con el Congreso de Londres. Lafargue, Guesde, Plejanov, Vandervelde, Kautsky, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Mac Donald, Jaurés, Briand, Bernstein, entre otros, son los elementos más destacados del Congreso de París. Por España asiste una delegación de cuatro miembros presidida por Pablo Iglesias. Tres representaban al Partido Socialista y uno a la U.G.T., Antonio García Quejido, designado por referéndum nacional. El Congreso rindió un emocionante homenaje a la memoria del “soldado de la Revolución” Guillermo Liebknecht, muerto el 10 de agosto, y a Leonor Marx, la que había venido actuando en diferentes congresos, representando a los obreros de la industria del gas de Londres, de las Trades-Union, que sentían profundo respeto y admiración por la hija de Marx, a la que llamaban cariñosamente “Madre”.

El orden del día sometido al Congreso fue el siguiente:

1º Ejecución de las decisiones de los congresos. Buscar los medios prácticos para asegurar las relaciones entre la organización y la acción internacional de los trabajadores.

2º Legislación internacional del trabajo. Discusión sobre la posibilidad del establecimiento de un salario mínimo en los diversos países.

3º De las condiciones para la liberación de los trabajadores:

a) Constitución y acción del proletariado organizado en partido de clase.

b) Expropiación política y económica de la burguesía.

c) Socialización de los medios de producción.

4º Paz internacional, militarismo, supresión de los ejércitos permanentes.

5º Política colonial.

6º Organización de los trabajadores marítimos.

7º La lucha por el sufragio universal y la legislación directa por el pueblo.

8º Socialismo comunal.

9º La conquista de los poderes públicos y la alianza con los partidos de la burguesía.

10º Primero de Mayo.

11º Los trusts.

De acuerdo con cada punto del orden del día, fueron designadas las comisiones que elaboraron los correspondientes dictámenes, aprobados después de largas discusiones y en algunos casos con ligeras modificaciones.

Más tarde sería Georges Sorel, el ideólogo de un sindicalismo revolucionario antiparlamentario, quien situaría en un primer plano “la violencia” y el mito de la huelga general. Sorel influyó poderosamente en el anarcosindicalismo español de los primeros decenios del siglo XX. Sus ideas empezaban a manifestarse en el seno de los Congresos internacionales.

La Comisión Interparlamentaria que había sido creada en Londres, cuya secretaría llevaba Vaillant, y que apenas si había dado señales de vida, quedó definitivamente constituida como organismo dependiente de la Oficina Central cuyo domicilio sería igualmente Bruselas.

El V Congreso de la Internacional daba por finalizados sus trabajos. Con el siglo XX, la Segunda internacional dábase una vida orgánica y una dirección permanente por medio de su Secretariado Internacional. Con el V Congreso iniciábase una nueva era del movimiento obrero. Del tronco de la Primera Internacional había surgido la Segunda; de 1900 en adelante, de la Segunda Internacional surgirían nuevas ramas de actividades independientes, tales como la acción sindical, la acción parlamentaria y municipalista, la acción de la juventud socialista y de la mujer, el movimiento cooperativo.

El movimiento obrero internacional que integraran la Primera y Segunda Internacionales hasta 1900, transformaríase en un mosaico de organizaciones que, independientes de la acción del anarquismo y de los aspectos negativos del propio movimiento socialista, con sus corrientes oportunistas, con la acción de los Bernstein, de los Kautski, de los Vandervelde, Millerand y compañía, abría rumbos nuevos. Desde el V Congreso ya no volverían a celebrarse otros en los que aparecieran englobadas todas las organizaciones sindicales y políticas, juveniles, de mujeres, cooperativas, deportivas y culturales, etc., que constituían el conjunto del movimiento obrero. Cada una de estas actividades iniciaba un progreso propio por adquirir su mayoría de edad; en lo sucesivo contarían con su propia organización internacional, con su propio aparato de dirección encargados de interpretar sus problemas específicos dentro de las concepciones generales del socialismo. Así se esbozaba, teóricamente, a finales de siglo, el movimiento obrero en su aspecto internacional; pero ello no quiere decir, ni mucho menos, que haya interpretado justamente, refiriéndose a la Internacional, la misión histórica que le correspondía de acuerdo con los principios revolucionarios del socialismo.

De 1900 a 1950 habría de florecer toda una gama de organizaciones internacionales que ponían de relieve la potencialidad del movimiento obrero y su evolución hacia formas nuevas más amplias, respondiendo así a las exigencias de las realidades con que se enfrentaba. Pero a su vez, en su desarrollo, iría poniendo de relieve sus fallas, sus contradicciones, dos líneas de conducta; una, la del socialismo autentico; otra, la del socialismo oportunista, reaccionario, revisionista, renegando de las teorías de Marx y Engels, implicado en una política de colaboración en oposición con los intereses de la clase obrera y de la revolución para servir los de la burguesía.

El V Congreso de París cerraba un capítulo de medio siglo de historia del movimiento obrero internacional y abría otro cargado de presagios revolucionarios que se producirían a pesar de los esfuerzos que empezaban a realizar por evitarlos aquellos que, renegando del marxismo, renegaban del socialismo.

¡Chávez Vive, la Lucha Sigue!

¡Patria Socialista o Muerte!

¡Venceremos!



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Manuel Taibo


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