La fatalidad y viajadera

Uno de los mayores problemas que padece no sólo Venezuela, sino la totalidad de los países de nuestra América, es la ausencia total de identidad de su clase dirigente, blanca por lo general, con el resto de la población, mestiza en su mayor parte. Si una clase dirigente no se identifica con la base mayoritaria de la población se convierte en un apéndice de vetustos imperios que para nada se diferencia de los ingleses de la India o de los belgas en África. Muchos venezolanos de la clase dirigente padecen de crónica añoranza por Gringolandia, cifrando sus esperanzas en hacerse de unos reales para vivir en Miami o Nueva York, rodeados del fausto que les permite la inmensa fortuna robada al erario público.

Debemos cuidar el Legado del Comandante Chávez, no sólo por justificado reconocimiento a sus desvelos por lograrnos la II independencia nacional; por alcanzar y mejorar la calidad de vida de nuestro pueblo, en salud, educación, alimentación y vivienda, sino también por su acción ejemplarizante. En todos nuestros actos hay un trasfondo egoísta. El Gigante Chávez no escapa a esta casualidad. Sólo que en medio de la ruindad general es poco, muy poco lo que pide: Vivir en el recuerdo de su amado pueblo y de las generaciones venideras.

En Venezuela, país regido por la fuerza, los bizarros sacrificios de innumerables héroes han sido olvidados, tergiversados o reducidos a su más mínima expresión por los triunfadores de nuevo cuño contra los cuales insurgieron, y que al fin y al cabo escribieron la historia. ¿Cuántos venezolanos que sufrieron cárceles y persecuciones durante las diversas dictaduras, y en especial la del puntofijismo, yacen olvidados, aún por sus propios nietos? Cuidémonos de los traidores boliburgueses y rojo-rojitos chavistas sin Chávez para librarnos de ese maleficio:

Los pueblos evolucionan, al igual que los adolescentes, son más impredecibles en su futuro que aquellos que arribaron a su madurez. De allí que no podamos decir a ciencia cierta: Ése es un cadáver político… En Venezuela quien se va no vuelve. Rómulo Betancourt, luego de pasarse una década en el exilio retornó a Venezuela para imprimirle su sello por más de veinte años.

¿Quiere decir entonces que no debemos hacernos ilusiones sobre las etapas “definitivamente superadas”?

No quisiera decir tanto como eso. Hay signos evidentes de que el pueblo ha alcanzado niveles significativos de madurez, gracias al Comandante Chávez, pero como dice el dicho… Donde hubo conuco siempre se encuentran batatas.

Venezuela es como un gallinero. A veces estamos arriba y ensuciamos a los de abajo; luego la cosa se invierte y son los de abajo los que a su turno nos ensucian. ¿Será por eso que los políticos zamarros no se comprometen de un todo y siempre les tiran su cuerda a los caídos?

Es muy probable, quizá por eso que entre nosotros (la burguesía endógena) hay sujetos que se empeñan en malograr los cambios radicales. A la postre los grupos del poder terminan por arreglarse. En Venezuela no hay cadáveres políticos hasta que estén bien muertos. El paecismo, guzmancismo, gomecismo, betancurismo y todos los ismos habidos y por haber desaparecen con la muerte física de sus ductores. Antes, todo es una espera incierta, pues todo marcha hacia su contrario, y en especial cuando los actuales nuevos gobernantes no aportan soluciones verdaderas. En un comienzo todo es alegría y esperanza por haber salido del último gobierno puntofijista y sus aliados; luego viene una esperanzada decepción y por último una aguda añoranza. Ése es el momento propicio para que regresen los Páez, Guzmán, Gómez o Betancourt. Quizá por eso los grupos de poder asesinaron a Bolívar, a Ezequiel Zamora y ahora mismo al Comandante Chávez.

Cuando el yo personal es invadido por el yo colectivo sufre un proceso de inflación. Y hay que tener los pies bien puestos sobre la tierra para no caer en el delirio. El supremo mandatario, llámese rey o presidente, es un arquetipo. Esto es una imagen ideal a través de la cual los pueblos condicionan su conducta. El mandatario debe ser fuerte, porque el pueblo así lo exige y por consiguiente lo quiere. Se le respeta y reverencia porque es indispensable acatarlo y honrarlo. No por él, sino por lo que representa.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Patria, Socialismo o Muerte!

¡Venceremos!


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Manuel Taibo


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