Memoricidio histórico

Señor
ROBERTO POMBO
Director General
EL TIEMPO
Bogotá, D.C.
COLOMBIA


Señor Director,

He leído con ira e intenso dolor la manera como Ud. hoy - martes 3 de septiembre de 2013 - en su editorial titulado "Las clases de historia" dice que es probable que "no alcancen a llegar vivas, relevantes y reveladoras a los salones de clase del país... desde los gritos del 20 de julio de 1810 hasta los saqueos del 9 de abril de 1948".

Pretender que a las nuevas generaciones se les transmita el recuerdo de esa fecha como un día de bandolerismo y delincuencia populares y no cuando se cometió el MAGNICIDIO de mi padre, Jorge Eliécer Gaitán, no es más ni menos que un MEMORICIDIO HISTÓRICO.

No en vano he denunciado que El Tiempo le acuñó a esa fecha el apodo de "El Bogotazo", con el objetivo de otorgarle el carácter de sedición y asonada, para ocultar y sepultar el hecho incontrovertible y heroico de un pueblo que intentó derrocar al Presidente Ospina, a quien ese mismo año mi padre, Jorge Eliécer Gaitán, en múltiples ocasiones, había señalado como responsable y gestor del genocidio al pueblo, que se venía cometiendo por conducto de las autoridades y que Uds. y los historiadores palaciegos han convertido en "violencia partidista" para echarle la culpa al pueblo y lavarle las manos al Estado.

Deformar la historia ha sido un pecado que tiene sus raíces en los orígenes de la humanidad y es así como puedo demostrar que hubo manos oficiales criminales en los incendios del 9 de abril. Dispongo de documentos originales, además de gráficos elaborados por el arquitecto Jacques Aprile de la Universidad del Valle - publicados en su libro El impacto del 9 de abril sobre el Centro de Bogotá, realizados a partir de las fotografías aéreas que después del 9 de abril hizo el Instituto Agustín Codazzi - que así lo prueban. Allí se ve, como puede corroborarse en el gráfico que aquí adjunto, que hubo tres focos de incendios completamente separados entre sí, que tuvieron motivaciones y autores diferentes.

El foco en el centro de la ciudad es el espacio limitado de incendios donde el pueblo se sublevó en intento fallido por derrocar al gobierno. Allí se puede cotejar que los edificios incendiados eran los centros de poder. Los otros dos focos - completamente alejados del primero - tuvieron lugar entrada la tarde, propiciados por los presos, a quienes el gobierno ordenó abrirles la cárcel para que cumplieran el objetivo que tenían ciertos urbanizadores de Bogotá para "crear pluvalía".

La revista Proa a principios de 1948 y el periódico El Tiempo, desde 1947, habían iniciado una extensa campaña para reurbanizar a Bogotá. DOS MESES ANTES DEL 9 DE ABRIL en la Revista Proa se lee: "Sucede que en el centro de la ciudad están sus más desaseados y sórdidos barrios, pero su existencia es una gran riqueza, una estupenda mina... Los mejores terrenos para iniciar nuevas edificaciones están en el centro de la ciudad. A ningún inversionista, que sepamos, se le ha ocurrido comprar edificaciones. Su negociación se efectúa sobre el valor del lote... La edificación significa un estorbo...".

Sin conexión alguna con los incendios que devoraban el corazón de la ciudad, principiaron a quemarse los edificios de las manzanas en torno a la plaza de mercado, zona de la ciudad de la cual había dichos dos meses antes la Revista Proa que era necesario "reurbanizar oficialmente el sector más desaseado, el llamado "Plaza de Mercado"... El conjunto son 16 manzanas que claman por demolición, incendio (sic) o terremoto". Fueron justamente y no casualmente las manzanas afectadas en ese sector por los incendios el 9 de abril.

Por su parte, en la zona comercial de la carrera séptima - que es el tercer foco - al norte de la Avenida Jiménez, sucedió idéntico crimen premeditado. Así se expresaban en Proa: "Las calles amplias son generosidad, previsión y descongestión de la circulación. La calle amplia es alegría y sano optimismo. Y añadían: "Ampliar una calle equivale a valorizar los terrenos adyacentes". Así, el 9 de abril, en estricta fila india ampliaron la carrera séptima quemando los edificios a ambos costados. Nótese que El Tiempo, cercano en esa época a la séptima, no sufrió deterioro alguno.

Después del 9 de abril la Revista Proa transcribirá lo dicho por un joven cachaco que relatará el hecho: "Estaba con nosotros Manuel de Vengoechea, que era un joven sumamente rico, de una muy rica familia de Santa Marta. El era una mezcla de "Beaux Arts" y de costeño... Y allá le dijimos que Nerón era un gran urbanista porque metió candela a la parte vieja de Roma". Y agrega: "lo cierto es que los incendios del 9 de abril se encargaron de facilitar la ampliación de la Séptima..." ampliación por la cual venían luchando los urbanizadores a través de la revista Proa y el periódico El Tiempo.

El libro de Jacques Aprile (que ha desaparecido de las bibliotecas Nacional y Luis Angel Arango... donde yo misma lo entregué en tres (3) ejemplares y que oculta la Universidad Nacional en la Casa-Museo Jorge Eliécer Gaitán, hoy destinada a mostrar la "asonada" del 9 de abril y no el ideario visionario y de actualidad de mi padre (ideas a las que aún le temen), trae más detalles y datos que señalan cómo los incendios y saqueos fueron ejecutados a manos de los presos ese día excarcelados a fin de "reurbanizar" a Bogotá.

Finalmente le pido Señor Director que, con la misma visibilidad que su editorial, publique esta carta, como derecho a la rectificación de un editorial donde Ud. enloda la memoria de los héroes del 9 de abril, convirtiendo esa fecha, no en el MAGNICIDIO de mi padre y el sacrificio de mucha gente humilde que fue asesinada por el Ejército y la Policía y sepultada en fosas comunes en el Cementerio Central (hoy saqueadas para borrar su memoria), para enfocar la memoria en "incendios y saqueos" achacados al pueblo, razón por la que Uds. mismos bautizaron ese día - con alevosa premeditación - como "el bogotazo" , término que en actitud de borregos repite y difunde la mayoría de la gente, así como el genocidio al Movimiento Gaitanista lo convirtieron en una "violencia bipartidista" para echarle - una vez más - la culpa al pueblo, lavándole las manos al verdadero culpable: el Estado.

Mi familia y yo hemos sufrido el GENOCIDIO, el MAGNICIDIO y el MEMORICIDIO, tres crímenes que han quedado impunes. Colombiana indignada,

GLORIA GAITÁN JARAMILLO
gaitanjaramillogloria@yahoo.es


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