Recordando a Alfredo

“Un problema de particular importancia es el relativo a la calidad revolucionaria de la organización. Por calidad revolucionaria, entendemos la capacidad probable de sus miembros para participar en un esfuerzo dirigido a la transformación de la sociedad, a la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas.”

Alfredo Maneiro


Nada ni nadie puede impedirnos cuestionar la eficacia política y la calidad revolucionaria del GPP y de los partidos de la revolución bolivariana que no están dentro del mismo. Esto no nos da pie a volvernos preservativos de la MUD y tontos útiles del fascismo criollo e imperial. Atender las causas de la insatisfacción de la militancia socialista, debe ser un objetivo metódico de la dirigencia consciente, crítica y autocrítica. Observar y analizar la “polarización hacia adentro” que va alimentándose de las insatisfechas necesidades de las bases, de los cuadros desasistidos, de las luchas abandonadas por “causas mayores”, postergando burocráticamente la solidaridad, la formación y capacitación político ideológica, promoviendo “sin querer” la gasificación de las luchas populares, del movimiento popular, generando “inconscientemente” la disolución en muchos casos del proceso necesario de llegar a síntesis y uniformación de la experiencia propia como partidos de la revolución, como bloques de movimientos y partidos políticos unificados bajo el legado de nuestro comandante máximo, que entendió el axioma bolivariano de gobernar obedeciendo. ¿A quién obedece nuestro gobierno, nuestros gobernantes socialistas bolivarianos?

Justamente es el momento propicio, desde el Estado, desde el gobierno, de analizar y estudiar con profundidad, nuestra capacidad de organización política para convertirnos en una alternativa real de administración gubernamental, ofreciendo soluciones posibles, coherentes, de conjunto, con políticas concretas y ajustadas a la realidad de cada espacio y momento político, social, económico, cultural, religioso, en el presente de cambio constante, y frente a la poderosa dinámica global de ataque permanente, de conspiración sin límites, de saboteo e infiltración inimaginables. De manera que sin la necesaria flexibilidad, si usar nuestra propia experiencia política de lucha y movilización, de logros y fracasos; para proceder a los inevitables ajustes, no podremos pretender eficacia política alguna. Y como consecuencia, el espíritu de secta aparecerá como un virus cancerígeno. La disciplina revolucionaria será reemplazada por la obediencia del mercenario. La estructura política que había sido creada como instrumento de lucha para la reivindicación de los objetivos del pueblo irán convirtiéndose en espacios donde el burocratismo y el juego complicado de jerarquías, gradaciones, amiguismos, arbitrariedades de todo tipo, el nepotismo, la corrupción y el cinismo político, el doble discurso de los oportunistas, etc. y finalmente todo esto conjugado hará más daño que la misma canalla fascista y sus cipayos contra nuestra revolución.

Atender a tiempo estos vicios promovidos por el capitalismo que serpentea a cada instante en todos los sectores, instituciones, movimientos y cultura antipopular, debe ser una prioridad absoluta del partido de la revolución y sus aliados. De lo contrario, se van a crear tales dificultades a la confrontación libre de opiniones, al debate y crítica con sentido, que la lucha interna sólo podrá expresarse (como ocurre pero que todos callan) a través de zancadillas, chismes y planificados rumores destructivos, pactos que pasan por encima de los intereses del poder popular, y toda clase de oscuros manejos. Si no tomamos medidas oportunas, produciremos en el seno de nuestros partidos revolucionarios, militantes condicionados de mediocres aspiraciones, cuya audacia, valor y espíritu crítico, se resolverán muy a menudo, en una racionalización forzada de las verdades, valores e intereses del partido mismo. Trabajar para la creación de un nuevo sistema de relaciones humanas exige de una constante revisión de “hacia dónde vamos”, participando y protagonizando en un esfuerzo dirigido colectivamente a la transformación de una sociedad carcomida por los antivalores del individualismo, del egoísmo, del consumismo, capitalistas. Para nadie debe ser un misterio que la renta petrolera viene generando históricamente un deterioro galopante de la conciencia nacional, en cualquier tendencia político ideológica. Nuestro deber es señalar esta situación de descomposición ético política, del fariseísmo, de la entrega y venta al capital y a sus intereses por encima de los del pueblo, de la despolitización y frivolidad a la que lleva sistemáticamente todo este engranaje de intenciones y maquinaciones planificadas desde los laboratorios del imperio.

Ante los hechos que venimos observando, en todo el ámbito de la política nacional, reclamamos los espacios para la polémica y el enfrentamiento creador, manteniendo la conciencia y el grado de conocimiento de nuestra realidad, sin permitir que los tentáculos de la ideología burguesa penetra sibilinamente las estructuras partidistas creadas por y para el pueblo y sus intereses revolucionarios. Una cosa es la izquierda y sus históricas luchas y combates, y otra el izquierdismo.

Tenemos y hacemos uso del poder político y administrativo, gracias a la aleccionadora y perseverante práctica de una nueva forma de hacer política inaugurada por Hugo Chávez. Si no nos cuidamos, y cuidamos el legado del líder, el acartonamiento, el dogmatismo, la rigidez burocrática y los vicios de una tradición administrativa que sigue en pie, vivita y coleando, pueden ser tan o más poderosas armas en contra de la revolución que la misma injerencia neocolonialista cuya hegemonía vemos cómo se impone en países y bloques de naciones en constante enfrentamiento al saqueo inmisericorde del gran capital y su dictadura mundializada. Perder la confianza de los cuadros y dirigencia política natural, gestada a través de una lucha visible y constatable, desarticular los movimientos contestatarios, amputar la obra de colectivos y de personalidades trabajando para el fortalecimiento del poder popular, y en definitiva perder la comunicación con el verbo popular, no sólo es grave, sino fatal.

La democracia participativa y protagónica no es ni debe ser un lema electoralero, ni divisa de los oportunistas que venden el socialismo bolivariano al mejor postor, con tal de alcanzar sus egocéntricos intereses. Son los pilares de un movimiento que tiene historia, y tiene sangre derramada, de una lucha bolivariana de siglos, alcanzando con esfuerzo y dedicación de generaciones, lo hasta ahora logrado y conquistado. Chávez oyó al verbo popular, logró articular los sectores más diversos y desunidos para darnos Patria. Sigamos su ejemplo de líder y de revolucionario para consolidar y construir el socialismo bolivariano que tenemos en nuestras almas. Sigamos al pueblo y a su creación heroica que en cada esquina, en cada barrio, en cada parroquia y municipio reclaman democracia socialista y bolivariana.

Mforti89@gmail.com


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Mario Forti

Astrólogo, filósofo, músico, tatankisi, escritor, poeta, critico, ddhh, tarotista, taoista, lector, meditación, yoga, sanación, terapias shamánicas integradoras

 mforti9@gmail.com      @mforti9

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