Subastando el socialismo

En 1819 en el Congreso de Angostura Simón Bolívar dijo “un gobierno republicano ha sido, es y debe ser de Venezuela, sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios” luego agrego “necesitamos de la igualdad para refundir, digámoslo así, en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas”.

Cuanto de esta proclama la hemos fracturado, manipulado, mutilado, porque no somos capaces de ver el contexto peor la integralidad revolucionaria,

Bolívar fue una persona adinerada, Chávez no y Maduro fue chofer, con ellos Venezuela se ilusiona con oportunidades para todos, no tan lejanas como lo hemos visto, estos hechos impulsaron los triunfos en las urnas, pero, al final, nos encontramos siempre con una pared inflacionaria, especuladora, violenta, burocrática e inepta demasiado alta para seguir saltándola y no se la puede evitar porque estos problemas siempre están ahí, el gobierno, el banco central, el ministerio de finanzas experimentan continuamente con estos problemas económicos y no logran solucionarlos.

La revolución hacia el socialismo está llena de buenas intenciones, eso es innegable, salud, educación y vivienda gratuita, transporte, combustible, alimentación subsidiado, no solo es un monstruo económico de más de 100.000 millones de dólares es un depredador cultural que a la larga aparta a los pobres porque pensamos “que no es poco lo que se ha hecho por ellos”. Así, devoramos el pensamiento socialista en el proceso.

Es una revolución que maquilla los fracasos. Sería bueno de vez en cuando escucharles decir “me equivoque, vamos juntos a remediar esta equivocación, lo siento, no volverá a ocurrir”, pero no, preferimos subastar el socialismo; no solo subastamos dólares `porque no podemos sacar a subasta la inflación y todo nuestro fracaso en materia económica con todo el petróleo que disponemos y que siempre, siempre, nos saca de apuros, lamentablemente, los problemas de nuestra economía, la gestión política a ellos encaminada más el burocratismo y el problema social con la violencia y la especulación, son una pared infranqueable para la transición al socialismo.

Seguiremos muriendo de viejos y el cuento de la inflación no se solucionara porque no queremos entender que necesitamos soberanía industrial y alimentaria para subsanar ese flagelo en nuestra economía. Ahora subastamos cada 15 días más de 200 millones de dólares para las empresas de todos los tamaños para aliviar a Cadivi, al Banco Central, al gobierno y para sostener la inflación no para bajarla.

Es hora de preguntarse ¿Por qué no tenemos varias polares y docenas o cientos de empresas socialistas como las que hacen cola por dólares?

Hablar de esto no gusta, muchos piensan que es mejor callar o que no es el momento para la crítica aun cuando la negligencia, la omisión y la complicidad nos acompaña todos los días afectando nuestra conciencia sobre lo que debería ser la transición al socialismo en este siglo no en el otro.

Cuestiono la revolución y no me refiero exclusivamente a la gestión del presidente Maduro, porque este asunto de la inseguridad, inflación, especulación, corrupción, desidia, conformismo, sectarismo se viene dando desde Chávez, se le fue de las manos al comandante estos asuntos, hasta convertirla en una confrontación de fragilidades con nuestra gestión política e ignorancia. Hacen que nos centremos exclusivamente en los eternos problemas de siempre para solucionarlos sin pensar en la transición.

La realidad es, que es difícil para el gobierno porque una gran mayoría de la gente sobrevive en la rutina de la ignorancia y en la servidumbre del conformismo. Un pueblo no puede crecer y desarrollarse si su gente no quiere, no puede o no la dejan aprender. Un gobierno no puede gobernar con alta eficacia si sus funcionarios encargados de las direcciones no cuentan con la preparación y consciencia adecuadas para una revolución, así, nunca podrán entender las razones y consecuencias de sus actos.

Funcionarios y pueblo ignorantes fosilizan el desarrollo y continuidad de la revolución, no ayudan a la credibilidad ni dan sentido al uso de la lógica para buscar un socialismo. Sin conocimiento, un pueblo ignorante profundiza la dependencia, la masa cree en las políticas demagógicas, se resigna ante la menor derrota y lo peor de todo es, que la masa cae víctima de otros ignorantes en los puestos medios del gobierno.

Si Maduro no cambia la mediocridad y la mala fe de algunos funcionarios en los mandos medios del gobierno, seguirá engendrando indiferencia revolucionaria, fatalismo, continuara multiplicando la modorra del conquistado, esta cultura tiende a ocupar todos los espacios en las estructuras públicas como lo prueba la historia de los eternos problemas que la revolución no puede resolver.

El peor error de los chavistas y revolucionarios cuando proclamamos libertad, así como estamos, es caer en el conformismo incluso en una especie de sumisión ante la realidad.

La participación del pueblo, para cambiar la revolución, debe empezar por nosotros, en primer lugar la ignorancia, debemos ilustrarnos con conocimiento pues no es suficiente saber leer y escribir, después, ver a quien escogemos como nuestros representantes en los consejos comunales, en el barrio, para no arrepentirnos después porque son gente amigos de los alcaldes, gobernadores, ministros y asambleístas arrastrando el mismo problema sectario hasta adquirir los mismos defectos de ellos que, con los suyos, hacen imposible superar la pobreza mental para administrar otro tipo de justicia y crecimiento para beneficio de todos capaz de encontrar el camino al socialismo no subastarlo como lo venimos haciendo.


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Raúl Crespo


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