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El Legado de Chávez: indisolublemente ligado al pueblo como sujeto del proceso revolucionario

Tomado del artículo de GGF incluido en el libro Legado de Chávez (Pág. 81), compilado por Luís Bonilla-Molina y publicado por el CIM, en marzo de 2013

Descargue PDF del libro aquí: http://www.aporrea.org/media/2013/04/el_legado_de_chavez_tripa.pdf

 

Con el fallecimiento del presidente Chávez, Venezuela perdió al prócer de nuestra Segunda Independencia y América Latina perdió al más importante líder surgido en los inicios del siglo XXI. La pérdida de su persona nos priva de su destacadísima y fundamental participación activa y directa en el futuro de nuestro proceso revolucionario y de nuestras naciones y pueblos. Sin embargo, su proyección profética, en pensamiento y en ejemplo no tiene límite de tiempo.

La desaparición física del Comandante, no revierte los logros avanzados por la revolución bolivariana; no desmantela los cambios estructurales y superestructurales, políticos, sociales, económicos e incluso culturales, tanto nacionales e internacionales, que comenzaron a gestarse bajo su conducción o inspiración. Pese a la dureza y magnitud inconmensurable del golpe, esta dinámica prosigue, teniendo como causa subyacente el proceso revolucionario que anima al pueblo venezolano, del cuál Chávez fue hijo, padre y hermano al mismo tiempo. Pero lo que sí hay que decir es que la falta de Chávez nos presenta un enorme factor de riesgo.

El proceso se mantiene abierto, como dice la vieja consigna del 27 de Febrero de 1989, “no hay pueblo vencido” y la etapa revolucionaria con la que emergió y se desarrolló el fenómeno Chávez, sigue fluyendo sin perder su vigor, teniendo al pueblo como fuego vital y al pensamiento-sentimiento Chávez como su principal catalizador, junto con los demás factores objetivos y subjetivos que explican la vida de las revoluciones.

Más allá de la intervención de Chávez como individuo, en combinación dialéctica con los motores más profundos del devenir histórico, hay obras que se sostienen y deberán ser preservadas y superadas, tanto por los liderazgos sucesores como, principalmente, por la diversidad de ese pueblo que mantiene su lucha y experiencia transformadora. La lucha de clases continúa su curso y también su lógica.

El pueblo, las vanguardias luchadoras y los colaboradores más honestos y auténticos de Hugo Chávez, heredan y deberán conservar, reinterpretar y aplicar de manera creativa las enseñanzas y la inspiración del Comandante. El chavismo se sembró en el seno de la clase trabajadora y de los sectores populares, como una intuición muy poderosa, como una memoria colectiva, como una fuerza afectiva y vital, como una esperanza y a la vez como una materialidad concreta y tangible de múltiples conquistas liberadoras y dignificantes, como una prefiguración de la sociedad anhelada, como un compromiso y hasta como un juramento colectivo de millones. Por eso, es capaz de germinar en las conciencias de las nuevas generaciones.

Pero, al mismo tiempo, batallan las viejas maquinarias o estructuras y la vieja cultura, que se resisten a morir y a dar paso la a la nueva vida en este parto de la historia. Acecha la burguesía nativa, las oligarquías continentales y el imperialismo, que no renuncian a recapturar el Estado venezolano y a sofocar esta revolución, para retomar la administración directa del sistema, ya sea con el “garrote” o con la “zanahoria”, con la sofocación o con la infiltración degenerativa y corruptora. La burocracia y el capital son dos caras de la misma moneda contrarrevolucionaria. Si el chavismo es acaparado por castas burocráticas funcionales al capital la revolución estaría perdida.

Siguen planteados los retos, las contradicciones, los problemas no resueltos, las debilidades, las trabas y los errores no rectificados, la enfermedad burocrática que ataca a los procesos revolucionarios, el Estado burgués persistente y aún no reemplazado, la estructura y el funcionamiento capitalista que predomina, pese a todo, sobre las nuevas formas sociales, económicas y políticas, relativamente precarias y vulnerables. El legado de Chávez ha de ser parte del antídoto y por eso es tan importante identificarlo en su esencia, mantenerlo vivo y no momificado, para que siga siendo combustible y luz del proceso revolucionario.

La ausencia física de Chávez, podrá hacer que parpadee, en busca de oxígeno, la llama de la revolución latinoamericana, pero el período histórico en que estamos es de lucha antiimperialista y anticapitalista, no sólo en América Latina, sino a nivel mundial. Y por los vientos que soplan, seguirá habiendo combustible revolucionario que alimente a nuestro continente y al pueblo venezolano en los próximos años. Recoger en nuestras manos, mentes y corazones el legado de Chávez nos ayudará a seguir y arreciar la marcha, procurando darnos la mano para andar juntos y dar más fuerza a nuestros pasos, mediante la articulación unitaria, antiimperialista y anticapitalista de todas nuestras luchas.
 

Algunos de los aspectos más prominentes de su Legado:

Entre los aportes históricos e ideológicos que pudiéramos tomar, con la pretensión de identificar los aspectos más prominentes e importantes del legado de Chávez, podríamos mencionar los siguientes:

La unidad cívico-militar, unidad pueblo-fuerza armada.

Hasta cierto punto comparable (salvando las distancias) con el papel del llamado “armamento del proletariado” en la concepción clásica de las revoluciones anticapitalistas. El desarrollo de una corriente militar contrahegemónica, capaz de romper la típica hegemonía burguesa sobre la fuerza armada nacional, que se manifestó a partir del 4 de febrero de 1992, dotó a la revolución venezolana (la revolución bolivariana) de un brazo armado que se sustrajo del control ejercido por la burguesía sobre el aparato militar para el ejercicio de su violencia de clase. Fue, en parte, la reacción de los sectores plebeyos de la institución militar a su utilización por los políticos y altos oficiales de la burguesía para ejecutar masacres contra el pueblo, como la del 27 F de 1989.

Esto contribuyó a que Chávez pudiese llegar al poder en 1998 por la vía electoral e iniciar una transformación constituyente y pacífica, más no desarmada. La derrota del golpe del 11 de abril de 2002 y del paro-sabotaje petrolero y patronal del mismo año, en respuesta al latigazo de la contrarrevolución, fue otra oportunidad para avanzar en la depuración de buena parte de los agentes burgueses y proimperialistas que pretendieron colonizar su gobierno de vocación independiente, así como para profundizar el saneamiento y la configuración bolivariana de la fuerza armada.

La labor de Chávez permitió el surgimiento de una nueva doctrina militar bolivariana, independiente del imperialismo. Ruptura o desactivación de tratados militares con el imperialismo. Negación a la presencia de misiones y bases militares sobre el suelo patrio, el sobrevuelo de la aviación imperialistas sobre el espacio aéreo venezolano, salida de la DEA (en función de una política antidrogas soberana). Concepto de revolución pacífica pero armada, pueblo armado, milicia, guerra asimétrica y de todo el pueblo, vinculación cívico-militar en el trabajo social, formación de las fuerzas armadas con una orientación no represiva hacia el pueblo y no supeditada a los poderes económicos del capital nacional y extranjero. Implantación de ideas y principios antiimperialistas, democráticos y socialistas en la fuerza armada.

Estos son parte de los cambios militares, esenciales en el establecimiento de una nueva correlación de fuerzas en la lucha de clases, liderada y alentada por Chávez. Son cambios que no anulan por completo las contradicciones y las excepciones, como el involucramiento de sectores militares con acciones represivas para sostener los negocios con sectores poderosos y frenar el avance revolucionario en zonas mineras, indígenas y fronterizas, pero que plantean políticas de Estado muy distintas a las precedentes (IV República).

Implantación de ideas nacionalistas progresistas y recuperación-relanzamiento del ideario bolivariano, con el llamado Árbol de las Tres Raíces, con el legado de nuestros próceres (Bolívar, Rodríguez y Zamora). Rescate de la soberanía y de la identidad nacional-popular. Recuperación de recursos nacionales usufructuados por la burguesía y las transnacionales, para ponerlos al servicio de la nación y de la inversión social.


Fractura del régimen de la vieja democracia representativa burguesa, de la IV República y del bipartidismo. Proceso constituyente, con una Asamblea Constituyente soberana y basada en el poder originario del pueblo con ampliación de los derechos democráticos, de participación, sociales, económicos y culturales, de los derechos humanos en general, que dio nacimiento a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Posibilidad de que el pueblo participe en referéndum de tipo consultivo o revocatorio de autoridades electas, iniciativas legislativas populares... Aumento de los niveles de participación y consulta, pero todavía de manera dispersa y no de manera orgánica a través de los organismos de poder popular y de los movimientos sociales (campesinos, de trabajadores y otros movimientos sectoriales). Planteamiento de la transferencia del poder al pueblo, el desarrollo de organismos de Poder Popular y la construcción del Estado Comunal como alternativa frente al Estado Burgués. Inicio de la construcción de un tejido de organismos de poder local y de algunas incipientes comunas y unas pocas ciudades comunales en construcción. El propio Chávez fue autocrítico respecto a la lentitud del proceso de formación de comunas y de la propiedad social de formas productivas en su seno o entorno.

Inicio de un proceso de recuperación y redistribución de la tierra para los campesinos y reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas, aunque con cierta lentitud y con insuficiencias, en medio de la arremetida de sicarios y paramilitares al servicio de terratenientes, con un alto grado de impunidad.

Políticas sociales y misiones para elevar el nivel de vida y el nivel educativo-cultural de la población. Reducción significativa de la pobreza extrema, eliminación del analfabetismo, expansión de la educación universitaria, servicios preventivos y primarios de salud, avances hacia la solución del déficit de viviendas…

Bases de una nueva geopolítica latinoamericana e internacional en varios niveles. Contribución fundamental a la derrota del ALCA. Ruptura con el FMI y el BM. Cuestionamiento de la OEA. Creación de alianza solidaria entre países con procesos revolucionarios y de liberación nacional (Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador…). Ruptura de la política de aislamiento hacia Cuba. Impulso de la Celac, incorporación de Venezuela con una nueva visión para el Mercosur, Banco del Sur, utilización del Sucre para transacciones monetarias independientes del dólar, relacionamiento económico-social-político-cultural solidario y complementario con otros países y pueblos en lucha. La multipolaridad como táctica para quebrar la hegemonía unipolar imperialista. Salida del CIADI y anuncio de la salida del CIDH como instrumentos de sujeción o manipulados por el imperialismo. Rescate y relanzamiento de la idea de la Patria Grande latinoamericana o Nuestra-Americana. Con Chávez los latinoamericanos tuvimos un líder que se insubordinó y alzó su voz contra el imperialismo, le descuadró en América Latina su política internacional y sus planes, aprovechando las contradicciones entre las burguesías nacionales y los intereses imperialistas y animando incluso a gobiernos burgueses a disputarle franjas y márgenes de control sobre los asuntos continentales y mundiales. Lamentablemente, en el alineamiento y el intercambio internacional necesario para contrarrestar al imperialismo y para reducir la dependencia económica, se le endosó apoyo político a ciertos regímenes cuestionables desde el punto de vista democrático.

Estímulo a la articulación y unidad de los movimientos de los pueblos en lucha, llegando a lanzar la propuesta de una V Internacional, a pesar de que no se llegó a definir cualitativamente su composición ni se llegaron a dar pasos concretos para construirla.

Nuevo marco ético-ideológico para una contrahegemonía superadora de la hegemonía cultural del capitalismo dominante, área en la que Chávez siempre fue un excelente educador popular y propagandista, para la implantación de nuevos valores.

Proclamación de la revolución venezolana como socialista. Popularización de la noción del socialismo en el seno de las grandes mayorías de la población venezolana y a escala internacional. Planteamiento de la idea del Socialismo del Siglo XXI, democrático y distinto al fallido “socialismo real” antidemocrático y burocrático, recuperando la concepción de la creación heroica sin calco ni copia de Mariátegui, junto con la visión creativa robinsoniana (“Inventamos o erramos” de Simón Rodríguez).

Control del Estado sobre la industria petrolera y nacionalización de industrias básicas. En el terreno de la producción, la propiedad y el papel de los trabajadores, a pesar de que se ha mantenido un esquema de “economía mixta” con sectores estratégicos de propiedad estatal y respeto por la propiedad privada (capitalista), incluyendo la asociación entre el Estado y empresas transnacionales para ciertas actividades, entre ellas la explotación petrolera, se efectuaron importantes nacionalizaciones de industrias y servicios básicos, nacionalización parcial de la banca, inicio del desarrollo de producción y distribución estatal en áreas relacionadas con la provisión de alimentos y productos básicos al pueblo, aunque sin tomar para el Estado importantes monopolios. Se iniciaron experiencias de control obrero, que terminaron siendo saboteadas por la burocracia, pero todavía no se trata de un capítulo cerrado.

Estos puntos que hemos mencionado, representan sólo algunos de los muchos componentes del legado presente y constatable de Chávez, pero hay un legado que se proyecta hacia el futuro a través de líneas orientadoras que nos señaló y que son parte de su compromiso para el nuevo período de la revolución que Chávez anunció que se abría con el período presidencial truncado por su sentida muerte.

Las orientaciones de Chávez para el nuevo período de la revolución bolivariana

En buena medida estas orientaciones y propuestas están contenidas en los 5 objetivos históricos del Programa de la Patria, en el Golpe de Timón (primer gabinete ejecutivo tras ganar las elecciones del 7 de octubre de 2013) y las palabras emitidas por el presidente Chávez el 7, 8 y 9 de diciembre, en lo que fue realmente su despedida ante pueblo venezolano, recopiladas bajo el título “Unidad, Lucha, batalla y Victoria”.

 

El Programa de la Patria

En el Programa de la Patria o Plan para la Gestión Bolivariana Socialista 2013 – 2019, Chávez plantea objetivos históricos y nacionales:

1)Defender, Expandir y Consolidar la Independencia Nacional; 2) Continuar Construyendo el Socialismo Bolivariano, alternativo al capitalismo y para proporcionar, como decía Bolívar, “la mayor suma de seguridad social, la mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de de felicidad” para nuestro pueblo; 3) Convertir a Venezuela en un País Potencia, en lo social, económico y político, dentro de la gran potencia de América Latina y el Caribe como zona de paz; 4) Contribuir al Desarrollo de una Nueva Geopolítica Internacional, en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar… que apunta al desmontaje del sistema imperial y neocolonial; 5) Contribuir con la Preservación de la Vida en el Planeta y la Salvación de la Especie Humana… objetivo que le da una dimensión ecosocialista a la propuesta del Comandante y convoca a un movimiento mundial contra el modelo capitalista depredador.

El Golpe de Timón:

Refuerza la idea de la democracia socialista del siglo XXI (diferenciada del viejo esquema burocrático, pseudosocialista y no democrático que se derivó de la degeneración de la ex URSS), las acciones necesarias para ir dejando atrás de manera progresiva y firme el modelo de explotación capitalista y creando un nuevo modelo: el socialismo venezolano, bolivariano, del siglo XXI.

Define el “nuevo ciclo de la transición”; la construcción del socialismo, de nuestro modelo, con el injerto de los elementos nuevos del modelo (básicamente poder comunal y medios de producción de propiedad social), como una red o gigantesca telaraña sobre el territorio, para que no pueda ser tragada por el mar de capitalismo que la rodea. Dice: “Debemos injertar la propiedad social, el espíritu socialista”, con cada obra que se realice.

Insiste en la idea de que “el socialismo no se decreta” y se muestra en contra de llamar socialista a lo que aún no lo es. Habla de que las fábricas construidas con fines capitalistas llevan las marcas indelebles de su “sistema operativo”, la división social jerárquica del trabajo en conjunción con la cual fueron construidas, y afirma que un sistema productivo que quiere activar la participación plena de los productores asociados, los trabajadores, requiere de una multiplicidad de procesadores “paralelos”, coordinados de la manera adecuada, así como de un correspondiente sistema operativo que sea radicalmente diferente a la alternativa operada de manera central, trátese de la economía dirigida capitalista o de sus bien conocidas variedades postcapitalistas presentadas engañosamente como “planificación”. Con cada obra que se realiza, se pregunta de qué manera se está contribuyendo a la construcción del socialismo y si el beneficiario, el objetivo, es el pueblo.

Junto a esto le da gran importancia al tema del cambio cultural y de la comunicación, por ser el modelo del socialismo bolivariano de carácter democrático, que requiere de una nueva hegemonía democrática que nos obliga a convencer y no a imponer (he ahí el papel del pensamiento crítico y del debate de ideas).

Chávez hace un llamado a la crítica y a la autocrítica, plantea la autocrítica para rectificar realmente y de manera inmediata. Reconoce que su gobierno, aunque gobierno revolucionario de Venezuela, ratificado por un pueblo, también estaba siendo muy criticado por el pueblo y con razones, entre ellas la falta de eficiencia. Se autocritica de que si bien la revolución ha generado todo un nuevo andamiaje legal, “nosotros, que somos los primeros responsables de su cumplimiento. Yo espero ver respuestas a estas reflexiones y a esta autocrítica pública que estoy haciendo”.

Entonces, llama a multiplicar la eficiencia para mejores resultados, a fortalecer el poder comunal y desarrollar el Sistema Nacional de Medios Públicos, entre otros temas de la construcción del socialismo. Allí, una de las frases de mayor resonancia en los últimos momentos del presidente Chávez, contenida en el texto de esa alocución presidencial del 20 de octubre y titulada Golpe de Timón: “La autocrítica, independencia o nada, comuna o nada…”

Esta autocrítica reviste una enorme importancia, pues no pocas veces la expresión del pensamiento crítico en la revolución bolivariana ha sido vilipendiada de un modo que nos recuerda un tanto a la manera estalinista, en lugar de reconocer su valor para la rectificación de los errores y el mantenimiento del rumbo revolucionario. Si Chávez, con su estatura revolucionaria, fue capaz de autocriticarse, no puede esperarse menos de quienes hoy toman en sus manos la batuta.

Es muy importante la advertencia que hace al respecto: “Cuidado, si no nos damos cuenta de esto, estamos liquidados y no sólo estamos liquidados, seríamos nosotros los liquidadores de este proyecto. Nos cabe una gran responsabilidad ante la historia a los que aquí estamos. Véanse las caras, véanse los ojos en el espejo cada vez que vayan al baño o a donde haya un espejo. Yo de primero.”
 

Unidad, Lucha, batalla y Victoria:

En la cadena nacional, que en Consejo de Ministros, constituyó, prácticamente, su despedida, el sábado 8 de diciembre de 2012, Chávez nos dijo la síntesis de su legado: “Hoy tenemos pueblo”, “¡Tenemos Patria!”. Su consigna final, convertida hace tiempo en consigna popular y saludo oficial de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, marca su visión del horizonte de la revolución venezolana: “¡Independencia y Patria Socialista!”

Fue allí cuando nos dijo a todos y a todas que, de presentarse alguna circunstancia sobrevenida que le inhabilitase para continuar al frente de la Presidencia de la República, pedía elegir como presidente a Nicolás Maduro, para que continuase “dirigiendo, junto al pueblo siempre y subordinado a los intereses del pueblo, los destinos de esta Patria”. Es parte del compromiso inmediato que asumimos, leales a la voluntad del Comandante Hugo Chávez Frías.



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Gonzalo Gómez Freire

Psicólogo y comunicador popular, co-fundador de Aporrea. Miembro de la Coordinación Nacional de Marea Socialista y de la Plataforma para la Auditoría Pública y Ciudadana.

 gonzalo@aporrea.org      @GonzaloAporrea

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