El Legado del Comandante

De Bolívar a Chávez pasaron doscientos años el pueblo siempre estuvo traicionado y esclavizado: ¡El Comandante Chávez se consumió en defensa del pueblo! ¿Será que aró en la mar? ¿Necesitaremos doscientos años más? ¿Estamos desmontando su Legado? ¡Escampará y veremos! Uno duda al observar y ver lo que está pasando en el país.

Hay medios que nos conducen al conocimiento de la verdad y obstáculos que nos impiden llegar a ella; enseñar a emplear los primeros y a remover los segundos es el objeto del arte de pensar. El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos personajes tienen el talento de ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.

Otros adolecen del defecto contrario: ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado; sí éste desaparece ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca del país: fuera del horizonte a que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.

Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos privilegiados del Comandante Chávez se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontraremos una idea, y en esta idea vemos que corresponde a la realidad de las cosas. Nos ilustran, nos convencen, nos dejan plenamente satisfechos. Sí, es verdad, tiene razón. Para seguirlo en su discurso no necesitamos esforzarnos; parece que andamos por un camino llano, y que él nos conduce y que se ocupa de hacernos notar, con oportunidad, los objetos que encontraremos a nuestro paso.

El perfecto conocimiento de las cosas en el orden práctico, para el arreglo de la conducta en los asuntos de la política, forma los prudentes; en el manejo honorable de los negocios del Estado, forma los grandes políticos; y en todas las profesiones es cada cual más o menos aventajado, a proporción del mayor o menor conocimiento de los casos que trata o maneja. Pero este conocimiento ha de ser práctico, ha de abrazar también los pormenores de la ejecución, que son hablar con la verdad al pueblo, verdades, por decirlo así, de las cuales no se puede prescindir, si se quiere lograr el objetivo deseado. Estas pequeñas verdades son muchas en todas las profesiones; bastando para convencerse de ello el oír a los que se ocupan aun en los oficios más sencillos.

Echase, pues, de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente a los políticos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado la naturaleza, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es que uno de los primeros cuidados que debe ocuparnos es tener bien arreglada esta luz. Si ella falta, nos quedamos a oscuras, andamos a tientas, y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción, con peligro de que se ponga obtuso y estúpido, y, por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea clara para que no nos deslumbre, bien dirigida para que no nos extravíe. He aquí el precepto al lado del ejemplo, la regla y el modo de practicarla.

¡Nuestro líder, el Gigante Eterno nos recuerda que hay un sólo Proceso, un solo Gobierno! No estamos en tiempos de escisiones, más bien de unirnos Gobierno y pueblo, la oposición aprovecha nuestras fallas y nuestros deslices para destruirnos.
¡Siempre juntos –con– Chávez!


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Manuel Taibo


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