Preocupación por el socialismo

He aquí uno de los más abundantes manantiales de error; esto es, la verdadera rémora de las ideas, uno de los obstáculos que más retardan sus progresos. Increíble sería la influencia de la preocupación si la historia de los pueblos no lo atestiguaran con hechos irrecusables.

¿De dónde tantos sistemas para explicar los fenómenos del socialismo? Los mayores talentos de la burguesía se hallan expuestos a este peligro siempre que se empeñan en explicar este fenómeno careciendo de datos positivos sobre su naturaleza y origen. Un efecto puede haber procedido de una infinidad de causas, pero no se ha encontrado la verdad por sólo saber que ha podido proceder; es necesario demostrar que ha procedido. Este vicio de atribuir un efecto a una causa posible, salvando la distancia que va de la posibilidad a la realidad, es más común de lo que se cree, sobre todo cuando el razonador puede apoyarse en la coexistencia o sucesión de los hechos que se propone enlazar.

El pueblo dominado por una preocupación socialista no busca. Ni en los libros ni en la ciencia, lo que realmente hay, sino lo que le conviene para apoyar sus opiniones. Y lo más sensible es que se porta de esta suerte, a veces con buena fe, creyendo, sin asomo de duda, que está trabajando por la causa de la verdad. La educación, los maestros y autores de quienes se ha recibido las primeras luces sobre una idea, las personas con quienes vivimos de continuo o tratamos con más frecuencia, el estado o profesión y otras circunstancias semejantes contribuyen a engendrar en nosotros el hábito de mirar las cosas siempre bajo un mismo aspecto. De verlas siempre de la misma manera.

Apenas dimos los primeros pasos en la carrera de las ideas socialistas, se nos ofrecieron ciertos axiomas como de eterna verdad, se nos presentaron ciertas proposiciones como sostenidas por demostraciones irrefragables, y las razones que militaban por la otra parte nunca se nos hizo considerarlas como pruebas que examinar, sino como objeciones que soltar. ¿Había alguna de nuestras razones que claudicaba por un lado? Se acudía, desde luego, a sostenerla, a manifestar que en todo caso no era aquélla la única, que estaba acompañada de otras cumplidamente satisfactorias y que, si bien ella sola quizá no bastaría, no obstante, añadida a las demás, no dejaba de pesar en la balanza y de inclinarla más y más a favor nuestro. ¿Presentaban los adversarios alguna dificultad de espinosa solución? El número de las respuestas suplía su solidez. No se trata de convencer, sino de vencer, el amor propio se interesa en la contienda, y conocidos son los infinitos recursos de este maligno agente. Lo que favorece se abulta y exagera; lo que obsta se disminuye, se desfigura u oculta; la buena fe protesta algunas veces desde el fondo del alma, pero su voz es ahogada y acallada con una palabra de paz en encarnizado combate.

Las causas son las señaladas más arriba: el pueblo antes de inducir a otros al error, se engaña muchas veces a sí mismo. Se aferra a un sisma, allí se encastilla con todas las razones que puedan favorecerle; su ánimo se va acalorando a medida que se ve atacado, hasta que al fin, sea cual fuere el número y la fuerza de los adversarios, parece que se dice a sí mismo: “Este es tu puesto, es preciso defenderle; vale más morir con gloria que vivir con ignominiosa cobardía.”

Por este motivo, cuando se trata de convencer a otros, es preciso separar cuidadosamente la causa de la verdad de la causa del amor propio; importa sobre manera persuadir al contrincante de que cediendo nada perderá en reputación. No ataquéis nunca la claridad y perspicacia de su talento; de otro modo se formalizará el combate, la lucha será reñida, y aun teniéndole bajo nuestros pies y con la daga en la garganta no debemos recabar que se confiese vencido.

—Señores de la clase media: No debemos temer la libertad. Debemos temer al imperialismo que se empeña en destruirla.

Cita de Mario Briceño: “Los héroes que ayer sacrificaron su vida por darnos independencia y dignidad: Bolívar, Sucre, Urdaneta y Simón Rodríguez están aún fraguando los muros de la República. No están ellos muertos como lo entienden los cultivadores de cementerios históricos. Son existencias permanentes”.

¡Hombres que vivieron al morir!

¿Pa’lante Comandante! Lucharemos. Viviremos y Venceremos.
¡Gringos Go Home!
¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!
Hasta la Victoria Siempre, luchando por una Patria Socialista.

manueltaibo1936@gmail.com


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Manuel Taibo


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