Determinar a priori algún margen de ganancia es negar la Explotación Asalariada

La Ley de Costos y Precios Convalidaría la Explotación Burguesa[i]

Lo que marca sustancialmente la diferencia ideológica, económica y política entre Capitalismo Burgués y Comunismo Marxista es la ubicación de la fuente de la ganancia. Para el primero, se trata del mercado, y para el segundo de la propia empresa fabril.

Para la Economía Clásica y su derivada, la E. Vulgar, los empresarios productores de mercancías no explotan a sus asalariados, y cuando estos se quejan por bajos salarios y deficientes beneficios colaterales, sobrevienen los ajustes, y todos contentos.

De esa manera, según ese criterio burgués, el empresario fabricante sale a buscar ganancia entre sus clientes, los comerciantes, a quienes “recargaría” un porcentaje sobre el “costo de fabricación”. Estos comerciantes, por su parte, harían otro tanto frente a los consumidores finales, de tal manera que estos, mayoritariamente trabajadores, en tal caso, sufren dos (2) recargos: uno, por parte del productor, y el otro formado por parte de cada eslabón intermediario, con lo cual habría tantos “recargos” de precios como intermediarios conformen la cadena de distribución fábrica- consumidor + 1.

Así, bastaría con un reconocimiento oficial por parte del Estado de, digamos, 15% para el fabricante, y con 3 intermediarios para que obviamente el consumidor sufra un “recargo” (inflacionario per se) de: 15,00% + 17,50% + 19,13% + 22,00% = aprox. Tal es el sobreprecio que sufre el consumidor con apenas 3 intermediarios y una ganancia de 15% para el fabricante. Quede claro que en este sistema todos los capitalistas tienden a ganar una misma tasa promedial porque, de lo contrario, migrarían hacia el sector, ramo o tipo de fábrica o comercio que ofrezca mayor rentabilidad, y a la larga sobreviene la igualación tendenciosa de la tasa en cuestión.

Hay más, tolerarle al fabricante y al comerciante un margen de ganancias como ·sobrecostos” de producción es de partida un absurdo cuya elucidación mantiene en jaque la Filosofía idealista frente a la Dialéctica Materialista. El caso es que mal podría venderse ganancia alguna ya que esta es un resultado y no un punto de partida.

Otra cosa es la realidad: se vende el trabajo no pagado al trabajador en la fábrica. El caso es que para vender por cierto precio hay que ofrecer una mercancía que tenga tanto valor como el que mida ese precio, de tal manera que habría que reconocer a priori que dentro de la fábrica hay más costes de los registrados por la contabilidad burguesa.

Así fue como Marx descubrió que, además de los costes primos convencionales, salarios y materias primas, y además de los costes ilícitos [1] que venimos trabajando, debe haber un coste que no corre a cargo de ningún inversionista. Se trata de aquella porción de costo de producción que entrega el trabajador a cambio de nada; se trata de la plusvalía.

Por esas razones, estamos ante una Ley de Costes y Precios que ora convalida la explotación burguesa, ora predispone que los usuarios reciban sobreprecios según el mayor o menor número de los imprescindibles intermediarios. De lo contrario, tendría que invitar a los fabricantes a que imputen en su costo de producción ese monto de sobretrabajo impago [2] en el que descansa la explotación de los trabajadores bajo régimen burgués.

marmac@cantv.net



[1] Cf.: http://www.aporrea.org/ideologia/a129422.html

[2] Cf.: http://www.aporrea.org/actualidad/a133329.html



[i] http://www.sadelas-sadelas.blogspot.com marmac@cantv.net http://www.aporrea.org/ideologia/a127034.html



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Manuel C. Martínez M.


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