El socialismo no es para demagogos o mentirosos

Hasta hoy, la historiografía tradicional daño a la historia, a las ciencias políticas y a la sociología, según ella, todo alzamiento, revuelta, cuartelazo, sacudones políticos o militares, nos vemos tentados a catalogarlos de revolución.

Las revoluciones se suponen deben disminuir la inconsciencia social, deben rejuvenecer el espíritu social, dar impulso a las mujeres y hombres que sufren para que trabajen y luchen. Revolución, sencillamente significa una transformación política, económica, social, con ellas la transformación ética y cultural, es el concepto de revolución sea esta armada o pacifica.

El valor de una revolución descansa en el pueblo. La autonomía, la lucha contra el imperio necesita una independencia real en la mente de nuestros pueblos, de su educación y cultura depende que nuestros procesos sean soberanos ¿de qué sirve que Bolivia sea uno de los mayores productores de gas del planeta si no tiene capacidad extractiva y refinamiento? O, que Venezuela siga solo con el petróleo como abanderado del proceso bolivariano sin tener soberanía alimentaria y, que Ecuador carezca de inversión para mejorar su producción petrolera.

América Latina no logra concentrar una base industrial y educativa solida con tecnología de punta, sin esto, continuamos siendo dependientes, un sub continente de potencialidades, pero, con poco o sin nada para generar desarrollo y prosperidad para sus pueblos.

Hay que debatir urgentemente con los nuevos asambleístas la peor de las pesadillas para una revolución, la ignorancia que permite la manipulación política por la grotesca educación universitaria, millones de latinos luchan contra la adversidad producida por sus gobiernos, masas que no encuentran espacio para desarrollar sus capacidades y terminan por alimentar a los demagogos y mentirosos que solo tienen discursos sin compromiso con la verdadera autonomía económica y soberanía política. Quienes confunden el proceso castigan el futuro socialista.

Hay que empezar por la conciencia social de los funcionarios, estos, en verdad, consideran que la República es bella bajo el imperio, así la comprenden muchísimos de ellos. Lo real decepciona porque la encarnación, el cuerpo, oculta el alma y la razón, hace falta ser Marx o Lenin, para continuar viendo la complicada soberanía bajo los pliegues de la libertad. Parece más conveniente tachar de absurdo un proceso que no se entiende, que requiere disciplina fiscal y compromiso de todos para sacar adelante una revolución, es más fácil volver a lo mismo de la nacionalidad simplista, sistema en el que las generaciones futuras no se encontraran.

Por una curiosa paradoja, los funcionarios, economistas, el buro, hostiles obedientes ante la institución socialista tienen la impresión de encontrar una suerte de paraíso del demagogo cuando piensan en el auditorio de oro que forma el pueblo socialista. Desde que el socialismo dejo de estar en la oposición para administrar el poder no comprenden aun que depende de todos para alcanzar la soberanía y la igualdad social, Nicaragua lo entendió así, firmo el TLC con Europa, no por eso se apartan de la construcción socialista o son traidores. La situación de cada país es distinta, no se puede emular todo lo que Venezuela hace, aquí el petróleo permite construir un proceso en base al error y la rectificación, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, no tienen esa oportunidad.

Así, el marxismo clásico hay que actualizarlo, la soberanía socialista no está en la mente. Latinoamérica sigue siendo un continente rezagado de ahí su conformismo cultural clásico, el entusiasmo social eficaz es siempre aquel que tiene por raíz el sentimiento de dejar atrás las costumbres, poderosos frenos, y su liberación en base a una toma de consciencia disimulada bajo la máscara del provecho no camina, se estanca. En una sociedad socialista cada uno comprende lo que no comprendía o estaba destinado a no comprenderlo en una sociedad capitalista, y si el proceso es teórico, la masa dudara y no se adelantara la construcción socialista.

La practica socialista convierte a lo absurdo en razón, el mal en bien, por eso la masificación de la salud y educación no es suficiente, es importante para el inicio del proceso, después, la lucha de clases se transforma en colaboración, solidaridad económica, se comprende la verdadera naturaleza de los intercambios internacionales, del ahorro, del beneficio colectivo, del servicio social sometido a una reingeniería revolucionaria cada 2 años y de la necesidad de una educación autoritaria de la juventud a la que, actualmente se le enseña que la rebelión contra la sociedad está mal, cuando la rebeldía debe ser su principal deber, la rebeldía sostiene una revolución y el socialismo requiere una permanente revolución.

Así como van las cosas, el mejoramiento de vida de la población, por la inconsciencia del proceso, es por una parte exaltante y, por otra, parece a todos insuficiente. El aumento del PIB, de los balances oficiales para demostrar el mejoramiento de la calidad de vida de la gente produce malestar, a todos parece insuficiente por la política aplicada con la pobreza.

Instituciones cuyo rotulo reza: “ministerio del poder popular…” no mejoran la consciencia social por su complejidad y burguesía, no permiten aplicar una ideología, porque los problemas o el móvil es económico y personal, solo personal. No estamos en revolución social, porque los revolucionarios de arriba que acompañan a los líderes no sienten la revolución del pueblo, el futuro del pueblo es el gran ausente, porque, la revolución no está en sus manos.



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Raúl Crespo


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