La Iglesia, la Universidad y el premio al delincuente

Nos habíamos hecho el propósito de no escribir nunca jamás sobre Nixon
Moreno y John Goicochea, pues convencidos estamos de que son dos petizos
que no merecen la menor atención.

Es precisamente el espacio mediático dedicado a cubrir las actividades
del petimetre Goicochea y del anélido Moreno el que los ha convertido en
figuras políticas. El haberle dado al accionar de estos pájaros de
cuenta, la misma importancia que se le da a otros actos delictivos los
hubiese condenado a que sólo el más rancio escualidismo les prestara
atención.

Tenemos que reconocer que fue un error de nuestra parte el haber dedicado
algunas líneas a tan grises personajes, pues con ello no hicimos sino
caer en el mismo error de aquellos que le concedieron beligerancia al
recibirlos en la Asamblea Nacional, en el CNE, en la Fiscalía y en los
medios de comunicación.

Hoy, sin embargo, faltamos a ese compromiso al escribir estas líneas con
las que pretendemos comentar la actitud de una oposición alocada, que en
su afán por oponerse a Chávez termina engulléndose la ética y avalando
cualquier inmoralidad.

Tal el caso del título de politólogo concedido a un prófugo de la
justicia, acusado de delitos tan graves como intento de violación y
asesinato.

Ya habíamos observado a esa oposición aplaudir y festejar “el regreso a
la democracia” cuando se leía el decreto de Carmona. También los vimos
aplaudir rabiosamente cuando se anunciaban los actos de sabotaje a la
industria petrolera.

Por lo bajo los vimos sonreír cuando sus medios de comunicación
intentaron asesinar por segunda vez a Danilo Anderson, sólo para restarle
importancia al acto terrorista cometido algunos de sus militantes y
financiado por algunos de sus dirigentes.

Ahora, como para redondear la faena, le concedieron con honores que jamás
recibió venezolano alguno, el título de politólogo al bellaco de Nixon
Moreno.

Por miles se cuentan los venezolanos que no pudieron asistir a su acto de
graduación por problemas de salud, porque no contaron con los recursos
económicos para rentar la toga y el birrete, porque tenían que trabajar a
la misma hora en la que se realizaba el acto o porque no contaron con
medios para transportarse.

A ningún rector se le ocurrió realizar un acto especial con esas personas
y mucho menos trasladar el Consejo Universitario en pleno hasta el sitio
donde se encontraba el graduando… Nixon es la excepción.

Hasta Caracas se trasladó el rector de la Universidad de los Andes con
todos los inmorales que lo secundan en el Consejo Universitarios para
regalarle el título al sujeto de marras.

Como le habría gustado a algunos de esos estudiantes venezolanos que a
fuerza de trabajo y sacrificio reunieron méritos académicos para
graduarse con honores, que algunos medios de comunicación hubiesen dado a
conocer su nombre y sus logros.

Lamentablemente en ese mundo amoral de la oposición prefieren promover
actos como el celebrado en la Nunciatura.

El que la Iglesia y la Universidad participen de la mano en la promoción
y celebración de un acto írrito, inmoral y discriminatorio tiene que ser
motivo de reflexión y causa suficiente para que rompiésemos nuestro
compromiso de no escribir sobre el mencionado personaje.

Quienes nacimos católicos y nos hicimos hijos de alguna universidad no
podemos ser indiferentes y mucho menos avalar el accionar de unos
desgraciados que conducen la Iglesia y la Universidad por caminos de
ignominia.


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Alexis Arellano


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