Ángel Laborde, el almirante realista en la batalla del Lago

Cuando recorremos la historia militar de nuestra Patria, nos encontramos con destacadas situaciones en donde nuestros Libertadores derrocharon valentía y honor, pero debemos entender que no solamente esas características fueron monopolizadas por nuestros guerreros y también existieron situaciones heroicas por parte del enemigo y hombres de gran intrepidez y coraje, entre ellos debemos destacar al Almirante Español Ángel Laborde.

Acercándonos a los doscientos años de la Batalla del Lago de Maracaibo, debemos saber que esta acción dio por terminada la hegemonía del imperio español en Venezuela, a pesar del triunfo de Carabobo, dos años antes, en donde los españoles continuaron con la intención de recuperar lo que ellos consideraban su colonia.

Antes de entrar en la participación que tuvo este Almirante español en nuestra Guerra de Independencia del lado de los partidarios del Rey, debemos conocer cómo fue la juventud de este aguerrido combatiente.

Nació en el año de 1772 en Cádiz, era de familia hidalga y acomodada, gracias a su posición pudo gozar de una buena educación por su actitud de los estudios, adquiriendo una vasta formación, que también desarrolló durante su larga y esplendorosa carrera.

Desde muy temprana edad es enviado a Francia al Colegio de Boreze, que era un establecimiento educativo de gran prestigio para la época, allí aprende francés, inglés y matemática, para de esta forma sentar plaza como Guardiamarina en 1791 y en su aprendizaje recorrió los mares del Mediterráneo y el Océano Atlántico.

En el navío San Eugenio realiza sus primeros pasos como marino, participa en una operación de corso. Asciende a Alférez de Fragata un año después y es designado para realizar un curso de estudios mayores en el Observatorio de Marina de San Fernando, pero debido a la declaración de guerra con la Convención francesa los deja.

Laborde embarca en el navío San Dámaso; el 1 de abril de 1793; en donde tuvo una destacada actuación como Corsario en las islas Terceras y participa en un traslado de tropas a Rosas desde Cádiz.

Al año siguiente se traslada al navío San Joaquín, parte de la escuadra del General Lángara, que junto a fuerzas inglesas del Almirante Hood, realizan corso sobre Tolón, en Francia y Laborde participa en acciones de guerra como la ocupación del puerto, del arsenal y de la fortaleza de la ciudad.

Asistió a una gran cantidad de combates, en tierra a las órdenes del General Gravina, en la defensa del puesto de Málaga, comandado por el Capitán Estrada y en el reembarco y evacuación dirigida por el Mayor General de la escuadra el Brigadier Álava, con una destacada participación derrochando valentía e inteligencia en los combates.

Cuando es reanudada la flota a Cartagena, pasa al navío San Juan Nepomuceno, que pertenecía a la escuadra del General Grandallana, que es comandado a dirigir unas tropas a Rosas, siendo destinado a la defensa de la plata como Oficial de Artillería.

Es ascendido a Alférez de Navío el 26 de febrero de 1795 y enviado a la fragata Tetis, para un traslado de tropas a Ceuta y luego a Cádiz, donde desembarca el 5 de enero de 1796, quedando sin destino.

Pasa al Navío San Fernando y al romperse las hostilidades con los ingleses, debido a la reanudación del Pacto de Familia, es designado como ayudante de la plana mayor de la escuadra, que comandó el General Obregón y llevó una expedición de Ferrol a Canarias, que estaban a las órdenes de Mariscal de Campo Márquez de Casa-Cajigal.

Laborde se destacó en infinidad de combates, contra las cañoneras del inglés Pool, que son rechazadas, combate en Ferrol, durante el ataque inglés en 1800. A petición suya se embarca y realiza un viaje desde Ferrol a Cádiz y Manila y es ascendido a Teniente de Fragata.

Es ascendido a Teniente de Navío en 1809, un año después pasó a La Coruña y se encarga de las obras de fortificación y en 1811 es destinado a Santiago de Compostela a colegio militar como profesor de matemática.

Después de importantes participaciones, entre ellas 2° Director del Depósito Hidrográfico en 1815, se le confiere el mando de la expedición de la Real Compañía de Filipinas en 1817, tomando el mando del Navío San Julián de la misma compañía.

Un año después lo vemos en Calcuta con el buque a su mando, procedente de Filipinas en 1819, después de varias expediciones de Manila y Calcuta, es nombrado Comandante del Apostadero de Puerto Cabello y de sus fuerzas navales.

Combatió en la guerra de emancipación, en donde transporta a emigrados que huyen del triunfo patriota y por estas acciones es ascendido a Capitán de Navío en 1921. Conduce una expedición de tropas a la Vela de Coro, apoyando a los sitiados hasta que se rinden a las fuerzas patriotas.

En 1822 es nombrado por sus destacados servicios a España, por Orden Real, 2° Jefe de todas las Fuerzas Navales de América Septentrional. Estuvo a punto de zozobrar, cuando realizaba vigilancia de las costas y su barco comienza a hacer aguas y por esta razón es obligado a dirigirse a las Antillas, teniendo que hacer grandes esfuerzos, intentando no caer en territorio enemigo, en Santo Domingo, que era donde lo arrastraba la corriente, logrando al final llegar a la entrada del puerto en Santiago de Cuba.

La actitud de Laborde fue aprobada y España le concedió la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica por su actuación. El 3 de abril de 1823 le toca escoltar un convoy hasta la desembocadura del canal de Bahama e hizo escala en Aguadilla. Desde allí se dirige a apoyar al General Morales que se enfrentaba al gobierno patriota de Venezuela, con la intención de volver a recuperar esas tierras.

Al llegar a Punta Lucre se enteró que Puerto Cabello se encontraba bloqueada por los patriotas, que al ver la aproximación de los españoles se preparan para el combate, Laborde ataca con fuego de cañones que mantiene por dos horas, dispersando a los republicanos con cuarenta muertos, veinte heridos y trescientos prisioneros. Los españoles tienen solamente diecisiete heridos.

El 1 de julio de 1823 Laborde se dirige en auxilio de Maracaibo con tres corbetas, el bergantín Hércules y con la fragata. La situación de los realistas era difícil, ya que Morales no cerró la entrada del lago a la Marina Patriota, que estaba comandada por el Almirante Padilla.

La escuadra patriota era superior a las fuerzas españolas y el 23 se presentaron los republicanos con toda su flota, siendo el primer encuentro en Punta de Palma comenzando con fuego de artillería.

Los realistas tratan de estrechar la distancia, pero los patriotas consideraban que no era el momento y a pesar de su superioridad naval no se acercan demasiado y al aproximarse el enemigo se retiran refugiándose en los Puertos de Altagracia.

Al día siguiente Laborde se sitúa en orden de batalla, está seguro de que saldrían los patriotas en su búsqueda y a las once de la mañana el Almirante republicano Padilla se puso a vela con el viento a su favor.

Trabaron combate a cañonazos a corta distancia, hasta que concluye en abordaje, combatiendo cuerpo a cuerpo, obteniendo el triunfo las fuerzas de Padilla, pero antes al ver el combate perdido Laborde prepara la retirada, salvando los pocos buques que le quedan, embarcando en la goleta Especuladora, rodeado de fuerzas enemigas, es herido en el combate y pudo escapar espada en mano.

Logra entrar a Maracaibo, con las goletas Zulia, Salvadora, Guajira y las flecheras Atrevida y Guaireña, a las cinco de la tarde, pasando de cuatrocientas las bajas y otros tantos prisioneros.

Dos años después el Almirante español es jefe del apostadero de la Habana y es encargado de perseguir a los piratas en las Antillas, participa en acciones en México.

Ya siendo Brigadier es propuesto para Ministro de Marina, pero se queda en Cuba, en donde se prefieren sus servicios.

El 3 de abril de 1834 una enfermedad acaba con su vida a pesar de todos los intentos de los médicos de salvarlo. Sus méritos hacen que años después, se decretará el traslado de sus restos al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando y después de varios años por fin son llevados al lugar que hoy ocupan.

Así fue la vida de ese valiente marinero español, que honró a nuestra Marina Republicana, contando con rivales de esa talla.



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José Rosario Araujo


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