Andrés Bello: Libertador Intelectual de América

El 27 de noviembre de 2019 asistí a la Casa de las Letras Andrés Bello, atendiendo una invitación que me hiciera su presidente, el poeta William Osuna, quien organizó con su equipo la Semana de Andrés Bello en ocasión a los 238 años de su nacimiento. La ponencia titulada, “Andrés Bello, maestro del Libertador”, tuvo buena acogida por el público presente.

Sólo dos fueron los años, 1797 y 1798, en que Andrés Bello formó a Simón Bolívar bajo la fronda de lo que se conoce como el Samán de Bello, Árbol del Buen Pastor, Árbol de Catuche o Árbol de la Santísima Trinidad que aún vive en el bulevar Panteón cerca de la Biblioteca Nacional.

El 29 de noviembre de 1781 nace en el callejón de la Merced, hoy esquina de Las Mercedes, Andrés Bello. Este callejón llegaba hasta la hoy esquina de Luneta. Bello es blanco de orilla porque sus padres eran nietos de canarios. La Caracas que lo ve nacer contaba con un poco menos de 30 mil habitantes en una Venezuela que llegaba a 785 mil y estaba caracterizada por una cruel división en clases sociales: se calcula aproximadamente 400 mil pardos (hijo de negro y blanco), zambos (hijo de negro e indio) y mestizos (blanco e indio), 120 mil indios puros, 62 mil negros esclavizados y 200 mil blancos, entre estos europeos, canarios y criollos. El padre de Andrés Bello era músico. Uno de sus vecinos era Simón Rodríguez. Su primera novia es María Josefa de Sucre, la hermana mayor de Antonio José, a quien conoce en Cumaná.

Andrés Bello se dedicó a promover el trabajo como fuente de prosperidad y riqueza tal y como se demuestra en los aportes prácticos sobre las posibilidades de los recursos vegetales americanos escritos en sus artículos sobre el cultivo y beneficio del cáñamo, tomado íntegramente del Nuevo Diccionario de Historia Natural y de nueva especie de papa en Colombia, y en el texto “Descripción de la cochinilla mixteca y de su cría y beneficio”. Allí habló sobre este parásito y su aprovechamiento en la industria textil. De él se obtiene un colorante llamado carmín o grana cochinilla, apreciado por su intenso color rojo.

Andrés Bello es el libertador intelectual de América. En su Alocución a la Poesía le  pide a ésta: “tiempo es que dejes ya la culta Europa, que tu nativa rustiquez desama, y dirijas el vuelo adonde te abre el mundo de Colón su grande escena”. 

En el discurso de instalación de la Universidad de Chile, el 17 de septiembre de 1843, Andrés Bello pregunta ¿Estaremos todavía condenados a repetir servilmente las lecciones de la ciencia europea, sin atrevernos a discutirlas, a ilustrarlas con aplicaciones locales a darles una estampa de nacionalidad? Su respuesta es contundente: “Si no fuésemos capaces de hacerlo, no haríamos sino traicionar el espíritu de la misma ciencia que nos prescribe el examen, la observación atenta y prolija, la discusión libre, la convicción concienzuda”. Después insiste con otra pregunta: “La historia chilena, ¿dónde podría escribirse mejor que en Chile? Pocas ciencias hay que, para enseñarse de un modo conveniente, no necesiten adaptarse a nosotros, a nuestra naturaleza física y nuestras circunstancias sociales”.

Andrés Bello hizo toda una revolución gramatical en América. En 1847 escribe su Gramática de la Lengua Castellana en la que explica en el prólogo que: “el adelantamiento prodigioso de todas las ciencias y las artes, la difusión de la cultura intelectual y las revoluciones políticas piden cada día nuevos signos para expresar ideas nuevas; y la introducción de vocablos flamantes, tomados de las lenguas antiguas y extranjeras, ha dejado ya de ofendernos, cuando no es manifiestamente innecesaria, o cuando no descubre la afectación y mal gusto de los que piensan engalanar así lo que escriben (...) Si según la práctica general de los americanos es más analógica la conjugación de algún verbo, ¿por qué hemos de preferir la que caprichosamente haya prevalecido en Castilla?”

“Nuestra producción es nuestra victoria”, nos dice el presidente Nicolás Maduro. “Producir alimentos, ciencia y dignidad”, nos dice Kléber Ramírez Rojas. “El producto de la tierra en la mejor hipoteca”, nos dice Simón Rodríguez. ¿Qué nos dice Andrés Bello? Leamos las dos últimas estrofas de la Silva a la agricultura en la zona tórrida escrita en 1826 y que aparecen en un mural en el liceo Andrés Bello de Caracas: “¡Oh jóvenes naciones, que ceñida alzáis sobre el atónito occidente de tempranos laureles la cabeza! honrad el campo, honrad la simple vida del labrador, y su frugal llaneza. Así tendrán en vos perpetuamente la libertad morada, y freno la ambición, y la ley templo. Las gentes a la senda de la inmortalidad, ardua y fragosa, se animarán, citando vuestro ejemplo. Lo emulará celosa vuestra posteridad; y nuevos nombres añadiendo la fama a los que ahora aclama, «hijos son éstos, hijos, (pregonará a los hombres) de los que vencedores superaron de los Andes la cima; de los que en Boyacá, los que en la arena de Maipo, y en Junín, y en la campaña gloriosa de Apurima, postrar supieron al león de España»”. ¡Bello vive! ¡Honor y gloria para el polímata de América!



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Alí Ramón Rojas Olaya

Músico. Promotor cultural. Docente.

 elrectordelpueblo@gmail.com      @rojasolaya

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