¿Cómo evitar que la derecha privatice la educación? (I)

Pocos días atrás, el presidente Maduro, hablò del peligro que la derecha, en el supuesto que retorne al poder, privatizarìa la educación; tal circunstancia nos motivò a hacer las siguientes reflexiones, tomando en cuenta las bases materiales de la sociedad venezolana, de las cuales solemos decir una cosa, mientras acontece otra.

Me atrevo a inmiscuirme en este asunto porque es de mi incumbencia por diversos motivos. El primero de ellos, no sé si el fundamental, cosa que no me preocupa dilucidar, es el haber sido educador o docente por más de 40 años; la mayoría de los cuales me los pasé en el aula. Otro, el haber actuado como dirigente gremial, tanto en la FVM, la fundada por Luis Beltrán Prieto Figueroa, como en el Colegio de Profesores de Venezuela, seccional Anzoátegui.

Lo primero que quiero tratar es el asunto referente a la privatización de la educación venezolana durante el período puntofijista o IV república. Pero también es necesario quede claro, diáfano en la mente de la gente que la escuela o sistema educativo, comprende varios niveles y eso no puede evadirse al analizarla. Pero también que “privatizar” la escuela, significa o puede significar que la educación privada ya existente, crezca de manera sustancial y ello ocurra mediante el desplazamiento de la matrícula, de un lado al otro. Aunque la matrícula del privado ahora ronda en el 20 %, lo que no deja de ser muy significativo, pero que no cesa de crecer, tiene una resonancia importante en la disputa política venezolana. Desdeñar ese fenómeno es hacerle concesiones al capitalismo y permitir que una trinchera opositora se posesione y fortalezca.

Siempre he discrepado de la versión que asumió el presidente Chávez sobre este asunto. Imagino que habrá razones tácticas sustanciales que desconozco, para que un hombre tan perspicaz como aquél, adoptase esa interpretación.

Durante incontables oportunidades el presidente dijo que los gobiernos de la derecha intentaron privatizar la educación, permitiendo solicitar mediante la norma que amparaban las “Comunidades Educativas”, contribuciones o pagos por matricular a los alumnos. Al margen que eso fuese bueno o no, cosa que podríamos dilucidar aparte, porque no es en nuestro juicio lo esencial del asunto, se le consideró además, como una transgresión al principio constitucional de la gratuidad en el sector público de la educación.

Lo importante es que en esos tiempos, cada año, la matrícula del sector educativo aumentaba velozmente. Nacían nuevos colegios privados como hongos. Educadores y en gran medida empresarios privados nacientes o ya consolidados, con algún dinerito ocioso depositado en un banco cobrando menguados intereses, descubrieron el lucrativo negocio de la educación. ¡Y encontraron un amplio mercado para eso! Hubo educadores, en función de gobierno, que llegaron a plantear que el mismo financiase la educación privada otorgándoles créditos con ese fin a profesionales del área.

Esto nos lleva a dilucidar una contradicción. ¿Cómo explicar que el cobro de una cuota de inscripción, pertinente o no, generalmente muy modesta - quien esto dice quiere a esta altura recordar que se pasó la vida en la escuela- motivaba a los representantes a llevarse los muchachos a la escuela privada donde deberían pagar, allí si era y es verdad, matrícula de inscripción y una mensualidad, durante todo el año, incluyendo el período vacacional, casi prohibitiva?

La respuesta parece obvia. Lo es porque fue y sigue siendo, una manera errada, por las razones que sean, de enfocar o diagnosticar ese problema.

Las variables que impulsaron la privatización o aumento, que califico de injustificado, de la matrícula privada, son muchas. Pero antes, quiero dejar constancia que la prohibición que en las escuelas del Estado se siguiese cobrando “aporte para la Comunidad Educativa”, no ha impedido que la matrícula escolar privada siga creciendo. Se instaló como un negocio lucrativo exitoso para sus inversores y se ha convertido en una fuerza que suele desafiar al gobierno, desconocer sus dictados, hasta inmiscuyéndose en asuntos de política partidista que no le incumben, como hacer huelgas para tumbar al gobierno, y ha pretendido, en varios momentos, poner en duda el principio del Estado Docente.

No podemos, porque es un infantilismo, negar que parte cuantitativamente significativa del sistema educativo venezolano está privatizado. Al lado del aparato escolar público y gratuito, ha crecido enormemente otro de carácter privado, al cual los usuarios acuden en masa aunque tengan que pagar cuotas que descalabran los presupuestos familiares.

Eso tiene un costo político, clasista y cultural de gran trascendencia que no deberíamos ignorar.

¿Por qué pasó todo eso? ¿Fue por el argumento que las escuelas públicas estuvieron “cobrando” modestas cuotas de inscripción?

En principio, no es difícil afirmar que eso es un contrasentido. Pero no es lo importante; lo es, que no la sigamos asumiendo como una respuesta pertinente y sustancial y si ocultando o evadiendo las verdaderas razones.

Antes de continuar, quiero hacer esta pregunta. ¿Cómo se explica que un maestro o maestra de primer grado, o un grado cualquiera de la escuela Básica, en lugar de tener a su hijo en su matrícula o en la del colega que trabaja en la misma escuela, al lado suyo, lo inscribiera en una escuela privada?

Aparte del pago, plantéese el ajetreo que implica tener que llevar y luego recoger al niño en una escuela que, en la mayoría de los casos, estaba distante del lugar de trabajo de su representante maestro.

Si usted hacía la pregunta sobre el caso al interesado(a), la respuesta era esta:

-“Lo que pasa es que, en esta escuela se pierde mucho tiempo; generalmente estamos parados y la planta física está demasiado deteriorada. ¡Ni baños tienen los muchachos!”.

La derecha se trazó la estrategia de disminuir los “gastos públicos”, lo que en verdad es inversión, apelando, en el caso de la escuela, al deterioro. Esta última palabra es válida para aplicarla a la planta física, el sistema escolar mismo y hasta del docente. Lo más triste del caso es que el sindicalismo magisterial, incluyendo el de la izquierda, inocentemente le hizo el juego a la derecha. Por eso, optaron por ofrecerle al presidente Chávez, aquella infeliz explicación, unos porque no llegaron a entender nada y otros por ocultar sus pecados. Seguiremos con este asunto e intentaremos llegar al fondo lo que incluye continuar con la inversiòn y avanzar por cambiar la sociedad hacia el socialismo.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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