Las chamas del futbol, Pamela Conti, Yulimar Rojas y la bandera

Al parecer, según unas declaraciones que leí de Pamela Conti, Directora Técnica de la selección venezolana de fútbol femenino que ahora compite por la Copa América, las muchachas han sido objeto de severas críticas y hasta denuestos de parte de algunos aficionados.

Tal reacción, según lo que supe, se produjo a raíz del juego frente a Argentina, en el cual Venezuela, salió derrotada 1 a 0, pese según voceros del propio equipo gaucho, coincidente con lo que nosotros observamos, el nuestro llegó más veces a la portería y mantuvo mayormente el control del balón.

La Conti, en un gesto de solidaridad con las jóvenes a quienes dirige, quizás hasta de autocrítica, declaró que prefería se metieran con ella y no con las muchachas.

Si bien es verdad, no soy experto y poco sé del manejo técnico, táctico y estratégico de ese deporte, sí bastante lo he visto a lo largo de mi vida y me agrada en demasía; tanto que, como ya dije, suelo ver fútbol con frecuencia.

Por lo anterior, me atreví a hablar antes de una posible "autocrítica" de la Directora Técnica, quien lleva ya cierto tiempo al frente de nuestra selección y, hasta donde sé, ha hecho un excelente trabajo.

Pero en esta Copa América, desde el arranque, cuando las nuestras le ganaron a Uruguay 1 x 0, con un excelente disparo de media cancha a balón parado de Deyna Castellanos, he venido observando, es esta la percepción de alguien que poco sabe de fútbol, sólo lo ve con cierta frecuencia, que las nuestras juegan como muy distantes unas de otras en base a pases bastante largos, lo que les hace perder muchos balones y llegar a la portería muy dispersas y sin suficiente orden. Lo que es pertinente a un planteamiento táctico de la dirección técnica.

No me cabe la menor duda que, en ese equipo abundan excelentes jugadoras, donde Deyna Castellanos, pese haber jugado en el Real Madrid y ahora en el Manchester, no parece, por lo menos en este certamen, la mejor de las nuestras. Es posible haya razones que la obliguen a bajar su nivel de juego o es que como he visto, que en nuestra selección hay por demás jugadoras talentosas y bien dotadas físicamente como ella.

Con todo lo anterior quiero decir o fundamentar el reclamo de Pamela Conti, al cual me referí como una posible autocrítica, que le echen la culpa a ella o la hagan objetivo de los reclamos en apariencia desagradables.

Quienes con frecuencia me leen, con pertinencia se estarán preguntando, ¿por qué Eligio Damas, se mete en esto de crítico del fútbol, un asunto al cual es ajeno y lo hace ver como un diletante y hasta provoca le digan "zapatero a tus zapatos? Buena pregunta, pues no es del fútbol del cual ahora quiero ocuparme aunque eso parezca. Y no lo es por lo que ya dije, poco sé de eso para pretender enmendar la plana a Pamela Conti, quien sí sabe bastante y por nuestro fútbol ha hecho una gran labor.

Porque no es eso, el fútbol, justamente el objetivo de este trabajo, ahora salto a Yulimar Rojas, para al final de este artículo llegar a lo que me propongo.

Yulimar Rojas, es hoy y lo va a ser por mucho tiempo, la más grande atleta que hemos tenido los venezolanos. Cualquiera, no es esto asunto que deba decirlo, no soy el más competente, sabe de sus marcas y como, en breve tiempo, ha dejado atrás las anteriores. No obstante, debo decir pocas pero importantes cosas; pese todavía le queda mucho tiempo por delante, y está en la etapa de su vida cuando los triplistas alcanzan sus mejores condiciones y marcas, quienes le siguen están quedando muy atrás. Es decir, entre ella y sus competidoras a nivel mundial hay demasiada distancia y se acerca a la marca de los 16 metros que, de lograrla, pasarán muchos, muchos años para que alguna atleta pueda llegar hasta ella. Por lo que debo decir, sin duda, que Yulimar es hoy una de las más grandes atletas del mundo.

Pero esa excelente atleta, orgullo de Venezuela, creció y se formó en un humilde barrio de Puerto La Cruz, poblado en gran medida por margariteños y sucrenses de cuando esta ciudad comenzó a expandirse. Su hablar es el propio de los orientales y de una joven que tuvo pocos estudios, pero que no desperdició su talento como lo demuestran los resultados. Pero fue en oriente donde nacieron y se formaron dos de las voces más altas de la poesía hispanoamericana, Andrés Eloy Blanco y José Antonio Ramos Sucre.

Digo lo anterior, me refiero a nuestra más grande atleta de toda la historia, porque ella también fue víctima de ofensas por las redes por su forma de hablar y hasta gesticular. Le dijeron frases por demás desagradables e insultantes que si bien de nada sirven, porque donde Yulimar vaya será recibida como lo que es y será hasta objeto de veneración. Tanto que, desde el mismo día que cerraron los anteriores juegos Olímpicos, el Comité correspondiente a Francia, donde se jugarán los próximos, empezó a usar su imagen para la promoción de esos futuros juegos. Y ese mérito no lo alcanza ningún idiota.

¿Pero por qué esa agresión de baja calidad humana contra un personaje que nos llena de orgullo y ha hecho más por nosotros que muchos egresados universitarios con títulos de sobra o personas que, por su origen social, pudieron acudir a buenas escuelas, pero nunca salieron de la oscuridad?

El secreto está en que Yulimar siempre procura dejar expresa constancia de su amor por su país, que suele ser más profundo, entre quienes como ella, nacieron y se criaron en barrios humildes y en ranchos que, como ella dice, "se mojan cuando llueve", como el donde creció, en el barrio Pozuelos de Puerto La Cruz y porque suele arroparse con profunda ternura con la bandera nacional, la de las 8 estrellas.

Hay una clase política, que ha venido por distintos medios, realizando una intensa campaña, como parte de su estrategia para deshacerse del gobierno, llena de modalidades, gestos, como repudio a la bandera de 8 estrellas y a quienes manifiesten su amor por la patria, al margen de consideraciones que no vienen al caso, destinada a generar, incubar, odio contra todo lo venezolano y lo que al país le dé prestigio y resonancia, como Yulimar y la selección femenina venezolana de fútbol.

Quienes aún quedamos de aquella generación que combatió contra Pérez Jiménez y luego hicimos oposición al puntofijismo, asumimos aquello justamente por el amor profundo que tuvimos y tenemos por nuestra patria y las conquistas de nuestros atletas, como aquella inolvidable, justamente en salto triple masculino, donde apenas un muchacho como Arnoldo Devonish, no sólo obtuvo la medalla de bronce, sino que obligó, a quienes le sobrepasaron, entre ellos el brasileño Aldemar Ferreira Da Silva, el sempiterno campeón en la especialidad y con bastantes años de edad por encima del nuestro, tantos como quien alcanzó la de plata, un ruso, a batir tres veces seguidas el récord olímpico, nos llenaban de alegría y orgullo. Así nos sentimos también, cuando en México, en juegos olímpicos, un humilde muchacho cumanés, parco al hablar al público, por razones obvias, Francisco "Morochito" Rodríguez, conquistó nuestra primera medalla de oro en esas competencias. Nuestra disposición a luchar contra los gobiernos de turno, nada tenían contra aquellos atletas y valores que eran también nuestros. Al contrario, sus triunfos nos llenaban de alegría, orgullo, optimismo y más amor por Venezuela.

Ese repudiar a las muchachas del fútbol, que no es criticar el estilo, estrategia o táctica del juego y las manifestaciones de odio contra Yulimar, por su manera de hablar, la típica y correspondiente a una muchacha nacida y criada por orientales y entre orientales humildes y de pocos estudios, forma parte de una estrategia, de eso que suelen llamar la guerra de IV generación, destinada a desintegrar la nacionalidad.

Y eso no es nada diferente al odio que difunden a la bandera de 8 estrellas, por habérsele agregado, en base a un decreto de El Libertador, a raíz de la liberación de Guayana, gracias a la acción guerrera del general Piar, la octava estrella. Y, en lugar de pedir que se le agregue la que todavía falta, la novena, la correspondiente a ka que fue la provincia de Maracaibo, usan aquel noble gesto, aprovechándose de la ignorancia, en una oportunidad para repudiar la bandera, la nacionalidad y prestarse para los intentos y deseos malsanos desintegracionistas de conocidos factores.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com      @elidamas

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