Extremos que se tocan

No es original este título y confieso que la primera vez que lo leí fue de un verso de Aquiles Nazoa. Pero es lo que vino a mi mente para encabezar este artículo. Como explicación digo que no hablo sobre cosas extrañas o distintas entre sí; más bien se trata de situaciones parecidas con protagonistas que buscan los mismos rumbos, que en su esencia se tocan, son una misma cosa.

Me refiero a la agresión por parte de una jauría fascista contra el compatriota cofundador de este espacio, Gonzalo Gómez y a otra sufrida por el Pueblo Yukpa a manos de otra jauría tan impía como la primera.

Debo agregar que al tiempo que reconozco una tardanza de casi una semana para expresar mi solidaridad para con el primero, invito a todos a elevar masivamente la voz de apoyo a un Pueblo Hermano que tiene más tiempo que nosotros andando estos rumbos y resistiendo las dentelladas de mil y un bandidos con el paso de los siglos. Solo en estos tiempos de revolución comienzan a restañarse sus heridas.

La ambición y la sed de sangre es la misma, el odio y el egoísmo surgen desde cuevas contiguas y la podredumbre moral que inunda sus actos les tiñen delatándolos. Ni el trabajo comunitario en las ciudades ni la convivencia ecológica de nuestros sapientes Pueblos Originarios, es visto por estos energúmenos en su justa dimensión, si no que representan para ellos una afrenta que solo puede resarcirse a trompadas, palos, tiros, amenazas de muerte y el cumplimiento de tal.

En estos dos extremos, aparecen como ingredientes comunes el descaro y la bravuconería, amparados en la impunidad. Se arremete con relativa facilidad contra hombres y mujeres que asumen el compromiso de fortalecer el proceso revolucionario, como si una cosa fuese inherente a la otra. La ira de un terrateniente fulmina en un instante un siglo de conocimiento contenido en un anciano y además de la vida humana se pierde parte del acervo de los Hermanos Yukpas, que se transmite de boca en boca desde tiempos remotos.

Dice Evio Di Marzo en su “Selva del Tiempo”:

“El destino que te aguarda Dios lo tiene calculado

Y por más que tu te empeñes con el diablo de tu lado

Las estrellas de la Selva nunca podrás alcanzar

Por tu afán, tu afán de codicia…”

En estos tiempos en los cuales estamos por inscribir una nueva victoria para la Patria, trata la canalla golpista de reeditar su afán de codicia en las urbes y en los campos. Su total carencia de ideas para debatir en los foros democráticos, les lleva una vez más a transitar los vericuetos de la trampa y la agresión. Incapaces de un discurso que encienda y motive a sus seguidores, acogen en su seno a aspirantes a piromaniacos y a bribones trashumantes. Sin habilidad para unirse, pretenden aupar como ejemplos a sus inhabilitados con el desparpajo de quienes han perdido toda vergüenza pública, como excusa para despotricar de autoridades e instituciones.

Hoy surgen sus atavismos coloniales anhelando aquel orden de castas y jerarquías fundadas en prejuicios de reyes, para tratar de contener a un Pueblo que también coincide en sus extremos para avanzar por la senda del Socialismo, del Humanismo como conciliación con la Pachamama, abrumada de maltrato imperialista.

Rindiendo tributo a su contumaz lema de “ni un paso atrás” se desbocan otra vez hacia la senda golpista, cual cánidos pavlovianos ante el timbre de Washington.


pladel@cantv.net


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Plácido R. Delgado


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