Doctorado Honoris Causa para Nixon Moreno piden en la ULA

En un informe reciente, sobre los últimos 25 años de actividad científica en Venezuela nos encontramos con que en investigación estamos muy atrasados. Nuestras universidades autónomas no tienen en su dirección a pensadores sino a mediocres políticos o abúlicos seres cuya aspiración es seguir medrando a costa del Estado. ¿Cómo se explica que el Consejo Universitario de la ULA utilice gran parte de su tiempo para discutir la situación de un burdo malandro que por no dedicarse jamás seriamente a estudiar, y siendo utilizado por las mafias de los partidos para perturbar a Mérida, acabe refugiado en la Nunciatura? ¿Tenía buenas notas, Nixon? ¿Era un prospecto de científico o pensador? ¿Había escrito una tesis digna de publicación? ¿Se codeaba en el saber de tu a tu con los de mejores calificaciones? ¿Era un verdadero ejemplo para la juventud por lo exigente con que estaba cumpliendo con sus programas de estudios? ¿Era un pequeño Convit, De Venanzi o Fernández Morán? ¿O es que la ULA jamás ha dejado de ser un vil cuartel de los partidos que defiende intereses meramente personalistas? Un pequeño examen sobre la historia de Venezuela a todos esos señores que se han embanderado con la causa de Nixon, revelaría resultados espantosos. Pero bueno, tienen a la ULA como su reducto, como su alcázar para resistir contra cualquier decisión del gobierno que trate de hacer más soberano, más organizado y decente a nuestro país. Y esa ULA no está sola, tiene a poderosos medios de comunicación, a la Iglesia, a los empresarios y a la Embajada Norteamericana.

Por allí anda un grupo de enjundiosos luchadores universitarios que están recogiendo firmas para que se le otorgue un Doctorado Honoris Causa a Nixon Moreno, y se molestan horriblemente cuando se les dice que por que no más bien, un HONORIS GUASA. Así está el país para estos señores de la alta academia. ¿Pero acaso la ULA no le confirió un Doctorado Honoris Causa a Gonzalo Barrios y otro a Guillermo Mojón quien ha pedido sean barridas de Venezuela las etnias aborigen? Que se lo otorguemos a Nixon no significa un carajo, ¿y entre Nixon y Guillermo Mojón por quién votaría usted? Hagamos una encuesta.

Hoy esta delicada “Gente industriosa, investigadora y academicista” de nuestras universidades autónomas está otra vez de plácemes, por otro triunfo más de la causa que representan, se escapó Lapi. Esta ESPANTOSA JUDIYERA tiene realmente de cabeza al gobierno, y nadie repara en escarmiento, porque los dueños de las cárceles están también por la causa de los conspiradores y alzados.

Pues bien, nuestras universidades autónomas están tan atrasadas como las Haití, Honduras o República Dominicana. Muy por debajo de las de Brasil, Colombia, Chile y Argentina. Un informe revela que nuestro Estado gasta tanto como estos últimos países en proyectos de investigación, pero que por otro lado, nos encontramos entre aquellos cuyo inmenso gasto en esa misma área no acaba por revertirse en proyectos que contribuyan al desarrollo nacional, a la producción industrial, tecnológica, agrícola, ganadera. Nuestros “notables” investigadores publican para que se les reconozca fuera, y sus ideas sean utilizadas por otros extraños a nuestra tierra. A algunos les da asco hacer cosas de las que podamos obtener algún provecho inmediato. No quieren infestarse ni mucho menos rebajarse, ofreciendo una ayuda o colaboración con las misiones Robinson, Ribas o Sucre. Un médico de los que viven en eternos paros, gestado en las aberraciones de la IV República, jamás se meterían un barrio a atender pobres.

Pues bien, cuando el gobierno de Chávez enfrentó a los neoliberales, los “genios” de nuestras universidades autónomas pronto se cuadraron contra su proyecto, y sus “investigadores” no tuvieron ningún escrúpulo para alinearse con los quemacauchos del Movimiento 13 que con millares de afiches en la ciudad pedían un rotundo “NO A LAS CLASES”, a finales de 2002 y que sostuvieron tal posición durante tres meses.

Esa misma alta dirigencia universitaria se plegó al guarimbazo; le pareció muy bueno que a Mérida la hubiesen llenado de mierda por los cuatro costados; regando la basura, quemando cauchos, partiendo millares de botellas en sus calles, destruyendo semáforos y desencajando alcantarillas, y llenando de escombros sus calles y avenidas. En medio de aquel incienso monstruoso y horrible, en medio de aquellos miasmas y desastres, la “Gente de la ULA” no reclamó decencia, respeto o compostura universitaria para con estos genízaros. La academia se les fue al carajo, porque lo que la gente de Nixón hacía era a favor de la democracia, de la libertad de expresión, por la propia autonomía y para la defensa del Reafirmazo, del Refrendazo, y cuanto llamado hiciera la fenecida Coordinadora Democrática. Del guarimbazo pasarían a la llorona de protestar por la violación a los derechos humanos. A la diarrea de remitidos y protestas contra el gobierno nacional. Nuestros “genios investigadores” nada dijeron de estas barbaridades, y en el fondo las celebraban porque según ellos pueden contribuir a la caída del tirano, del dictador que los tiene aherrojados, turbados, torturados y amargados, aunque eso sí devengando unos sueldazos.

En realidad tienen miedo de perder sus fueros locales, los poderes de sus taifas, sus amuralladas sabihondeces, sus siervos, sus prebendas y privilegios. En esos no hay nada de principios, de valores humanos, de lealtad y conocimiento por la patria. A sus nombres adscritos en la prepotencia del saber. Temen desprenderse de esas categorías con extensiones jurisdiccionales que tocan a las bolsas que dan y reparten plata al por mayor. No son universalistas sino cogollistas, endogamistas, incestuosos y partenogénesicos, meritocrateros, clientelares y chusqueros, que nada tiene que ver con la denominación original de studium generale.

Es una triste paradoja que cuando Chávez recibe su gobierno encuentra un territorio diezmado por la ingerencia de los desalmados politiqueros en todos los niveles de la actividad económica, educativa y moral, pero los que antes pedían el cambio que él decide iniciar, entonces los “animales” milagrosamente se hicieron “Gentes”, civilistas, humanistas, defensores de la libertad y del progreso. La elite que venía monopolizando el concepto de cultura, de investigación y progreso se aferra, enquistada en las universidades. Sigue secuestrando al concepto de Autonomía, de Academia y de investigación, y comienzan a gemir porque EE UU los adopten como sus preferidos pets (mascotas) del Sur. Todo se les vuelve pesadilla. No se concibe una salida propia para nada. A algunos les da ascos ser negros o mulatos. La mayoría piensa que no vale la pena intentar el desafío de ser soberanos e independientes, ser lo que somos en esencia. Eso sí: siguen viajando porque desean mejorar la raza y parearse a sus esclavistas. Los aeropuertos continúan abarrotados de estos privilegiados profesores o profesionales que van a Congresos a presentar sus maravillas intelectuales, recibiendo sus viáticos en dólares repontenciados, al tiempo que apoyan las gestas de Nixon, sus estudios sus valores morales y politiqueros. Cada vez que salen se echan atrás al país, se olvidan de él como quien trata de olvidarse de un cáncer. Afuera se sumergen en el rutilante mundo de Disney, de los centros comerciales, de los freeways, de las playas. Para ellos el país está horriblemente hundido en la corrupción y así debe seguir hasta el fin del mundo, que podamos ser el hazmerreír de América Latina por nuestra educación esos no les incumbe, pero bueno, el que venga atrás que arree.

Estos ambivalentes, sin patria, que llevan y traen maletines dorados cargados de “papers”, que de vez en cuando se dan un baño de civilización tratando blancos y “gente de buen gusto”, pero cuando regresan, dicen: “¿Cuándo será que este maldito país sea de Gente como nosotros?”. El atraso del país no es cosa que les ataña. Ellos no tienen nada que ver con eso. Fue algo que se engendró sin sus concursos. Toda la vida han sido simples espectadores de los desastres. Para esa vaina son y se hacen “Gentes”.

Están convencidos que el país no lo merece a ellos, y que ellos hacen más de lo que deben. Que ellos en realidad debieron haber nacido gringos, blancos y hablando inglés. Consideran que ha sido una horrible desgracia haber nacido en esta parte sur del continente, y a además, ¡HORROR! Tener que sobrellevar ese color que los delata como atrasados, flojos y delincuentes. Un fin de semana cualquiera se reúnen con otros de su clase para compartir una parrillada (ya la llaman barbikiú) y libar buen licor. La ocasión sirve sobre todo para hablar de la situación política y económica del país, y sobre todo de los nuevos carros que casi no se consiguen porque vivimos delirando “en el mar de la felicidad”. De los ladrones que son los rectores de las universidades, los equipos rectorales y los consejos universitarios. Los desastres que hacen éstos, lo devaluado que se encuentran sus sueldos en comparación con lo que devenga un profesor universitario en EE UU. Con lo que cobran en bolívares no pueden viajar todo lo que quisieran, apenas si comprar en el exterior poca cosa. Consideran a dónde irse en el próximo año sabático. A dónde huir de este negraje y de este desorden. Van refiriendo lo que se robó fulano y en lo que no hubo sanción ni juez que se atreviese a dar un castigo. De la manera vil como mataron a un colega de trabajo cuando en compañía de su esposa llegaba a su casa y a ésta la violaron; de las chatarras que nos venden, de los negocios, cobros de comisiones y sobreprecios; de los oscuros contratos, de las huelgas injustificadas, y de los perversos usos que se hacen de nuestros capitales por parte de unos mantenidos y vagos con vitalicios fueros sindicales. De la clase empresarial que sólo vive de la especulación y de la importación. De la apabullante desconfianza en todo, en un sopor de agonías y aburrimientos totales, con dirigentes abúlicos e inanes, en medio de una atmósfera de incapacidad para detener la ruina de todo. No hay otro tema que el de la disección del pus y de la putrefacción del Estado.

Llega el gobierno de Chávez y esta misma clase que ansiaba cambios profundos, encuentran al nuevo presidente feo, escandaloso, agresivo, negro, malcriado, altanero, irrespetuoso. Inmediatamente comienzan a suspirar por lo que tenían, encuentran a los mismos rectores del pasado que eran una mierda, ahora maravillosos, dignos ejemplares republicanos. A los dirigentes sindicaleros que jamás han trabajado, exquisitos; a los dirigentes estudiantiles vagos que tienen diez y quince años sin graduarse y riegan basura por las calles, bellos, benditos y sagrados, y dignos de ser defendidos por el Consejo Universitario. Lo que antes era trabas para el progreso ahora símbolos supremos de democracia y libertad. A los magistrados aquellos que liberaban narcotraficantes, que dejaron en libertad a tantos ladrones de cuello blanco, que en realidad nunca se ocuparon de hacer justicia, ahora con Chávez están convertidos en adalides del estado de derecho, de la verdad y de los deberes ciudadanos. Todo el funesto pasado ha sido entonces revestido con la gracia de lo más noble y glorioso. Todos aquellos profesionales, sabios investigadores, pulcros luchadores que incluso desde la izquierda ansiaban un honorable y digno lugar de nuestro país en el mundo; estos señores, digo, se fueron entonces a protestar a la Plaza Altamira con unas banderitas que antes odiaban o desconocían totalmente; con unas gorritas cargadas de símbolos que despreciaban; con unas consignas patrióticas que nunca hicieron relucir en el pasado. Comenzaron a corear que nos iban a cubanizar, que había llegado un dictador, un tirano que nos iba a quitar lo poco que teníamos. Con ese egoísmo miserable se lanzaron con sus garras, con sus uñas y dientes a la calle. Y en nombre de la patria se realizaron el mayor sabotaje contra la economía del país que decían querer. Con la mayor saña pedían a gritos que mataran al presidente, y que los marines invadiesen a Venezuela. Con la mayor falta de escrúpulos le pedían a todos los organismos internacionales: a la SIP, a la OEA, a la OIT, a la Comisión de Derechos Humanos, a Periodistas sin fronteras, que se sancionasen a Venezuela, se la interviniesen.

Ellos no estaban para aportar nada sino para que se les diera como siempre. Comenzaron a decir que el gobierno no les consultaba nada, ni los llamaba para asesorar en ningún campo de la academia, de la política, de la economía. Que el gobierno les desconocía sus dones y sus conocimientos, sus valores y calidades científicas y humanas. Fue por ello por lo que se pasaron al bando contrario a negar a ultranza cuanto éste hiciera y propusiera.

Esta gente aplaudió entonces el golpe de estado de Pedro Carmona Estanga, y fue la que participó en cientos de marchas al lado de asesinos y ladrones que ahora andan huyendo por el mundo. Fue la que celebró la masacre en Puente Llaguno y en Altamira, como paso imprescindible para echar abajo al tirano. Fue la que aplaudió y participó poniendo su Granote de Arena en los tres meses de paro petrolero que le hizo perder a la Nación más de quince mil millones de dólares, aunque ellos jamás hubiesen dejado de cobrar lo que no merecen (y aumentando pavorosamente sus patrimonios personales). Fueron estos “patriotas” los que secundaron los actos criminales de unos sinvergüenzas y de unos burdos politiqueros como Manuel Cova, Carlos Ortega, Patricia Poleo, Carlos Fernández, Juan Fernández, Enrique Mendoza, Henry Ramos Allup, Enrique Salsa Römer, Carlos Andrés Pérez y los patiquines ultra derechistas y ladrones de Primero Justicia.

Ahora pareciera que para esta “Gente”, la misión de la Universidad es mantener a los muchachos ocupados quemando cauchos, trancando avenidas, lanzando escombros en las calles. Para que luego salgan a engrosar las filas del desempleo, hablando pendejadas en las esquinas, en los café y en las plazas. Es decir que entre nosotros, en cuanto a Universidad, se están cumpliendo en parte los principios de Ortega y Gasset, pero del revés. ¿Qué tal?

jrodri@ula.ve


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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