Corto, claro y raspao

A sangre fría

Editorial

No se trata del libro y la película de Truman Capote, In Cold Blood (“A sangre fría”) , donde dos asesinos, entran a una casa de una familia, los Cutter, formado por la pareja y dos hijos, y bajo una violencia y ensañamientos inusitada, acabaron con la vida de esta familia, de un pueblito de Kansas. Los asesinos fueron capturados y llevados a la silla eléctrica. En efecto, no se trata de esa historia que investigó a fondo el periodista estadounidense Truman Capote, y dio origen a su novela, sino se trata de lo que acontece en Venezuela. En tú país, en mi país, en nuestro país. Crímenes, como el de Eliecer Otaiza, y como el más reciente, el de Robert Serra, suceden a cada momento en Venezuela. La pregunta es: ¿Qué nos ha pasado a los venezolanos y venezolanas? ¿Hemos perdido nuestra capacidad de asombro?

1.Violencia importada

No cabe ninguna duda que los crímenes políticos de Eliecer Otaiza y Robert Serra, no tienen su origen en Venezuela. Nosotros no hemos llegado a ese grado de degeneración, de la pérdida del sentido de la vida y la implantación, en su lugar, de una violencia criminal jamás vista en nuestra Patria. Nuestros delincuentes a asumido el rol de matar por matar, al estilo de “Sangre fría”, bajo los efectos de la droga y por encargo. Bien lo dijo Ernesto Samper, ojalá Venezuela no caiga en los caminos oscuros en que cayó Colombia. Pero, lamentablemente, ya estamos transitando ese camino, con el apoyo importado. Y poco a poco ha ido ganando terreno, entre nuestra sociedad, esa cruel manera de solucionar los conflictos de los seres humanos. La ley de l a jungla.

2. El crimen por “encargo” se generaliza

En todo el territorio nacional, se habla de sicariato, como si habláramos de comer empanadas. Ya no asombra a nadie ese hecho también importado. Cualquiera desavenencia entre dos personas, entre una pareja, etcétera, se acude a los sicarios. Cualquier problema entre sindicalistas, se acude a los matones. Ya nada escapa a este flagelo del sicariato. Mientras pasan los días, vemos como este mal se extiende por todo el suelo patrio. Las policías, del nivel que sean, se encuentran maniatadas ante la arremetida feroz del sicariato. Una modalidad que aterroriza a la población, por su efecto multiplicador y terrorífico. El ciudad común luce impotente ante este flagelo. Tememos salir a la calle, y si lo hacemos nos invade un estrés que mina nuestro ser. ¡Solo Dios, podrá salvarnos!

3. ¿Existe el Diablo?

Yo no sé qué piensa usted, apreciado lector. Desde niño me enseñaron a creer en Dios, pero no en el Diablo. Algunas personas creen que no existe, que sólo se trata de un símbolo bíblico. Otras personas sí creen que existe, y que está presente en la Tierra. ¿A caso es tan sólo un símbolo del mal? ¿O tiene su influencia en mentes desquiciadas? ¿Qué piensa usted de esas personas que asesinaron a 43 estudiantes en México? ¿Qué piensa usted de ese grupo criminal que asesinaron a Otaiza? ¿Qué piensa usted de esos mal paridos que asesinaron a Robert Serra y a María Herrera? Aunque yo no creo en es símbolo, pareciera que se les metió el Diablo en la cabeza, y guió sus manos asesinas hacia el objetivo, causándoles torturas, violaciones y sufrimientos hasta quitarles la vida. Vida que se las dio Dios.

¿Qué pasa en Venezuela, ahora mismo?

Estamos, presenciando los venezolanos, crímenes horrendo, por todos lados. Nunca visto, en la Patria de Bolívar y de Chávez. Las informaciones nos agobian y nos causan estrés con los titulares. Pero las cosas se agravan. Hace poco un estudiante de bachillerato le quito la vida a un compañero de una certera puñalada, fuera del recinto de estudios. Vemos como PNB se están matando entre sí, por robo, por rencillas, y por actos delincuenciales. Se trata de los integrantes de la nueva policía naciado en revolución, graduados en un instituto universitario especialmente creado para ellos. Son jóvenes la mayoría del la PNB. Pero llegaron a la institución dañados: con el Diablo metido en sus cabezas.

4. ¿Quién puede salvar a esta sociedad?

Para salvar esta sociedad, donde lo que impera es el valor del dinero fácil, tenemos que actuar todos, toditos. Porque todos somos víctimas del mal, reflejado en una juventud torcida, con apoyo interno, pero sobre todo externo. ¿Qué hacemos, entonces? Urge que nos unamos, oposición, los partidos políticos, el gobierno, iglesia, los maestros y profesores, los comunicadores, los periodistas, las redes sociales, las ONGs, otros organismos e instituciones, en una campaña, por todos los medios disponibles, para hacer conocer la diferencia entre el bien y el mal. Y apuntalar los verdaderos valores que se nos han ido de vacaciones.

Se afirma que el monóxido de carbono es un gas invisible, como lo es la electricidad, y sin olor que mata a sus víctimas antes de que puedan saber lo que pasó. “Se calcula que la mitad de las muertes por envenenamiento en el mundo deben a este gas. Pero no hay porque tenerle miedo. Existen sistemas para detectarlo y tomar medidas. Muchas personas instalan detectores y actúan en cuanto se activa la alarma”.

¿No les parece que el Diablo se parece bastante al monóxido de carbono? A mí me parece que sí. En efecto, el Diablo no es invisible, pero actúa y se siente su presencia. ¿No creen ustedes que esas personas, como los asesinos de los 43 estudiantes mexicanos, como los que ajusticiaron a Otaiza y quienes se ensañaron contra el joven Robert Serra, sentían la presencia de Satanás en sus cuerpos? No tengo duda de ello. Porque alguien que crea en Dios y que lo sienta en su corazón puede actuar de semejante forma.

5. Unidos, unidos contra el Diablo

Todos, como un solo hombre, como una sola mujer, en fin, todos somos uno, por lo que tenemos que vencer estos maleficios que ha caído en un grupo de venezolanos, que se han dejado influenciar por prácticas foráneas. Tenemos que hacer como Jesús, cuando se enfrento al Diablo y lo venció. Tenemos que actuar como Florentino, que entre verso y verso, se lo llevó hasta el amanecer, cuando el Diablo no le quedaba otra que huir. Dice Hamlet en uno de sus poemas:

Todo depende de la luz,

de la manera de iluminar las cosas…

Todo depende de la forma,

de los contornos,

de las interpolaciones y

de las dudas.

Todo también depende

de que el tiempo nos marque,

de que los espacios nos den los titulares.

El verdadero problema es elegir entre

perseguir las sombras

o resignarse a ser perseguido.

Un extraño “To be or not to be”

en este casi ser

en este casi no ser.

Salir desde las sobras

o hacer las sombras perdurables.

Y en última etapa del abismo

después de liberar a los otros,

a todos los que son los otros,

recordar,

sin urgencias,

que uno es el preso.

y a partir de allí…

liberarse.

6. Entra HAMLET

En el Acto Tercero de las obras dramáticas de HAMLET, Acto III, dice al entrar: HAMLET.--¡Ser o no ser: he aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar la armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir…, dormir; nomás! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos, que constituyen la herencia de la carne!... ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevivir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos liberado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio! (…). ¿En qué estaría pensando Shakeaspare cuando puso en boca de HAMLET estas palabras? ¿Quién sabe? Pero nosotros, los venezolanos, no podemos conformarnos con nacer y morir asesinados a sangre fría.


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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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