O acerca de cómo se construye el discurso de la historia-conocimiento

Academias Nacional de la Historia y centro Nacional de Estudios Históricos

Nos enteramos, no sin sorpresa y alegría ciertamente, la mañana del jueves 16 de mayo del corriente año 2019 que el Prof. Reinaldo Rojas ha sido admitido como ¡Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia! ¡Albricias!

Aunque no sabemos aún la silla y/o letra que ocupará y cuándo será su discurso de incorporación (y quién le contestará, digamos); pero de seguro habrá de ser una pieza memorable sobre la naturaleza y los desafíos de la disciplina histórica en los tiempos actuales; que si nuestros esmirriados salarios docentes universitarios nos lo permitieran quisiéramos estar presentes allá en el impresionante Palacio de las Academias, que alguna vez hemos visitado para los modestos trabajos de investigación que hemos desarrollado por cierto teniendo como tutor, precisamente, al historiador larense que ahora ingresa a la muy conocida corporación, sobre todo hacia el año 2001.

Como Cecilio Acosta dice que "Toda vida es una obra", convendría señalar brevemente lo que recordamos al vuelo de la trayectoria del nuevo académico. El Dr. Rojas es Profesor de varias generaciones de egresados universitarios, tanto del pregrado en Ciencias Sociales, mención Historia del instituto Pedagógico de Barquisimeto Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, núcleo de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL-IPB), de la que es Jubilado como de la Maestría en Educación, Mención Enseñanza de la Historia. Postgrado del que es fundador en ese mismo centro universitario y del Doctorado conocido bajo el acrónimo PIDE (Programa de Estudios Avanzados en el Convenio Interinstitucional UPEL- UCLA-UNEXPO), del que fuera su Coordinador hacia finales de la década de 1990 y el año 2002, aproximadamente.

También fundador y profesor-tutor de otros programas de maestría en historia económica y social de Venezuela en las universidades José María Vargas, Centro Occidental Lisandro Alvarado, UCLA, Doctorado en Historia de la Universidad Santa María, Doctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad Fermín Toro (Jurado y Tutor), tutor del Doctorado en Historia de la Universidad Central de Venezuela, Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña (UPEL-IPB), entre otros en Venezuela y en el exterior como por ejemplo en la Universidad de Estrasburgo, Francia, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, UPTC y/o RUDECOLOMBIA, entre otras donde ha sido conferencista invitado, profesor y tutor, conferenciante internacional, por ejemplo en Turquía donde en el vuelo del avión se leyó la novela "Estambul, ciudad y recuerdos", del Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk pero creemos que tiene pendiente salvo indicación contraria suya otra de las creaciones de esta figura ya universal como es "El museo de la inocencia", donde recrea la dinámica de la burguesía en aquella ciudad bisagra entre Europa y Asia, según es fama y que es una forma de historiar procesos del pasado que aún tiene expresión en el presente (por cierto el Dr. Rojas tiene un ensayo sobre la novela histórica en uno de los números de la Revista de la Clínica Razzetti de Barquisimeto, según pudimos observar en el puesto de libros usados del Sr. Francisco Suárez, Plaza General en Jefe Pedro León Torres, carrera 19 con calle 23 y que según nos comentara la Profesora Gladys González esa reflexión fue parte de un seminario que dictara don Reinaldo en la Maestría en Lingüística que ofrece u ofrecía porque ya no quedan alumnos en la UPEL-IPB)

Bien ganado tenía ya el Dr. Rojas tal reconocimiento a su labor en la Ciencia de Clío, como acota la Revista Sic-semanal versión digital (consulta 17-05-2019). "¡En hora buena!" escribió el difusor de esta noticia altamente relevante en el campo cultural larense y venezolano en general, en un twist uno de sus nuevos pares académicos, Dr. don Tomás Straka: joven de la élite intelectual caraqueña que, como historiador profesional adscrito a esta corporación centenaria que es la Academia Nacional de la Historia de Venezuela y personal académico ordinario de la escuela de historia de la UCAB, tiene ya una obra consolidada si bien, como todo, sujeta a discusión porque hace parte a todas luces de una cierta narrativa que pretende deslegitimar de la historia patria, romántica y la heroicidad de la gesta emancipadora sino crear desencanto; este es un juicio de valor personal pero ahí están sus libros (citamos de memoria) Alas de Ícaro, sobre el rol de la familia, la mujer y la iglesia como entes socializadores en Venezuela siglo XIX, La voz de los vencidos: Ideas del partido realista de Caracas, 1810-1821, La épica del desencanto o como banalizar el proceso de la independencia, La república fracturada o algo así, una recopilación de ensayos o artículos publicados en la revista "Gerente" y algunas nuevas disertaciones e invitado frecuente de los llamados grupos Roraima y/o Jirajara, dizque son una versión tropical de los tanques de pensamiento de las corporaciones de clase mundial; como se puede deducir es un asimilado de los tradicionales grupos de poder en Venezuela contemporánea y actual, viniendo él según reportes digitales de una etnia desaparecida sita en el caribe insular.

Por otra parte, hay que advertir tal vez para una mayor comprensión del evento fundamental que se comenta, que en esto el Prof. Reinaldo Rojas superó un escollo insalvable para otros distinguidos investigadores, como por ejemplo uno de sus maestros: el Dr. Federico Brito Figueroa. Recordemos cierto incidente de la década de 1990 (probablemente 1993 o 1994) muy comentado en ciertos círculos universitarios e intelectuales porque el iniciador de la perspectiva de la Historia Económica y Social en la línea de la revista y escuela francesa de Annales no pudo ingresar a ese tan augusto y exclusivo recinto académico fundado por Rojas Paúl en 1889 siguiendo cierta tradición ilumiista. Ello debido a las posiciones revolucionarias y/o de "Historia disidente y militante" que mantuvo siempre "el Viejo Brito", ya que toda su vida fue tributante del paradigma sociocrítico que dicen los de la Escuela de Frankfurt e iniciado por Carlos Marx.

En efecto y principalmente los cuatro volúmenes de su "Historia Económica y Social de Venezuela", están dedicados según propias palabras de Brito Figueroa (1987) "… a la comprensión del problema de clases sociales y poder político" (ob cit., Tomo IV, p. 1033), guiado siempre "… por el principio metodológico que considera como indisoluble la relación pasado-presente, pero también a la inversa: presente-pasado" (ibídem., p. 1036) pero tuvo sus bemoles y hubo quien negó sus méritos. ¡Choque de trenes! Sobre todo, para él que era también un ilustrado a la francesa y había vivido y respirado el mismo aire de Marc Bloch, a quien aspiró elaborar una biografía intelectual pero la vida no le alcanzó, pero sí dejó un opúsculo bellamente escrito en buen castellano, como él gustaba decir del oficio del historiador.

La historia militante, las pugnas de baja estofa dizque no permitieron que el maestro Brito fuera académico de la historia en el sentido tradicional del término, además ¡era chavista! Semejante "incorrección política" lo llevó a que el recordado, denostado y polémico presidente Hugo Chávez (¡anatema para académicos ilustrados de la república civil derivada del Pacto de Punto Fijo!) lo nombrara "Rector Magnífico" (pongamos esas palabras aquí porque así hablaba él distendido y "muy serio" fumando un cigarrillo tras otro o tomándose un café), rector encargado diríamos más bien por la vía de la intervención de la Universidad Ezequiel Zamora (1998-99 o 2000, aproximadamente), tiempos en que según creemos era muy poderoso el director de la OPSU Dr. Luis Fuenmayor Toro y quiso poner orden en ciertos campus universitarios, quien se opusiera luego de misiones educativas como Misión Sucre y Alma Mater; programas de intervención no convencional dizque él ayudó a elaborar pero que otros "ministrillos", en sus palabras, "desviaron" hasta desencadenar en la situación de bloqueo actual que desde el gobierno de Maduro mantiene a las universidades tradicionales (¿?). Su palabra vaya adelante, porque es fama que él es "el carajo que más sabe de universidades en Venezuela", palabras de un amigo con quien almorzábamos en Duaca hace ya cierto tiempo.

Eso de rectorado de la UNELLEZ comportó para el historiador Federico Brito Fiugeroa algún desasosiego, como se puede ver en una fotografía publicada en el diario caraqueño Últimas Noticias donde está en el Consejo Universitario observando el campus desde una ventana iluminado por un Sol mortecino, pero fuera de la mesa de reunión de éste, como en un exilio interior. Concretamente eso implicó meterse en el ojo del huracán de lo que Heinz Dieterich (www.aporrea.org, AMLO, 24/ 04/ 2019) diera en llamar recientemente "La casta divina académica" de la universidades, formada por correctos ciudadanos cooptados por los sectores de poder político dominante tradicionalmente pero que, contrario a lo que se hace creer, no son meritocráticos, dice este académico mexicano y antiguo asesor de Chávez, luego acérrimo crítico de la revolución bolivariana hasta la actualidad donde sigue hablando ex cátedra, de tan gran Papa del pensamiento que es.

Esto de desmeritocráticos es porque la aludida divina casta académica mexicana no suele estar constituida por investigadores de obra científica reconocida ni resuelven los grandes problemas gerenciales de sus casas de estudios; ¿se podrá trasladar tal valoración a Venezuela? Habría que ver, en cambio, esta institución señalada de la que Brito Figueroa fue Rector Magnífico, dicho sin ironía, 20 años después muestra ser de las pocas universidades que mejor ha asumido las tareas de la Misión Alma Mater; principalmente en lo atinente a la democratización del conocimiento y el acceso a la educación universitaria (explosión curricular) y el nuevo rol de la productividad agropecuaria, la innovación y alineación de la gestión con el Plan de la Patria 2007-2013, 2013-2019 y 2019-2025; una universidad al servicio del Estado-Nación y su gobierno legítimo (también la Simón Rodríguez, Francisco de Miranda y la nuevas universidades politécnicas territoriales, pero esos asuntos azas polémicos que no ésta la ocasión y el lugar para abordar debidamente, baste apenas su mención).

El maestro Federico Brito Figueroa, como se le conocía entre alumnos y discípulos, sin duda fue un revolucionario a carta cabal. Esto es, un luchador democrático al modo como era entendido ese accionar académico y político a principios o mediados del siglo XX y su última década. Por eso apoyó un proyecto nacionalista como la revolución bolivariana; la obra escrita tributa siempre a un proyecto revolucionario, ese su legado así lo confirma; no temió nunca exponer, digamos en términos "doctorales", su posicionamiento ontológico o su concepción de la realidad socio histórica como construcción humana sujeta a cambios con vectores que van del pasado al presente y viceversa, su posicionamiento epistemológico porque consideraba que el conocimiento es un producto social cuyo paradigma en palabras Imri Lakatos tiene como núcleo fundamental la lucha de clases y la propensión a la construcción de una sociedad humanística, Marx a su principal creador a partir de la observación del comportamiento de la sociedad industrial inglesa; asunción metodológico con su criterio de totalidad, especificidad y correlaciones, el siguiente texto de Brito-Figueroa (Histórica y Económica y Social de Venezuela, Tomo IV, 1987) es revelador de lo anterior dicho:

"La incorporación del territorio venezolano a la historia moderna es el resultado de la expansión del capitalismo en términos de lo que es esta formación económico-social en los siglos XV y XVI. Es decir, capitalismo económico comercial y usurario, y como capitalismo que es, regido por la ley de la obtención del máximo beneficio, ley que funciona en todos los niveles que definen este tipo de sociedad. Es la búsqueda de ganancias materiales, en primer lugar, lo que impulsa los llamados a nuevos descubrimientos geográficos y la expansión colonial de los imperios comerciales de la época. Es en este contexto donde hay que buscar la explicación histórica más veraz y no en las motivaciones espirituales o religiosas, que por ideológicas deforman la comprensión de la realidad, en tanto que con igual fuerza fortalecen los objetivos materiales de la conquista de las áreas territoriales consideradas como atrasadas en los siglos XV y XVI" (p. 1042).

Toda su vida parece estuvo consciente de que a sectores dominantes les causaban escozor el discurso anterior; pero él, amante del conocimiento, la gloria o el reconocimiento, como todos los mortales, quería ingresar a la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, ¿tal vez como forma de exaltar el "pueblo llano"? ¿Pero no era él parte de una élite? ¿Era parte del "Pueblo que quería y no podía"? (que diría el comandante Chávez luego y del que fue también tutor de una tesis en Ciencias Políticas de la Universidad Simón Bolívar no concluida pero suponemos que desarrollada luego en la práctica concreta del oficio político del barinés; se desarrolló, pues, cierto vínculo entre él y Chávez, quien principalmente fue lector devoto de una obra de Brito Figueroa titulada "Tiempo de Ezequiel Zamora"); por cierto, contó una vez en la UCLA el Dr. Guillermo Morón con esa proverbial capacidad retórica suya en una conferencia que él lo invitó a la Academia de la Historia para hacerle un homenaje y entonces el maestro Brito pidió que lo dejara ir ataviado con el traje tradicional venezolano, esto es, en Liquilique y alpargatas, entonces Morón dizque le replicó: "¡Mira Federico, en alpargatas tú no vas a ir al Paraninfo de las academias!".

Un revolucionario no tiene por qué adjurar de sus preferencias éticas, estéticas y políticas para ingresar a la Academia, pero es fama entre deslenguados que la herejía que resultó para ciertos espíritus observantes de la etiqueta social ideología bolivariana (nueva religión de la patria, según los pareceres de reconocidos académicos como los doctores Germán Carera-Damas, Elías Pino-Iturrieta y Manuel Caballero, al menos, como puede leerse en sus respectivos libros: "El culto a Bolívar", "El divino Bolívar" y "Por qué no soy bolivariano", "La peste militar" y alguno que otro suelto periodístico como el asomo de polémica de mediados de la década de 1980 entre figuras descollantes como Juan Nuño, Manuel Caballero, Rubén Monasterios, Pedro León Zapata y algún otro diletante del pensamiento en la Página C 1 de aquel diario El Nacional de Miguel Otero Silva); en concreto que Brito-Figueroa quisiera ingresar a la academia de la historia constituía una contradicción flagrante en términos ideológicos y personales comentó por esa época el reconocido orador, abogado, economista, profesor universitario y ensayista de amplísima trayectoria Dr. Domingo Alberto Rangel: las academias, decía el polémico DAR, esta de la Historia como todas las demás, conforman un centro prestigioso de la llamada por Thomas Kuhn "La ciencia normal", no para los postulantes de nuevos paradigmas como ese de la historia disidente y militante, unida además a un nuevo "caudillo" cuyos referente eran nada menos que Bolívar, Rodríguez y Zamora; "de las academias, líbreme Dios" dizque sostuvo el gran Rubén Darío, El Cisne, quien revolucionó en su tiempo la literatura.

Por eso aspirar ingresar a estas corporaciones manteniendo los viejos lineamientos neo marxistas o antisistema, que defienda los principios "subversivos" para el establishment que no saben de soberanía, autodeterminación de los pueblos, anti imperialismo y privilegiar los trabajadores, el trabajo sobre el capital, por encima de la ganancia de los empresarios, etc., no le pasa sino a aquellos "diletantes idealistas de la historia y filosofía". En realidad, "indianos que aman a la Francia", quienes creen que París siempre es una fiesta como dice en novela Ernst Hemingway y que Francia no es ni ha sido nunca una nación imperialista; esa ideología no permite advertir que sus gobernantes contemporáneos y actuales suelen acompañar coaliciones bélicas para ocupar otros países dizque "llevarles así la democracia" como en la Colonia el Evangelio cristiano, (Libia e Irak recientemente, agregamos nosotros ad libitum).

Ergo, ingresar a la academia tiene sus significados y desafíos, que habría que ver cómo sortear sin hacer concesiones. Agradecido al dios Carlos Marx debió estar Brito Figueroa por no haber sido "Individuo de Número" y que no le quitó ni agregó nada a su obra intelectual y vital, ya hecha tanto en la investigación histórica como en la lucha ciudadana por una mejor Venezuela, terminaba diciendo en un artículo en Últimas Noticias el gran DAR y que ahora recreamos recurriendo a las brumas de la memoria y al que seguramente no somos fieles, parte de "El olvido que seremos" como se titula una novela de un autor de apellidos italiano, Fasciollacini, creo.

Como fuere, creemos que ese era su "espíritu". Esto es, "consolar" a un camarada, como decir parafraseando al poeta Andrés Eloy Blanco: Malaya, la mano que le pasó, sí señor; pero desengáñese compadre que así como no hay angelitos negros, también son muy pocos los académicos negros y comunistas; claro en Venezuela Domingo Federico Maza-Zavala sería la excepción o algún otro que al menos que se han "blanqueado" ideológicamente o asimilado a grupos de poder… (de paso y anecdóticamente conocimos y tratamos a ambos personajes, al maestro Federico Brito Figueroa y a DAR; aunque no tan frecuentemente sino cuando venían a dictar conferencias en el Instituto Pedagógico de Barquisimeto, la UCLA, la Biblioteca Pública Pío Tamayo y uno podía saludarlos y hasta tomarse un café para hablar como si fuera uno otro "grande", siendo que éramos obreros de la Zona Industrial o estudiantes de pedagogía; en realidad los admiramos mucho por ser tan consecuentes con sus ideales, brillantes intelectuales pero sencillos y abiertos a las inquietudes de los jóvenes que éramos entonces y que combinábamos la tesis de trabajar, luchar, y estudiar).

No siempre eran bien vistos, sin embargo. Es decir, no eran muy bien vistos los intelectuales comprometidos con las luchas de aquella izquierda revolucionaria o levantisca, tanto en Venezuela como en Centro América y el Caribe, Brasil y otros lugares; tampoco los trabajadores y estudiantes de igual tendencia porque, entre otras cosas, se decía que abandonaban "la academia" 8que sería el aula universitaria y la biblioteca) para "dedicarse a la política".

Pero más allá de evocaciones y tratando de evitar cualquier extrapolación, tenemos que contar para cerrar que fue por boca del periodista José Luis Yépez Rodríguez y por estos días, con perdón del lugar común aplicado al neo sacerdote católico, "neo doctor" en Gerencia Avanzada por la Universidad Fermín Toro, pues acaba de defender su tesis y recibir su pergamino, donde es personal académico y de investigación ya por largo tiempo; nos enteramos de la buena noticia. Ya que suele leer titulares de la prensa electrónica y "twitteres" que informaban del ingreso del distinguido profesor universitario, investigador y escritor larense Dr. Reinaldo Rojas (Caracas, 1954, sí nos contó una vez que él nació en Caracas porque su señora madre andaba en diligencias por la capital por esos días y año, siendo de Duaca como Kotepa Delgado, nombre que lleva ahora el Ateneo de esa población); ingresa como Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, quien dicho sea de paso tampoco hizo concesión alguna para ello porque su conducta personal y académica ha sido la misma siempre, impecable y de altos ideales, aprendidos en el hogar y sus maestros y maestras como la Profesora Duin, ha estado siempre guiado siempre por la virtud de la prudencia.

"El orgullo de El Eneal", acotó el Dr. José Luis Yépez R, al referir la bella población cercana a Duaca, La Perla del Norte y capital del municipio Crespo del estado Lara, la "Patria Chica" del Dr. Rojas; un villorrio donde actúa localmente y piensa globalmente (nótese la siguiente relación obras culturales donde ha sido su principal promotor: Casa de la Cultura El Eneal (1973), Fundación Buría (1985), Programa Radial "Cinco Minutos con la Historia" (publicado luego como libro en 1988), "Revista de Ciencias Sociales de la Región Centro Occidental de Venezuela" (1985), Jornadas de Docencia e Investigación de las Ciencias de la Historia (desde 1985 al presente, transformada ahora en Congreso Internacional), Biblioteca Universitaria Prof. González-Urbina (2000 en adelante), Ateneo de Duaca (2013), docencia y tutorado de trabajos de maestría y tesis doctorales, publicación artículos de opinión y científicos analizando el entorno sociohistórico actual y contemporáneo en la prensa regional, nacional y en revistas académicas e indizadas internacionalmente, gran creador de redes sociales en el sentido de grupos de investigación bastante plurales, que siempre anda con un proyecto entre manos).

El Dr. Reinaldo Coromoto Rojas actúa localmente y piensa globalmente y viceversa ciertamente, como gustaba decir el Dr. Federico Brito Figueroa. Su maestro en investigación y docencia en los campos interdisciplianrios de la Historia-Ciencia, Antropología Cultural, Etnografía, la Historia de la Educación y la Pedagogía, entre otras tantas cosas como el periodismo de opinión o el compromiso político con los procesos de emancipación y las opciones por la democracia como el sistema de gobierno que permite el ejercicio óptimo de la ciudadanía; con él, a tenor de su propio testimonio, mantuvo grandes coincidencias y también divergencias, como también con otros de sus muy apreciados profesores:

Dígase por ejemplo, el académico don Ramón Tovar, Miguel Acosta Saignes, Ancila Farías y a través de sus obras escritas sin duda alguna Marc Bloch, Pierre Vilar, Lucien Febvré, entre otros como Pedro Cunill-Grau, el Dr. Caldone, Francisco Cañizalez-Verde, el cronista de Barquisimeto don Hermann Garmendia, de quien aprendió claridad y concisión en la construcción del texto periodístico cuando empezó a publicar sueltos en el desaparecido diario El Larense en la década de 1970, J. M. Briceño Guerrero, sino recordamos mal fragmentos testimoniales que personalmente ha revelado en conversaciones informales, ya que junto a un largo grupo hemos sido sus alumnos y hasta discípulos, aunque a la distancia porque hay otros más cercanos en la colaboración de sus investigaciones y realización de proyectos académicos.

Como bien comenta entre bromas el Prof. Msc. Arnaldo Guédez tenemos el orgullo de poder decir que el flamante nuevo Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia ha sido nuestro Profesor, en lo particular en la asignatura Historia de América I y II (en el pregrado para optar al título de Profesor en Ciencias Sociales, Mención Historia, UPEL-IPB, 1995), tutor en nuestros respectivos Trabajos de Grado de Magister Scientarum en Historia Económica y Social de Venezuela (de Guédez) y Maestría en Educación, Mención Enseñanza de la Historia (UPEL-IPB, con un trabajo de grado por su intermedio fue publicado como libro: De la escuela artesanal Lara a la Escuela Técnica Industrial de Barquisimeto 1944-1969, Fundación Buría, Zona Educativa del estado Lara, 2002 ), Jurado Principal y por demás muy exigente pero siempre amable y respetuoso en la defensa del Doctorado en Ciencias de la Educación en la Universidad Fermín Toro de Barquisimeto (2010), tutor del Doctorado en Cultura Latinoamericana y Caribeña (UPEL-IPB, 2017); sustentaciones orales que en realidad él transformó en clases magistrales más allá de una mera formalidad, que bien merecían haber sido grabadas y conservar así sus pareceres.

Por cierto comentábamos con el colega Guédez que habrá que tomar más en cuenta su permanente reclamo de "Luis, no te pierdas", no se pierdan aunque por el clima actual no hemos podido continuar con nuestras reuniones del Seminario Doctoral del Eneal, pues como comentara recientemente en un encuentro incidental en uno de los pacillos ahora prácticamente vacíos del Instituto Pedagógico de Barquisimeto: "Uno de los peores errores que nos puede pasar en las condiciones actuales es dispersarnos, hay que integrarse en equipos" y menos aún dispersarnos por diferencias ideológicas y políticas, saber distinguir el trabajo estrictamente académico en el plano de la investigación del activismo militante en ciertas organizaciones políticas del chavismo y la oposición, nos comentó una vez por un mensaje de texto, mantener vasos comunicantes; pues, como relata Platón en uno de sus mitos: razón y emoción son dos caballos que conviene saber llevar sus bridas a fin de que no se nos voltee la carreta.

El ingreso del Dr. Rojas a la Academia Nacional de la Historia de Venezuela lo equipara formalmente a grandes figuras intelectuales de la entidad larense, que recordemos al Dr. en Derecho e historiador José Gil Fortoul, Dr. José Ángel Álamo, Dr. Carlos Felice Cardot, Dr. Luis Beltrán Guerrero, Dr. Germán González Oropeza SJ, Dra. Ermila Troconis de Veracoichea, Dr. Jesús Antonio Herrera, quien muriera muy temprano lamentablemente, Dr. Euro Yépez Castillo, Dr. Manuel Caballero, Dr. Blas Bruni Celi, Dr. Guillermo Morón y seguramente otros tantos eximios del gentilicio que olvidamos; autores de excelentes obras de obligada lectura y los desafíos que se le presentan actualmente al Dr. Rojas probablemente tengan que ver con la continuación de sus proyectos sociales, académicos e institucionales, tal vez ahora fortalecidos con su vinculación más orgánica con la Academia de la Historia y sus quehaceres traducidos en iniciativas editoriales con sentido trascendente.

Otro desafío estaría relacionado a lo que se ha dado en llamar "la reinstitucionalización" del país, entendido como "restauración" de la democracia. Aspecto sobre el que las academias ya han emitido opinión y una pléyade de propuestas en un grueso libro creo de 2015 o 2016; claro ello en la línea de lo que se ha denominado la "república civil" (Germán Carrera, dixit), tesis de la oposición política venezolana y que en el marco de la situación actual tendrán que relanzar, contrastar y/o dialogar con otras visiones como los de la democracia popular, directa o revolucionaria; propuesta ésta impulsada por el Centro Nacional de Historia o Centro Nacional de Estudios Históricos, su contraparte; que tampoco es que "juegan carrito", según nos confesara hace poco alguien cercano a esta nueva institución surgida al fragor de la revolución bolivariana; no "juegan carrito" en el campo teórico-metodológico (historia militante e insurgente y su consigna "El pueblo es la historia") y tampoco en la difusión o publicación, además del trabajo académico-político en la docencia, la investigación y vinculación comunitaria. Son dos formas de construir el discurso de la historia, una mediación entre la historia-acontecimiento y la historia-conocimiento, ¿no es Nietzsche quien sostiene que no hay hechos sino interpretaciones? ¿No es Lord Acton quien sostuvo que cada generación escribe su historia de acuerdo a las demandas del presente?

Así, desarrollan desde esa plataforma una amplia labor divulgativa y formativa con estudios avanzados (congresos, diplomados, maestría, doctorado, tenemos entendido) en el marco del proyecto histórico-pedagógico de gran impacto de la revolución bolivariana; en realidad este es otro grupo de discípulos del maestro Federico Brito Figueroa que trabajan en la línea de la historia insurgente y emancipadora, figuras muy conocidas están ligadas a ello, por ejemplo, el maestro Dr. Omar Hurtado Rayugsen, los doctores Marcial Ramos Guédez, Abrahán Toro, Manuel Carrero, que conozcamos; además de los profesores, con estudios en el exterior por cierto en el campo de la historia, como son los profesores Luis Felipe Pellicer, Pedro E. Calzadilla y un amplio grupo de jóvenes que llevan la revista Memorias de Historia de Venezuela y los programas de investigación.

Cabría peguntar ¿ambos espacios académicos podrán emprender trabajos colaborativos? ¿Son irreconciliables como las posturas políticas de ciertos sectores que para poder comunicarse y entenderse deben ir a Oslo, Noruega? Ya sabemos con Rojas (1995, en "Historia Social de la Región de Barquisimeto en el Tiempo Histórico Colonial, 1530-1830") que la historia como "Ciencia del todo social" toma una imagen "más exacta del conjunto social con ayuda de pequeños detalles, pero matizados a partir de una amplia visión de conjunto, contrario a lo fragmentario" (p. 21); y es lo fragmentario la posición con que suelen tomarse las cosas en política. Esa falencia ha dificultado mucho la clarificación de medios y fines.

¿No es que hubo un tiempo en que la historia formaba parte de las llamadas "ciencias morales y políticas" tiempo ha? Sin olvidar que el enfoque de la historia social puede contribuir a abrir espacios físicos y simbólicos para dialogar y comprendernos individual y colectivamente en el marco geohistórico tanto local, como regional y nacional; la historia no debería ser un juguete de diletantes sino instrumento que abra caminos cognitivos para conocernos mejor, ser instrumento intelectual que abra alternativas nuevas en la construcción común de la sociedad presente y futura. Lo demás es el horror de la guerra, destrucción y confusión de los sentidos. Eso es un gran desafío, no sólo en términos individuales sino colectivo.

¿Uno y otro centro intelectual perdurarán en el tiempo, más allá de una u otra administración de igual o diferente signo? ¿Difieren radicalmente en sus objetivos estratégicos? Las academias de Venezuela tienen una historia de más de cien años, el Centro Nacional de Estudios Históricos de Venezuela, ¿cuánto tiempo tiene de historia social e institucional? ¿trascenderá esta iniciativa en el tiempo ligado a un determinado proyecto político? ¿La Academia Nacional de la Historia no lo ha estado también en sus cien años? Porque las sociedades son dinámicas y como recordaba siempre el maestro Brito no podemos decir como Goethe "Detente, oh, tiempo".

La historia-ciencia o conocimiento en la perspectiva de la historia social contextualiza un líder en su tiempo y espacio para su mayor comprensión e inteligencia, así, veamos cómo el Dr. Reinaldo Rojas aborda en su libro Hechos y personajes de nuestra historia (1988) la figura de Ezequiel Zamora, dice:

"Los conflictos económicos y sociales que se desataron con la guerra de la independencia no cesaron con la victoriosa Batalla de Carabobo. Al contrario, las aspiraciones de igualdad de los sectores llamados pardos, la libertad absoluta de los esclavos y el reparto de la tierra para los campesinos que habían sido el fundamento de la alianza de estos sectores populares con los blancos criollos en la lucha contra España, luego de culminada la sangrienta guerra son burlados. A pesar de los decretos bolivarianos por la libertad de los esclavos, de las leyes de reparto de la tierra a los soldados, a pesar de todo ello, la vieja y nueva oligarquía surgida de la guerra echan atrás los compromisos sociales y levantan sobre la miseria de un país semidestruido una república conservadora, defensora de la esclavitud y dirigida a mantener las prerrogativas de los latifundistas y de los comerciantes. Es por ello que, desde esta perspectiva social, la Independencia no cambia significativamente el viejo orden social colonial. Sin embargo, ante esta evidente violación de los acuerdos, de los compromisos, de los decretos firmados por el propio Libertador en el proceso de la guerra y ahora burlados por sus propios Generales encabezados por el propio Páez, Soublette, y otros, las masas campesinas y los esclavos reinician de nuevo la lucha por hacer valer sus derechos y aspiraciones sociales. Es en ese contexto que se desarrollan permanentes conflictos, guerras locales y muy especialmente, la insurrección campesina y antiesclavista de 1946 y la llamada guerra federal de 1958-63. Allí, entre aquellos acontecimientos surge un nuevo líder popular: El General Ezequiel Zamora" (p. 31).

Ergo, la historia como disciplina supone oficio, tiene una forma de escribirse apegada a la observación documental y la necesidad de "hacerlos hablar" con fines lograr una mayor elucidación de personajes y eventos, pero como sostiene Marc Bloch en su famoso texto Apología de la historia o el oficio del historiador (Fundación Buría, 1986), libro también conocido como Introducción a la historia (Fondo de Cultura Económica, 1948), puede ser una química peligrosa; quiere decir que no es neutra y compromete. Es un discurso apofántico porque contiene verdades incómodas, más allá de que pueda ser interesante intelectualmente y que si no sirve para más nada también puede ser divertida.



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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