Reflexiones sobre el bloqueo socialismo y blanqueo

"No son los hechos los que cambian el comportamiento de la gente. Es la emoción la que cambia su comportamiento. Son las historias y los impulsos irracionales los que cambian el comportamiento. Ni los hechos ni las listas de viñetas". Seth Godin.

Muchos y muy variados contrastes, más elucubraciones, pues hay operaciones de falsa banderas para tergiversar, falsear, y desconocer la realidad, que es como no decir la verdad de lo que acontece, como si las cosas suceden por arte de magia, sin antecedentes ni sus consecuencias. Así piensa la derecha, dejándose llevar por la parsimonia, esa sutil manifestación alelada de puritanismo, de confesionario con olor a madera seca y sahumerios. El uso reiterado de los eufemismos sirve para resemantizar algunas ideas para hacerlas coincidir con el discurso, redirigiendo las intenciones originales, y enrevesando con argumentos falaces, opiniones cargadas de positivismo rancio, desde una retórica malintencionada. Achacarle los males que hoy experimentamos en el país, no pueden ser achacados al chavismo, como si una década, o 3650 días y sus noches, no pasaron, dejando todo un orden de cosas por hacer, de prioridades por cumplir, con un peso específico y solvente, desde que se planteó el cambio radical de la IV República, a la V con nombre y apellido, del creador, Bolivariana, y de Venezuela.

Los hechos y circunstancias posteriores en nada, o solo en parte pueden atribuírsele al chavismo, pues las idas de unidad cívico militar de todo el pueblo, abarcó a todo el país y con particular atención social a los excluidos desde la caída de la Tercera República en manos de la oligarquía, un permanente navegar en río revuelto, donde la media docena de elementos de una clase que no era la que soñó Bolívar, ni de la Gran Colombia, fracaso estrepitoso por las ansias de poder de cuanto hombre de uniforme, sintiéndose con los suficientes méritos por haber servido y combatido, pues apelaba a tales argumentos estériles, porque no era creerlo, sino poder hacerlo, llevarlo a la práctica entre un caño lleno de caimanes en el mismo pozo.

Vanamente se puede comparar un período con otor, pues todos tienen de alguna forma una muestra de hechos valiosos, cono de muchas falencias, pero ante lo que significó a finales del siglo XX un cambio de sistema, aunque fuera con mucha improvisación, los problemas acumulados y de cierto querer hacerlos desde una revolución de nuevo cuño, como la que se practicó, democrática, pacífica, en transición de un Estado liberal burgués, a uno social de derecho y de justicia, apostando eso sí a un cambio de era, y no de época, diferencia de fondo que no hay que perder de vista tan a la ligera.

Es tan fácil manipular desde el discurso sin teoría, y si acaso asoma alguna hipótesis, tampoco tiene el objetivo bien definido, solo patadas de ahogado, manotazos para tratar de asirse a la nada para no perecer. La falsa conciencia enajena, pues se va sembrando hondo en la psiquis, y llega a afectar al espíritu crítico de quien osa referirse a temas tan relevantes para la conciencia de la nación. Muchos son los incautos, los que ignoran qué se esconde detrás de la intenciones de quienes desde unas cuartillas hace alardes de erudición, irrespetando las normas mínimas de comunicación, pues está deformando con la información que emite, llena de prejuiciosos, al banalizar lo que de suyo tiene el socialismo para la condición humana, desde antes de esta era, cuando ya se practicaba entre los grupos organizados en torno a los maestros de mejores causas para toda la humanidad, y no la mezquindad de los caídos, de los expulsados de los clanes, por practicar el individualismo, que evolucionó en absolutismo, en capitalismo, en imperialismo.

Otro aspecto, el referido a las circunstancias en las cuales las prácticas de la política postmoderna, que ha pretendido romper con los valores y los principios de la honradez y la decencia, con un positivismo dogmatizante, que solo atina a mirar la punta de su nariz, y saca sus cuentas siempre a favor y hace del ganar-ganar su modus vivendi. Para lograrlo, frente a los intrincados subterfugios de quienes accionan desde el poder, asistidos por corporaciones corruptas y criminales, que no responden a los gobiernos, ellos son los que mueven los hilos y controlan las cuentas y los ingresos de los contribuyentes, en aras de especular, porque en definitiva son los pocos que son ricos, que mueven la economía a su antojo desde las instituciones obedientes. Son los que blanquean.



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Franco Orlando


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