Imposible que el “poder popular” se haga realidad si antes no se derrota la alianza “Gobierno – capitalismo”

La alianza “gobierno – empresariado capitalista” es una flagrante contradicción, solo comparable a las contradicciones existentes en el mundo capitalista. Imposible que el “poder del pueblo organizado” se haga efectivo si antes no se derrota la alianza “Gobierno – empresariado”, Gobierno – capitalismo.

Igual, no puede crecer una economía sustentada en la acumulación del capital a favor de toda la sociedad, cómo es posible hacer multimillonarios a pocas familias, en el país y en el mundo, y al mismo tiempo satisfacer las necesidades básicas de toda la sociedad. Simplemente, esto no es posible. No es posible en Venezuela pero no es posible en el mundo.

Las contradicciones capitalistas no pueden repetirse dentro de una revolución socialista. Una revolución socialista debe creer en el Estado proletario socialista y a partir de él construir una economía que tenga como base satisfacer las necesidades básicas de toda la sociedad. No puede “confiar” el futuro y destino de toda la sociedad a la “Mano invisible” del mercado capitalista (¿será la mano “invencible”?). Pero, sin embargo, es esto lo que ahora mismo está promoviendo el gobierno DELANTE NUESTROS PROPIOS OJOS.

Esta denuncia va dirigida al pueblo chavista que todavía cree en el socialismo y en la revolución socialista, no a los intelectuales pequeñoburgueses que se conforman con imaginar desde la comodidad de sus pequeñas vidas un mundo mejor pero en el universo de las ideas. Hablo de aquellos que escriben fórmulas de desarrollo económico si pensar en las implicaciones concretas que ello supone para la vida de los trabajadores y de los más pobres dentro de la sociedad. Hablo de aquellos que resumen la revolución como una confrontación de inteligencias, que creen y lo dicen que “los socialistas son los más inteligentes y los opositores los menos inteligentes”, pero sin pensar en cómo se traduce ese socialismo “inteligente” en la vida diaria, común y corriente de la población; en cómo es posible que un trabajador pueda vivir dignamente sin violencia, sin hambre, sin ignorancia, sin enfermedades y trabajando por su prójimo o por sí mismo al tiempo que lo hace para toda la sociedad. Me refiero a los intelectuales que no se comprometen más allá de su propia comodidad de vida y que terminan sirviendo a oportunistas, a los reformadores de siempre que están en el gobierno para reacomodar al capitalismo a los nuevos tiempos.

Estos intelectuales tienen frente a sus propias narices las contradicciones del gobierno, pero de ello no hablan, de ello no quieren hablar. Por eso, este mensaje va dirigido a todos aquellos que creen realmente en que una revolución socialista es posible, en que es posible derrotar al capitalismo y vencer definitivamente a la democracia burguesa y a todas sus instituciones. Esta denuncia va dirigida a los que creen realmente en cambios de estructuras y no en reformas, en, como dije Fabricio Ojeda, “cambios de uno nombres por otros”.

La revolución es un acto de sacrificio, pero más que material o físico, de sacrificio moral, de voluntad, de carácter. No se delega, es nuestra propia responsabilidad con la sociedad y con el destino del mismo planeta. Y ahora nos toca reconocer que nos están engañando en nuestra propia cara vendiéndonos una farsa de revolución, cuando mucho, cambiándonos una revolución por un plato de lentejas. Abramos los ojos bien grande que el engaño está frente, solo que hay que verlo en perspectiva. Que el árbol no nos ciegue la mirada del bosque.

reverones@gmail.com

 



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Marcos Luna


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