Mentalidad adeca contra la GMVV

La deformación mediática impuesta por la penetración norteamericana en el país tiene su esencia en lo que criollamente llamamos “la cultura adeca”, “No me des sino ponme donde haiga; los adecos roban, pero dejan robar” expresiones que han quedado en el imaginario popular, denotando para ellos lo que es el buen vivir, criticando además a quienes van a la administración pública y no se llevan algo. Son así y su posicionamiento colectivo es tan difícil erradicar, como difícil es abandonar el paternalismo, el asistencialismo y el rentismo de un estado que ha vivido enriqueciendo a una burguesía criolla, que alentó la corrupción en favor de quienes se manejaron y siguen manejándose con esta mentalidad adeca desde posiciones de gobierno y de estado, civiles y militares. Y no con esto generalizamos a quienes de buena voluntad y con espíritu patriótico militaron en esta organización; Rómulo Gallegos, Pérez Alfonzo, Ruiz Pineda, y el mismo maestro Prieto fueron entre otras figuras, adalides para la liberación y soberanía nacional, lamentablemente no pudieron frenar a quienes si llegaron al poder para servirse y ser serviles corruptos. Pero el tema a tratar no es AD sino las consecuencias malignas que trajeron para el país, específicamente en algo vital como es la vivienda.

La bonanza petrolera a partir de los años 40 produjo el abandono de los campos agrícolas para la emigración campesina a las zonas petroleras, urgidas de mano de obra barata para construir carreteras, estructuras y las perforaciones en los nuevos yacimientos. Esta masa humana al no contar con viviendas para su asentamiento, se las ingenió para edificar sus nuevos hogares con lo que podían tomar de las construcciones donde laboraban y establecer casuchas hechas con tablas y láminas de zinc, en zonas aledañas a la ciudad en lo que posteriormente se le denominó “cordones de miseria”, ya que no contaban con los servicios básicos indispensables como agua potable, electricidad, transporte público y atención sanitaria. Los gobiernos de la época tampoco priorizaron este fenómeno y solo aprovecharon la concentración de seres para propósitos electorales; así poco a poco nació la inmensa cantidad de barrios que cercan las principales ciudades del país, puesto que los alcaldes y gobernadores de turno contaban con nuevos recursos provenientes de la renta petrolera para dispensar planchas de zinc, cemento y ladrillos a quienes se sumaban a los barrios cercanos a estas instituciones, consolidando el padrón electoral adeco y su dirigente local o regional.

Así ha sido el crecimiento desordenado de la marginalidad en el país, con sus efectos colaterales que aún seguimos padeciendo como Nación, delincuencia, drogas, prostitución infantil, cultura rentista, facilismo entre otros males, lo cual resume como un sistema capitalista es impotente para enderezar estas desviaciones sociales, atadas a la explotación del ser humano y aprovechar de manera individual lo que le pueda quitar a otro.

En el caso de la vivienda podemos indicar que es algo vital para el desarrollo humano, sobre todo para el grupo familiar. Aquí vemos entonces como la vivienda es fundamentalmente un bien colectivo, un bien que supone la convivencia grupal familiar y que individualizarla es un contrasentido nacido por la especulación capitalista. La vivienda es una propiedad que debe ser fundamentalmente para uso familiar, y no como un valor de cambio o mercancía para avivar la especulación capitalista inmobiliaria. Esto lo comprendió Chávez, quien al principio de su gestión cayó en cuenta que los desarrollos para vivienda social no prosperaron. No existía ni la voluntad, ni el deseo financiero para impulsar desarrollos por lo encarecido de las tierras urbanas en manos de los terratenientes mantuanos, quienes poseían las mejores parcelas urbanas para construir costosos complejos comerciales y habitacionales.

Por ello nace la Gran Misión Vivienda Venezuela, como la materialización de un derecho inserto en la nueva Constitución Bolivariana que determina la vivienda digna como un derecho que tenemos todos los venezolanos para vivir viviendo, con dignidad y seguridad social, Este logro supuso fuertes enfrentamientos y resistencias empresariales y comerciales; terratenientes, constructores, bancos, financistas, inmobiliarias y políticos sabotearon su implementación, porque los dejaba fuera del negocio. Los resultados conocidos, casi un millón y medio de viviendas entregas y en proceso todo un plan para satisfacer la demanda estimada hasta el 2019 en más de tres millones de viviendas en todo el país. Todo un record no solo nacional sino mundial, que en un mundo inmerso en crisis y desempleo; con guerras y escases de materias primas haya cumplido su cometido, pero, pero todo lo bueno tiene algún detractor y la GMVV no podía ser la excepción. Si al principio la oposición adeca-primero justiciera ignoró, desvalorizó y obstaculizó los recursos para la construcción de viviendas por la misión, ahora que tienen mayoría en la Asamblea Nacional quieren y adelantan frenarla y recobrar lo que antes no podían ganar.

Pues sí, ahora con la política engañosa, la manipulación mediática de sus empresas cómplices y la mentalidad adeca que nos referimos al principio, elaboraron un “mamotreto” seudo legal conocida popularmente como Ley de Estafa Inmobiliaria, la cual pretende darle valor de cambio para su comercialización especulativa a las viviendas entregadas a: familias damnificadas, a quienes vivían en condiciones inhumanas, o a quienes les era imposible vivir en zonas dignas para el grupo familiar beneficiado. Hoy esta oposición sabe que la suma de viviendas en el mercado inmobiliario colocaría una cartera especulativa en el orden de los 40 mil millones de dólares entre tierras, construcciones y urbanismos; pero como siempre quedarían fuera del negocio a quienes hoy disfrutan familiarmente de un techo propio. Esa es la realidad de un país que si está dividido, si, un bando mayoritario de venezolanos que desean vivir con dignidad y otro bando menor que desea volver al pasado adeco, donde la “viveza criolla” se traduzca en exclusión y servilismo hacia la clase oligarca que dominó siempre el país, hasta que Chávez llegó y les dio un para´o. Esta es la realidad que enfrentamos, y que no dudamos que el presidente Maduro cumplirá con el juramento hecho al eterno comandante, tal y como lo viene haciendo.



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Henry Hernández Ávila


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