Mi palabra

Conversación con una señora

"La fortuna es como un vestido:

muy holgado nos embaraza

y muy estrecho nos oprime."

Homero

Estoy seguro, que muchos se preguntaran ¿Quién es esa dama? Para ahorrarles tiempo y saciarles la curiosidad, buscando el personaje, como si fuera una protagonista de alguna novela de moda, les voy a contar algo de esta mujer. Es una madre de cuatros hijos, tres varones y una hembra, honrados y trabajadores. Nació en Cúcuta, capital del norte de Santander, de donde salió, con muchas ilusiones, hacía nuestra patria en busca de nuevos horizontes; se residenció en San Cristóbal, dejando en su tierra sus raíces, entre ellas su querida madre, una matrona con varios años, a quien como buena hija, nunca olvida y siempre está pendiente; la visita con mucha frecuencia a pesar de las grandes dificultades económicas para viajar, por la disparidad de la moneda venezolana con la colombiana.

Hace algunos días, tuvo la oportunidad de hablar con esta amiga (Omito su nombre por razones obvias) muy católica, amante de la paz, sin ninguna afiliación política, pero, siempre carga alguna crítica hacia el proceso político venezolano, iniciado por el Comandante Chávez. En el último viaje a su amada tierra, parece, que "despertó" o empezó a darse cuenta de la grave situación de los pobres de la hermana Colombia –no me lo confesó- lo deduzco de la amena conversación. Me contaba con el acento propio de los habitantes del hermano país, muy sorprendida por los comentarios escuchados en su patria chica; donde todo el mundo se queja de lo caro de la comida, y de muchos productos, que han venido subiendo de precio, como la espuma en los ríos crecidos, del cual no se escapa nadie.

Esta simple explicación nos demuestra algo muy sencillo: el contrabando es una arma de doble filo; del lado nuestro, le arrebata los alimentos y medicamentos a los más desposeídos, y del otro lado se los encarecen de manera alarmante; se dan casos muy preocupantes, como el de un producto medicinal: el eutirox para la tiroides, regulado en nuestro país a un precio muy bajo, que no llega a los 10 bolívares, pero, no se consiguen por ninguna parte; en la hermana Colombia, cuesta la cantidad de 36 pesos: se necesitan alrededor de 800 bolívares fuertes, para adquirir una cajita; ¿Por qué se preguntaran? Muy sencillo, la relación es de 22 bolívares por un peso, más redondo no puede ser el "negocio" del contrabando.

Esto es insignificante, con la cantidad de productos decomisados, después de tomar la medida de trancar la frontera; acuerdo tomado por los dos gobiernos. Este saqueo- no se puede llamar de otra manera- no se vio, ni siquiera en la época, cuando los venezolanos iban de turismo y aprovechaban para comprar con la moneda venezolana en 16 y hasta 20 pesos por un bolívar; sin embargo no faltaban los que de manera abierta, vivían de las ganancias de la mercancía traída de la tierra colombiana; todo esto sin tocar el negocio de la droga, donde la cadena agarró ribetes de escándalo, convirtiéndose en una poder indestructible con los famosos "cárteles" dañando a cantidades de jóvenes en la flor de la vida.

Este tema del contrabando acapara la atención de la prensa venezolana, por las connotaciones en la economía venezolana; solamente por el tráfico de la gasolina, se escapaban millones de bolívares, para no hablar de dólares; los anaqueles de los supermercados y tiendas, donde expenden alimentos, se encuentran cantidades de productos producidos en nuestro país, dejando enormes ganancias, desde el mismo momento de pasar al otro lado; por algo el gobierno anunció la detención de un capitán, un teniente, nueve sargentos y tres soldados, quienes habían abierto una trocha, cerrado por el mismo ejército.

La posición de la alta dirigencia de la oposición, es seguir empujando al gobierno, hasta verlo caer; les importa poco, el sufrimiento del pueblo; no se les escucha ningún pronunciamiento en contra del tráfico ilegal, un grave problema a la vista de todo el mundo, incluso del otro lado de país, porque sencillamente los perjudica. Esto demuestra una verdad, sin discusión: la avaricia y la ambición por hacer dinero a manos llenas, no perdona a los pobres de la tierra; además la desesperación por llegar al poder, convierte a los aspirantes en verdaderos traidores; oponerse de manera ofuscada a las medidas ejemplarizantes, solamente por convertirse en un obstáculo, es simplemente creer en la ignorancia del pueblo, cuando hace rato despertó.

Narciso Torrealba Narciso_t_29@hotmail.com



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