Terrorismo escuálido

Entre el 23 y el 24 de enero, justamente después de las 12 am, se escucharon gritos desaforados, de unas pocas mentes alienadas en algunos edificios de urbanizaciones ubicadas en la parroquia Las Minas de Baruta. Sin duda alguna no se trataba de un hecho aislado sino debidamente planificado, por un sector golpista de la derecha, que no contó con el apoyo de la mayoría de los vecinos, obviamente opositores del gobierno. Una señora escondida en la nocturnidad de la madrugada nos despertó con su alarido histérico más nó el débil vibrar de las pocas cacerolas que no llegaban a interrumpir ni el sueño más liviano. La anónima señora con su leco de espanto a media noche, leía el guión que les fue dictado en los cenáculos de la conspiración: ¡Chavistas del edificio váyanse para Cuba! y una decena de improperios que la decencia no permite escribir. Todo este escándalo fue por la salida temporal del aire, de unos canales por cable que no se han puesto al día con la normativa legal vigente.

El terrorismo no ha sido nunca una buena línea política. Y esta acción escuálida es terrorista porque está dirigida a intimidar a los vecinos que discrepan de la oposición y que legítimamente y democráticamente han adoptado una posición de apoyo al gobierno acogiéndose al derecho que le otorgan la Constitución y las Leyes de la República. El terrorismo genera miedo a toda la colectividad y particularmente a los niños, de cualquier color que sea su hogar, quienes no deben ser involucrados en la violencia política de los adultos. Supe que en un edificio aledaño al mío fueron lanzados vasos de vidrio al balcón de una familia chavista. Por eso el terrorismo actúa en la nocturnidad, en el anonimato, a escondidas y desprecia la lucha de masas y la vida democrática.

El terrorismo es una concepción característica de la extrema derecha y el fascismo, que no es revolucionaria y mucho menos democrática. Atentar en contra de los derechos democráticos, la libertad de residencia, los derechos de los niños y la paz ciudadana es un delito que no puede ser permitido en ninguna comunidad de Venezuela. Que no se equivoquen los infractores de las Leyes si creen que van a quebrantar impunemente la paz y la tranquilidad de la República. Transiten libremente el camino cívico y constitucional que la sociedad no se los reclamará pero si se van por el camino equivocado del terrorismo les espera la aplicación implacable de las Leyes y la reprobación de las masas que repudian la violencia.

La Fiscalía General de la República, la Defensoría del Pueblo y los Tribunales de la República son los Poderes del Estado donde los terroristas escuálidos van a tener que explicar por qué razón y por qué potestad inconfesable amenazan, atacan las propiedades y ejercen la violencia en contra de familias honestas y pacíficas por el único hecho de éstas discrepar y disentir de la manera escuálida de pensar. No hay mejor cuña que la del mismo palo, acuérdense de aquella esgrimida hasta el cansancio por la derecha en tiempos del gobierno adeco de Rómulo Betancourt: “La violencia es el arma de los que no tienen la razón”

(*) Profesor

sergiobricenog@yahoo.com


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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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