Me lo encontré en aquel lugar…

Puedo jurar que vi a Chávez en la Mesa No.1 del Liceo Siso Martínez ubicado en San Antonio de Los Altos. Y eso sí que es casi imposible en tan oligarca Municipio. El espíritu de ese trovador estaban allí. ¡Lo puedo jurar!

Mientras en la cola varias señoras y señores opositores comentaban con mucha seguridad el triunfo del "NO" y las cantidades de arroz, harina Pan y otros productos que habían comprado el día anterior "porsiacaso", y a conciencia de que probablemente mi "SI" sería uno de los pocos en ese centro de votación, me dirigí feliz y contenta a aquel lugar, a encontrarme con el Comandante. Pero ¿quién no querría encontrarse con él en aquel lugar?

¡Cuántas cosas contenidas en aquel recuadro del SI! Y, al lado, la negación. A la derecha. El egoísmo, la zanganería, la prepotencia, la codicia, el odio, la mentira…. y la brutalidad. Pensé en el señor español Herrero y en ese avión que lo llevaba a Brasil. Pensé en un día en el cual mi esposo, que es extranjero, a los pocos meses de haber llegado a Venezuela, me dijo: "-Ustedes no quieren a su país". Por allá, por el año 1988. Recordé que deseé matarlo en aquel momento, pero luego me convencí que tenía razón. Pensé en los politiqueros de siempre mendigando ayuda y complicidad extranjera. ¡Pusilánimes!. Pensé en el ocio de la IV República. Pensé en todo lo que ha hecho Chávez y que aquellos no hicieron; en los niños y jóvenes que asisten a la escuela y a la Universidad; en mis queridos habitantes de los barrios que disfrutan de asistencia médica; en nuestros deportistas; en nuestros jóvenes músicos; en la pandemia bolivariana del continente suramericano; en la pequeña potencia; en el coraje y arrojo de nuestro Presidente… ¡en tantas cosas! Me sonreí recordando las canciones que entona el Comandante; y esa personalidad cautivadora se encontró conmigo en aquel lugar: la Mesa No.1

A la salida, junto a mi hija, decidí celebrar con un jugo de naranja, y tropezamos con un "encuestador" de esos a boca de urna. –"¿Me podría decir su nombre y por cuál opción votó?"

Le dije mi nombre y el "SI". Cuando fue a anotar, observé la columna del "SI" totalmente vacía, y muchos asteriscos en la columna del "No". Le solicité preguntarle también a mi hija, y nunca imaginé que escucharía una respuesta, en vivo y en directo, de un alumno de la Escuela Sofista de Filosofía del "Centrohumanismo" opositor: -"No le voy a preguntar a ella porque cuando varias personas andan juntas todas piensan igual". (¡¡¡¡¡¡??????!!!!!!!)

-Qué encuesta tan chimba! –Tú sí es verdad que estás claro. No importa. Yo sólo deseaba ver aunque fuesen dos "SI", pero esta noche serán millones. Ya lo verás.

Allí quedó mi nombre y mi solitario "SI". Pero mejor, porque resaltaba mucho.

Segura estoy que los opositores también tragaron harina por haberse encontrado con él en aquel lugar y en todos los lugares; que lo ven en la sopa de letras; en sueños y pesadillas, y los asusta como los espantadores de la comarca: "Uhhhhhhhhhh, Ahhhhhhhh, Chávez no se va!

No traté de eliminar la tinta indeleble. Es la perfecta manicure. ¡Cómo conquista Chávez tan solo con una frase! Me había encontrado con él y con toda la Venezuela de ayer, de hoy y de mañana en aquel lugar: la Mesa No.1. A las tres de la tarde comenzó la taquicardia y las llamadas de amigos bolivarianos emitiendo boletines informales con porcentajes diferentes, pero favoreciendo el "SI". Las caras. Las caras de los dirigentes del PSUV lo confirmaron; así como esas mismas caras lucían un poco lánguidas el día del Referéndum sobre la Reforma constitucional.

Qué alegría el primer Boletín. Mi único "SI" se multiplicó geométricamente. De inmediato procedí a vengarme de mis vecinos que gritaron eufóricos el pasado 23N con el triunfo de Capriles Radonsky en Miranda. Mis gritos y mis aplausos solitarios retumbaron mucho más que los de ellos en aquella oportunidad, pues resultaban inconfundibles y claros en el silencio de la espera y, además, con eco. Y entonces, a ver en el Balcón del Pueblo a ese novio de Venezuela, enamorado de Venezuela, comprometido con Venezuela, a quien le dimos el "SI". Como a los novios y pretendientes, en aquel lugar.

Y allí nos estremeció de nuevo. Se "consumirá" al servicio del pueblo y de la patria, mientras los pichones de estudiantes y sus líderes de plastilina se consumían de frustración y dentera. La invitación del Comandante, y al otro extremo, la insistente súplica ridícula de la oposición en su eterno ejercicio de la queja. ¡Es que no entiendo cómo sus seguidores pueden aguantar tanta quejantina!

Leo y escucho opiniones sobre números, porcentajes, acciones a tomar, comparaciones entre Referenda, elecciones; resultados; pérdida y ganancia de votos; lo que debe hacerse; lo que no; el por qué; pero pienso en alguna madre del barrio que vivió desvelada cuidando a algún familiar discapacitado quien, como dice Chávez, permanecía en "el último cuarto"; pienso en esos compatriotas que han vivido años con un malestar físico; sin educación. Pienso en la fe y la alegría del pueblo bolivariano cuando sigue al líder; pienso en todo aquel que cree en Venezuela y en su pueblo; pienso en la dignidad de quien aprendió a leer y a escribir; pienso que todos somos pueblo aunque algunos se denominen "sociedad civil"; pienso en la pequeña potencia que ha podido serlo hace tanto tiempo; pienso en los pueblos que anhelan un Presidente como el nuestro. Pienso. Esos son mis números y mis porcentajes.

Y pienso que en el 2012 volveré a encontrarme con el Presidente en aquel lugar: la Mesa No.1.

iraidalambert@gmail.com


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