Lloviznando cantos para capturar a Noriega en Panamá

Vivo en un sexto piso adyacente a la plaza Candelaria. La situación de los que vivimos aquí es la equivalente a la que padeció el General Noriega cuando los marines norteamericanos lo atormentaron con música de rock pesado día y noche hasta que quebraron su voluntad y lograron su rendición, (no recuerdo si se entregó por eso pero si lo hizo lo entiendo perfectamente)

El escándalo que arma el “punto rojo” de la citada plaza, promocionando el Sí de cara a La Enmienda, es el equivalente al que generan esos vecinos “bonchones” que todos hemos padecido, los que parrandean hasta las seis de la mañana y no nos dejan dormir.

El alto volumen es de esos que te roban hasta los pensamientos. Comprenderán que allí las letras y los contenidos de las canciones pierden todo significado y el escándalo y la repetidera  de temas adquieren la cualidad de tortura de la más alta sofisticación.

Aunque objetivamente hasta el admirado y muy musical Alí Primera también termina convertido en parte de la sesión de tortura, por obra y gracia de los decibeles y el “vuelta y vuelta” (esos tres discos que ponen dan más vueltas que un pollo en brasa), hay que hacer especial mención del particular gusto de los camaradas de la plaza Candelaria por “Lloviznando Cantos”. Los temas de este grupo suenan tres veces más que los del resto de los artistas revolucionarios, y como el repertorio consiste básicamente en marchas e himnos, compuestas en dos acordes e interpretadas en tono acongojado, el suplicio se magnifica, supongo que en Guantánamo aplican técnicas tan sofisticadas como esta.

Ya tengo previsto las respuestas posibles en las mentes de los que lean esta reflexión: lo importante es ganar la enmienda, quien se va a estar deteniendo a considerar si los que viven allí están fastidiados y alegres, hay que priorizar la victoria revolucionaria, y respetar el trabajo de los camaradas artistas.  Seguramente es así, sólo dejo constancia de una situación cotidiana que trae padecimientos a mi comunidad cada vez que transcurre una jornada preelectoral. De algo sí estoy seguro; ningún escuálido de por aquí se va a pasar a las filas revolucionarias con ese escándalo y esa monotonía, estamos hablando de semanas y hasta meses completos con ese “macán” hora tras hora. Insisto, remítanse a esas fiestas infernales que no te dejan dormir en toda la noche.

Sólo me queda esperar que en un futuro quizás distante, las campañas tengan más matices, más reflexión y respeten el contexto social: no existen las fiestas de un mes, con música y escándalo perpetuo, (quizás en la antigua Roma y en el carnaval carioca) tampoco se ponen canciones solemnes e himnos durante seis horas seguidas como si estuviésemos en una perpetua jornada de  reafirmación ideológica, (¿eso no es un irrespeto propio de la publicidad capitalista?) el esfuerzo de los camaradas se convierte en “cuchillo pa su propia garganta”, por lo menos en el caso de los que aquí residimos.

PD: voto por el SÍ

cocotronico@yahoo.es



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José Luís Varela


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