La estupidez humana

La enmienda del artículo 230 de la constitución (parte I)

He seguido con detenimiento lo que se ha dicho o escrito sobre la enmienda constitucional que ha partido de la decisión libre i soberana de la Asamblea Nacional, aunque respaldada hasta ahora por casi 4 millones ochocientas mil firmas, expresión libre de la voluntad de la mayoría del pueblo venezolano; comparto plenamente intervenciones como las de Carlos Escarrá, Isaías Rodríguez o Earle Herrera, para mencionar sencillamente tres de las que he escuchado, i confieso que no he leído lo que se escribe en EL NACIONAL o en EL UNIVERSAL, porque son periódicos que no leo desde el año 2002 (los transformaron en panfletos imperialistas), luego del Golpe de Estado; mientras son muchísimas las bien razonadas intervenciones de prominentes figuras de la Revolución Bolivariana, incluido el Presidente de la República, para pretender agregar más argumentos a favor de ser, categóricamente, una enmienda absolutamente constitucional i convencerme que los argumentos mal paridos -distócicos decimos los obstetras- especialmente por tanto pseudo intelectuales de la oposición, políticos de pacotilla (siempre pienso en prototipos como Petkoff, Ledezma, Ismael García o Ramos Allup, para mencionar también solamente cuatro mediocridades).

Sin embargo, tengo que referirme con especial énfasis o desprecio olímpico, a los rebuznos “santos” de la jerarquía de la Iglesia Venezolana, la cual mediante figuras cardenalicias como las de Velasco, Castillo Lara (ambos fallecidos) i por el actual J. Urosa Savino, han mal puesto hasta lo imposible al Vaticano o a toda la iglesia derivada de ese otro Imperio (con el perdón de buenos sacerdotes creyentes en Cristo) pero todavía no convencidos de que, esa Institución de historia negra, sangrienta i guerrera, no la fundó Jesucristo, sino que se organizó como mafia planetaria, cuatro o cinco siglos después, tomando la figura de un rebelde de ideas similares a un socialismo bueno i justo, contra los atropellos del Imperio de su tiempo, el Imperio Romano. Por eso, hasta su figura, su físico, lo han cambiado a voluntad de engaño, a punto que el gran Diego Velázquez, pintó su Cristo con medio rostro cubierto por sus cabellos, porque no se sentía digno de representar el rostro de aquel hombre maravilloso; Cristo de rostro cubierto, cantado igualmente por Don Miguel de Unamuno. Ambos no hubiesen estado de acuerdo con el autor Karlheinz Deschner en el título de su obra Historia criminal del cristianismo, sino Historia criminal de la Iglesia, ya que Cristo i el cristianismo fue o es, otra cosa, i nos lo recuerda Jorge Luis Borges en el inicio de su poema Cristo en la cruz, diciendo así:

Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.

Los tres maderos son de igual altura.

Cristo no está en el medio. Es el tercero.

La negra barba pende sobre el pecho.

El rostro no es el rostro de las láminas.

Es áspero y judío. No lo veo

y seguiré buscándolo hasta el día

último de mis pasos por la tierra.

Así lo pienso. El Vaticano no es la iglesia de Cristo, ni estos Cardenales zamuros, tienen la palabra de Dios. El primer pecado a evitar sería el mentir…¡I cómo mienten descaradamente estos ensotanados políticos, también de pacotilla! No son “ensotanados” porque usen sotana (que ya los verdaderos sacerdotes prefieren no usar) sino porque siguen viviendo en el sótano de la vida i parecen no saber ni de las estaciones del año, principalmente la primavera. Un Cardenal que todavía no ha visto o no conoce al pueblo, sino a las oligarquías dominantes, no conoce la primavera de la bondad i la justicia, como sí la vive el pueblo venezolano, pues al decir en versos Juan Ramón Jiménez, el humilde cantor de Platero y Yo, “más aunque abril no te abra a ti sus flores, tu siempre exaltarás la primavera”. El pueblo venezolano, siempre genéticamente conformado por Bolívar, que no tuvo un hijo sino millones, ahora alfabetizado, despierto i soñador de utopías con los ojos abiertos, sabe que esa enmienda constitucional, le garantiza seguir la senda de progreso, libertad i dignidad que antes de esta revolución, jamás conoció en toda su vida republicana, a no ser efímeros destellos. Sabe que con el Comandante Chávez, el que supo asumir su responsabilidad ante la derrota del 4 de febrero i quien fue rescatado por sus conciudadano en abril de 2002, es el primer presidente de verdad que hemos tenido desde la muerte del Libertador i el lapso de Rafael Urdaneta al frente de la llamada Gran Colombia. Todos los demás autócratas o simples borregos del Imperio del Norte, el que trabaja no solamente por la opresión i el sometimiento de los pueblos, sino por la misma destrucción del planeta Tierra.

Hasta ahora, esta podrida oposición radical, con la comparsa mediática calumniando a la patria a escala internacional –con todos los países i gobiernos, humillados i cómplices del Imperio que empieza a desboronarse como la Unión Soviética- no tienen otros argumentos que la mentira, el miedo i el terror. I cuando afirman estas cosas i hablan de fraude, deberían leer lo que significa la Verdad, en la obra La vida eterna, de Fernando Savater. Saben que los números no les favorecen; saben que tenemos la Constitución más avanzada i democrática del mundo; saben que tenemos, no simplemente un CNE, sino un Poder Electoral justo i digno, i de paso con el sistema más lógico, transparente i tecnológico del planeta, por encima de sistemas deficientes i aptos para el fraude, como el de los Estados Unidos o de Europa. Saben, en fin, que tenemos un líder que ha continuado la ruta de nuestros libertadores del pasado (de eso escribí un pequeño ensayo) o de los verdaderos libertadores del presente como Sandino, Allende, Guevara o Fidel Castro que, con medio siglo de criminal bloqueo a esa isla portentosa i bella, ha demostrado ser el ícono de la Dignidad de América o del mundo. Por eso estamos construyendo la patria grande que soñó el Libertador. Por eso el miedo de los demonios del capitalismo i de la guerra más bárbara que la de siglos pasados, que son ellos i no otros, los demonios que el poeta J. Milton, imaginó perderse o hundirse en los abismos del inventado Infierno, negocio de la iglesia.

Por ello no es de extrañar cuanta estupidez se manifiesta en la patria i en el mundo contaminado. Por eso no es de extrañar, la estupidez de un Cardenal vergüenza. Empero, la enmienda constitucional triunfará, para seguridad i felicidad de la patria.


robertojjm@hotmail.com

 



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Roberto Jiménez Maggiolo


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