¿Qué pasó el 23?

Leibniz decía que la inmensa mayoría de nuestras acciones son automáticas. Según el sicoanálisis y el marxismo, la generalidad de nuestras conductas son inconscientes. Así, casi nadie está consciente de que está usando el presente de subjuntivo, diga lo que diga. Por ejemplo.

El asunto va sorprendentemente mucho más allá de acciones básicas como caminar o respirar. El automatismo rige la ideología que profesamos sin saberlo. Es como el ateo que se come sus hallacas o su panettone en Navidad.

O, ya perversamente, el “revolucionario” que asume valores y comportamientos del capitalismo, camionetota negra, pócima de 18 años, lo que el sociólogo estadounidense Thorstein Veblen llamaba “consumo conspicuo”. O el pobre que vota por un candidato que asegura su exclusión social. O el revolucionario que se fotografía para la campaña pintando paredes con una camisa planchadita.
Cuando la humanidad creía que la tierra era plana, era insoportable la idea de su carácter esférico y los barcos irreparablemente se precipitaban al abismo al llegar al horizonte. No importa que la realidad contradijera la chatura, que persistía en las conciencias hasta que un vuelco en la vida económica trastrocó todo. Los viajes globalizantes que el capitalismo inauguró hicieron forzoso entender el carácter razonablemente esférico de la Tierra.

Nunca he podido convencer a los productores de televisión de superar los tics de la tradición. Imposible persuadirlos de prescindir del segmento de publicidad, por ejemplo, así no haga falta.
Para colmo, para hablar solo de ese aspecto, tengo la impresión de que el sistema de gobernaciones estadales y de concejos municipales no funciona, simplemente porque no puede funcionar, como no sea para la corrupción, que es para lo que está hecho. Tal vez tengamos que revisar desde sus cimientos la estructura estadal y municipal. Tengo años sin oír a alguien declararse satisfecho de su gobernación o de su alcaldía. Y así mil cosas más.

Más inaplazable que hallar culpables de las derrotas del 23 de noviembre, que los hay y las hubo, es hallar las causas en el sistema ideológico que aplicamos, cándidos como autómatas. Estudiar La plusvalía ideológica de Ludovico Silva sería un excelente comienzo.


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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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