¿Quién perdió el 23N?

Desde una visión numérica, político-partidista, pragmática o , las
elecciones regionales de 23 de noviembre son una victoria contundente
para la revolución bolivariana y su propuesta socialista. Pero si
podemos reconocer esta victoria: ¿por qué quienes participaron en ella
no sienten la contundencia del triunfo?

Desde hace ya algún tiempo que las fuerzas que impulsan la
profundización del socialismo como corriente ideológica dentro del
movimiento revolucionario no ven con buenos ojos a personajes como
Diosdado Cabello o Juan Barreto, y ahí esta quizás la primera
aproximación para explicar el resultado que entrega el Área
Metropolitana de Caracas a la oposición. Pero al ver los resultados
resulta claro que una buena parte de los revolucionarios asumieron la
línea partidista y decidieron apoyar a Diosdado Cabello, único
candidato que optaba a la reelección en la región capital.

El problema entonces podemos pasar a revisarlo desde otro ángulo: la
gestión. Es aquí donde las propuestas ideológicas ceden ante la
capacidad de los representantes electos de responder a las exigencias
del pueblo. La corrupción, mediocridad, infeciencia y el cinismo se
engloban aquí y se convierten en uno de los mejores elementos para
definir quién recibirá el permiso para pasar a las funciones de
gobierno. Es entonces uno de los elementos para apoyar, dejar de
apoyar y oponerse.

¿Quién perdió entonces la Gobernación de Miranda, La Alcaldía
Metropolitana de Caracas y la Alcaldía del Municipio Sucre del Estado
Miranda? Sin nombres podemos decir que perdió la mala gestión; con
nombres podemos apuntar claramente a la pésima gestión de José Vicente
Rangel Aválos, hasta ahora Alcalde de Sucre y la de Juan Barreto al
frente de la Alcaldía Metropolitana. Particularmente, la sóla gestión
de Ávalos desencadeno la pérdida de tres espacios de vital importancia
política.

Siendo críticos, bastante críticos, con la gestión de Diosdado
Cabello, podemos ver que su candidatura ganó en casi todo el Estado
Miranda, perdiendo sólo en los municipios de la clase media de Caracas
y sus alrededores (Chacao, Baruta, Carrizal, Los Salias) y en el
Municipio Sucre. En éste último, el candidato de ruptura con la
ineficiencia de Rangel Ávalos, Jesse Chacón, obtuvo la derrota de
manos de la amplia clase media de las parroquias del municipio
(Leoncio Martínez, Petare) y las desencantadas y abstenidas zonas
populares del casco petareño. En las zonas marcadamente populares
confiaron en la nueva propuesta y la intención de cambio dentro de la
revolución, apoyando mayoritariamente al partido socialista, pero
también con altos niveles de abstención.

La falta de alegría en esta victoria numérica se basa precisamente en
que nuestra revolución no esta en función de resultados electorales,
sino en una necesidad real de cambio. El equipo de trabajo para
Caracas, que suponía una increíble superación en términos políticos,
ideológicos y de gerencia, ahora lleva a cuestas la derrota gracias a
mala experiencia de quienes sólo mantenían como programa de gobierno
el uso de la camisa roja para justificar sus planes, o más bien la
ausencia de éstos. Es lamentable perder cuadros a manos de quienes a
fin de cuentas no lo eran. La critica pudo salvar la situación a
tiempo, no con comentarios dentro de las filas revolucionarias sobre
lo increiblemente malo que era el gobierno Metropolitano o el de
Sucre, sino exponiendo esos errores como desviaciones del camino que
aspira recorrer nuestro proceso político. Es decir, ser intolerantes
con la mediocridad y corrupción, y exteriorizar esa postura, sin
importar el personaje que se vea afectado. A fin de cuentas es su
responsabilidad.

El pasado diciembre se nos presentaba la necesidad de profundizar la
discusión ideológica, donde el pueblo debía no sólo participar, sino
generar esa nueva concepción socialista. Hoy aún tenemos esa tarea
pendiente, con el aliciente de que la confianza popular en la
propuesta socialista se ha incrementado. La ineficiencia, la
incapacidad y la corrupción no generarán confianza, sólo la disiparán,
así que será imposible reclamar el resultado a alguién más que no sea
a quién las practicó durante su gestión.

Esta advertencia es oportuna hoy, ya mañana vendrá una nueva jornada
donde una institución inmovilizada e incapáz tendrá que renovarse casi
en los mismos términos electorales de estas regionales. ¿Podrá la
Asamblea Nacional mostrarse como revolucionaria y popular en lo que le
queda de gestión?

Henry Contreras
http://www.ecosdelmundo.com


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