Consideraciones sobre el comportamiento electoral del 23-N

Estas elecciones que acabamos de vivir los venezolanos deben generar reflexiones profundas sobre el devenir del proceso político. Es así, pues se pusieron de manifiesto ciertos procedimientos que revisten especial significado para la democracia misma. En 1er lugar, el despliegue organizativo, la confianza en las instituciones y el comportamiento de las fuerzas políticas en pugna debe ser resaltado. El CNE no sólo desvirtuó una perspectiva de desconfianza que sectores políticos habían querido tejer en su contra, además se convirtió en referente mundial al conducir un proceso electoral totalmente automatizado con un universo de votantes nada desdeñable (16.880.000 votantes).

Por supuesto que se presentaron problemas, pero ningún proceso comicial está exento de ellos. Las fuerzas políticas confrontadas se enmarcaron en lo dispuesto en la normativa electoral y nada hace presumir que se presenten alteraciones en esta etapa final. Con ello la democracia resultó favorecida y fortalecida, pues se comprobó la calidad institucional del ente rector.

Fuera de estas consideraciones, hay que analizar los resultados. Debemos comenzar por la abstención; la enorme participación (casi 65%) coloca este proceso electoral como el más concurrido en la historia de las elecciones locales y regionales en la historia venezolana, desde que se dio inicio a la elección directa de alcaldes y gobernadores en 1989. Esa concurrencia encuentra su explicación en los efectos de la campaña política basada en el personalismo que fue adelantada por los 2 líderes que encabezaban la disputa: Manuel Rosales y Hugo Chávez. Ambos actuaron de la misma manera: le levantaron la mano a sus candidatos y los ungieron con su apoyo político, generando el denominado efecto portaviones. Su efectividad no fue absoluta: en el caso de Zulia, Carabobo, Miranda el accionar de Chávez no resulto del todo eficaz; pero el caso de Manuel Rosales también demostró su falla; al perder la mayoría de las alcaldías que componen el estado Zulia. ¿Cómo se explica que en el caso del chavismo se perdieran esas gobernaciones pero se ganó la mayoría de los gobiernos locales?, ¿Cómo explica Manuel Rosales que su candidato ganó la gobernación pero perdieron los gobiernos locales?. He ahí una gran contradicción que señala los efectos del tipo de liderazgo y la calidad de los candidatos para asumir un proceso colectivo.

Por otra parte, está el tema del dominio político expresado a través de los votos. La oposición señala que es un gran triunfo. Tiene en parte razón; haber obtenido la gobernación de Miranda, Carabobo y Táchira reviste inusual importancia; pero de resto conservaron Nueva Esparta y Zulia; pero al examinar el resultado por partidos nos encontramos que en el caso de Miranda y Táchira las fuerzas que lograron el triunfo están representados por candidatos provenientes del socialcristianismo (COPEI), mientras que en el caso de Nueva Esparta es Acción Democrática (AD), para Zulia es Un Nuevo Tiempo (UNT) y Carabobo es una organización de centro-derecha (proyecto Venezuela). Visto así el triunfo de la oposición es una derrota pues no consiguieron consolidar su fuerza los principales partidos políticos que surgieron como hegemónicos en la elección de 2006: UNT y Primero Justicia. Al revisar el caso de las 17 gobernaciones de los candidatos cercanos al gobierno, nos encontramos que todos son oficialmente del PSUV, es decir el sistema político venezolano se convierte en un sistema de partido dominante. Sólo una organización política obtuvo un caudal electoral de más de 5 millones de votos; las otras organizaciones políticas están muy lejos – individualmente hablando- pero en conjunto reúnen casi 4.200.000 votos.

Cómo vemos el comportamiento político señala en lo inmediato dos cosas; una en relación al PSUV que demostró capacidad de movilización y unidad orgánica pero experimenta debilidades ideológicas aun visibles que deberían ser subsanadas; y dos, en lo que respecta a la oposición que debe revisar sus liderazgos y la articulación de fuerzas, evitando caer en disidencias y apetencias internas pues disgregados no llegan a nada; electoralmente hablando.

No puede quedar por fuera el hecho de la cohabitación política. La oposición ha dicho que el gobierno debe entenderse con ellos, yo creo que la cuestión es recíproca. Los estados donde ganó la oposición la gobernación, el chavismo cuenta con mayoría en los gobiernos locales y municipales; por lo tanto sí no hay entendimiento entre el gobierno nacional y regional muy seguramente veamos conflicto entre los gobiernos regionales y locales. Se trata de articular efectivamente un proceso de respeto mutuo, en donde los actores compartan un solo esfuerzo, por encima de sus diferencias ideológicas: la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos.

En conclusión, el sistema político resultó ganador; se consolidó la institucionalidad democrática. El sistema de partidos se dibujo con una fuerza preponderante pero que debe relacionarse con otros sectores y no caer en la tentación dominante. Finalmente el balance de la democracia venezolana es sólida; el poder electoral es eficaz y la calidad de la democracia no ha sido puesta en duda; quisieran otras democracias occidentales demostrar esas condiciones.

Dr. Juan E. Romero
Historiador
Juane1208@gmail.com


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Juan E. Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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