Con o sin lluvia, ¡a votar!

La canalla amaneció el viernes celebrando el desastre ocasionado por las lluvias e intentando pescar en el río revuelto de las emociones colectivas, alteradas por el recuerdo de diciembre de 1999.

Nada más grotesco que sacar partido de la tragedia ajena, del infortunio que resulta de un evento natural, para obtener dividendos políticos. Ésa es una razón más para levantarse hoy, contra todo pronóstico meteorológico, y salir a votar.

La población venezolana tiene que comprender que gobernar el país es un trabajo en equipo, que requiere brigadas en cada rincón, voluntades dispuestas a ceder privilegios individuales en beneficio del colectivo, mandatarios identificados con la misma línea de trabajar sin descanso por sus regiones y no en función de hacer crecer sus cuentas bancarias.

Y a estas alturas, ese mismo electorado tiene que estar claro en quién es quién. Las denuncias aparecidas en distintos medios sobre vínculos con el narcotráfico, con el paramilitarismo; sobre bienes y riquezas súbitamente adquiridos, dentro y fuera del país, suficientemente sustanciadas con evidencias, han sacado a la luz pública el trapo sucio de la corrupción. Hoy es la oportunidad de dejar fuera del juego a unos cuantos de esos aprovechadores del erario público.

Si la lluvia nos sigue castigando, como está sucediendo en el mundo entero, el más elemental sentido común obliga a tenderle la mano al vecino en apuros y empujar, entre todos, la maquinaria que ayude al despeje. Eso es lo que manda la solidaridad. Aquí sucedió el jueves y el viernes que vimos a unos cuantos en la televisión, soplando en colectivo para que las nubes continuaran su paso devastador. Esos apuestan a la tragedia, a la caída de los precios del petróleo, al caos, para presentarse como salvadores.

En las urnas, podemos decirles lo que pensamos de ellos.

El que se quede en su casa perderá su derecho a reclamar, a exigir que le resuelvan sus problemas particulares.

Estamos en plena construcción de un proyecto de país. La tarea es de todos y el grado de conciencia que alcancemos no saldrá de la pantalla de un televisor. Tendrá que venir de nuestros propios principios.

Votemos, pues.

Mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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