No se vale abstenerse

A tan sólo una semana del proceso en el que definiremos los próximos mandatarios regionales, es imprescindible que como electores nos detengamos un momento a pensar en lo que está en juego y sobre nuestro papel en el rumbo que tome el país en lo adelante.

Los indicadores del abstencionismo en anteriores procesos similares a éste, ponen de manifiesto que una gran parte de la población prefiere delegar en otros la responsabilidad de que elijan por ellos. Semejante absurdo sólo se explica por la circunstancia de que somos un país presidencialista, que se mueve electoralmente cuando es la primera magistratura lo que está en juego.

Sin embargo, esa cómoda posición no considera que gobernar una nación es un trabajo en equipo, que requiere delegar en muchos otros la tarea compartida de dirigir una nación.

Hemos visto a Chávez recorrer el país de punta a punta y a legiones inmensas de sus seguidores aclamando su presencia. Ese impresionante proceso de comunicación que se produce entre el Presidente y su gente, permanece inalterado, pese al paso de los años y al desgaste que necesariamente tiene que producirse con el transcurrir del tiempo. Es un fluir de emociones y afectos que, hasta ahora, no ha requerido intermediarios. Pocos fenómenos políticos como este se han visto en el mundo, que superen tantas y tan variadas barreras. Sigue ahí. Incólume.

Las manifestaciones de estas semanas en todo el país, dan cuenta de ese incondicional respaldo del soberano a su líder.

Chávez es el comunicador, es el gerente, el alcalde. Chávez es la revolución y la revolución no es nada sin él. Simplemente no existiría. Él lo sabe y por eso ha colmado su agenda de visitas que parecieran humanamente imposibles de cumplir. Él entiende que si no está presente, buena parte de sus seguidores abandonan fácilmente el juego. Lo comprobó en diciembre pasado. Se dedicó a negociar el rescate de rehenes colombianos y le dejó la tarea electoral a otros, a la dinámica del proceso, a la conciencia colectiva. Paradójicamente, tenía razón pero se equivocó. Era legítimo delegar y esperar que el asunto funcionara.

No fue así.

Han pasado diez años desde que llegó a Miraflores y todavía está en campaña. La gente espera que él le resuelva el problema de vivienda, le busque trabajo a los hijos descarriados, repare las calles y recoja la basura; todo el que tiene una queja le quiere mandar una carta a Chávez y se deben contar por millones los papelitos dejados en la mano de un guardaespaldas, de un escolta. A veces pareciera que eso pasa porque él no ha querido intermediarios en esa relación directa Chávez-pueblo, pero también sucede que otras tantas veces los encargados de hacer los necesarios relevos han fallado.

En el camino de la disidencia, el chavismo ha perdido tres gobernaciones que se había asegurado cuatro años atrás. Hay otros por ahí que no terminan de saltar la talanquera pero que están más de allá que de su lado. Chávez ha sacado la cuenta del costo político de tener menos mandatarios aliados. Sabe lo claves que son para su proyecto de país. Falta por saber si su gente lo ha entendido.

Mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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