El Miedo vs. la Paz

La calidad del poder se mide por sus efectos. La Historia será su mejor testimonio, su juez. La Historia del hombre es la historia del miedo. El miedo es un comodín de un juego de naipes creado por él mismo. Naipes de miedo, comodín de miedo. Nadie gana, llámese víctima o victimario. Paz condicionada es paz miedosa, no es paz. Más bien, es tregua del miedo. La traición –valentía conveniente para el beneficiario, es cosecha de los enemigos.

Estar en guerra es miedo a un porvenir, llámese "a la defensiva", o "seguridad de intereses". Bien pudiéramos recalcar que estamos en una encrucijada de los tiempos donde para colmo, el instinto de supervivencia juega a la paz por conveniencia.

Sin embargo, la verdadera PAZ es un universo que desconoce al instinto, el cual no existe para ella. Un maravilloso ámbito que anula significados, razones, categorías sustantivas inventadas por la crónica inteligencia humana, la cual se erige de juez superiora cada vez que cree superar un conflicto circunstancial.

El ser humano al lograr una casilla en el entorno por razón de su inteligencia y superar dificultades, sucediole la ambición de apropiarse de sus entornos. Por efecto, aún no salimos de las cavernas. Haber logrado una casilla en el planeta podíamos proseguir dentro del indicativo de conocer la polícroma sabiduría que portamos internamente. Esto lo ha demostrado el ser humano en innúmeras ocasiones. Pero como el efecto de propiedad y destrucción ha sido más patente, peligroso y perjudicial, es el "conocimiento" que se transmite abrumadoramente como el valedero, el necesario.

Sé que puedo quedar como un ridículo para algunos en este medio donde lo valedero es estigmatizar lo perjudicial inmediato, porque las circunstancias u objetivos que proponemos lo ameritan, yo mismo soy susceptible de ello, soy víctima y parte de esa circunstancialidad, pero es necesario un rompimiento definitivo de la esclavitud que pesa dentro de nosotros, el miedo, juez y amo de nuestra extinción.

Sin embargo, bajo ese riesgo me atrevo a decir que una de las vías más claras que poseemos, es la meditación. La verdadera. Lograr ser, sin dogma o doctrina. Decantar la conversación interior hasta eliminarla, aflojar la garganta, vísceras, extremidades y percibir el contacto de amor al que estamos atados. Se aflojan y desaparecen cuantos mitos y errores trasladamos por dentro. No es nosotros lo que observamos, sino la vida en nosotros la que observa, se enlaza con lo de afuera que no mide, ni justifica, sólo ES. La meditación conduce a una paz desconcertante que en nosotros produce efectos milagrosos. Una bondad indescriptible habla, la escuchamos –lo que no hacemos nunca-. La comprensión de nuestro paso por el mundo es perdón infinito, e inocente, tal cual el de un niño. No hay fuerza que resista a ese poder. Estoy claro que hablo de un punto ubicado en el tiempo pero es hora que se sepa que no hay nada más avasallante que la paz interior. Es tiempo de empezar por sistematizar la meditación en nuestros pensa de estudios desde la más tierna edad a los padres, herramienta real y genética de todo el orbe humano que conduce a la PAZ verdadera, la que redime, la que necesitamos con extrema urgencia.


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Arnulfo Poyer Márquez


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