El trauma

Para el militante de base, creyente, lejano de los vicios de sus líderes, del PSUV, se trata de un trauma con su duelo correspondiente, acompañado de negación, rabia, dolor. A esto trata de acercarse y empatizar el llamado de la cúpula, con base en una esperanza tonta: "devuelvan a Maduro". No se puede entender lo de la separación de poderes en EEUU. Para ellos, eso funciona como aquí: total control del Ejecutivo sobre todos los poderes. No dudo que Trump quiera imponer eso allá, pero todavía no lo ha logrado. A la misma táctica "empática" y muy manipuladora, responden las concentraciones de pequeños burócratas en algunas plazas o calles.

Los "grupos foco" espontáneos de las colas que se formaron el 3 de enero para abastecer a las familias de comida y medicinas, frente a los abastos de los chinos del barrio, los supermercados y farmacias: se expresaron, sobre todo, estas ideas. Primer, la sorpresa por la facilidad de la intervención, no hubo ni un soldado yanqui herido, "no sirvió para nada tanta rumba", "no voy a asistir". Y en casi todos los grupos, una conclusión: "aquí hubo traición".

Pero también para la izquierda continental se trata de una especie de (nuevo trauma), expresado por Pablo Stefanoni, con la analogía de una nueva caída del Muro de Berlín. La dictadura chavomadurista, por su autoritarismo, por su política antiobrera, su neoliberalismo oportunista, su entrega a los capitales extranjeros, se hizo "pesado" para defender con alguna emoción, así como una vez lo fue la URSS de Stalin o la China de la locura maoísta, y hoy el fracaso estruendoso de Cuba y Nicaragua. Claro, el malvado sigue siendo el imperialismo, pero resulta que hay varios imperialismos en el globo y lo que hacen estos regímenes es aprovechar sus pugnas circunstanciales para sacar algún provecho, no para sus pueblos, sino para simplemente eternizarse en el poder. Con sus matices políticos y sus estilos peculiares, esos Imperios se están repartiendo el mundo. Por eso es ingenuo esperar algo de China o Rusia, más allá de declaraciones diplomáticas generales, varias de ellas muy razonables, como eso de llamar a respetar el Derecho Internacional, cosa que suena, al menos, hipócrita, en el caso ruso, por ejemplo.

El contexto de todo esto ya lo hemos comentado. En primer lugar, el ambiente posmoderno a partir de la caída del Muro de Berlín que abrió un tiempo de nihilismo, en el que los grandes valores (el Derecho Internacional, los derechos humanos, la soberanía, etc.) parecen "disiparse en el aire" (Marx) o "pierden todo sentido", ante la generalización de la práctica de la ley del más fuerte (Trasímaco, el oponente de Sócrates), ley "realista" (con rasgos fascistas) de la geopolítica, a la que se adecúan los actores de la arena política mundial. Además, la caída del progresismo latinoamericano, en auge por la venta de materia prima al ascendente capitalismo chino, con algunas políticas sociales, pero corroído por la corrupción, el caudillismo, la demagogia y la ineficiencia. A esto se suman las nuevas y terribles evidencias del fracaso cubano y nicaragüense. Todo lo cual creó las condiciones propicias para el auge de la derecha bravía, que coincide con el ya mencionado reparto del mundo entre las superpotencias.

El ataque norteamericano debe ser condenado, porque estuvo reñido con el Derecho Internacional y con todos los principios que vale la pena defender, incluida la soberanía nacional, ya herida en Venezuela por el fraude que eliminó la voluntad popular consagrada en la Constitución y, por tanto, hirió la autodeterminación de los pueblos. Pero también el autoritarismo que impidió todas las posibles "unidades nacionales" que varios políticos y opinantes propusieron, sin admitir el carácter semifascista del régimen.

Por eso la exigencia del pueblo hoy es la Amnistía General. La propuesta y aprobación or parte de la "nueva" AN es una prueba de que se pueden dar pasos en la transición hacia la recuperación de la democracia. No esperamos nada de los "pequeños burócratas", diputados írritos de la AN, pero sí constituye una prueba para esos "opositores" que, incluso, han propuesto la Ley de Amnistía.

Los ojos del pueblo y de la Historia estarán sobre ellos. AMNISTÍA GENERAL YA!!!



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Jesús Puerta


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