En el contexto del Primero de Mayo, el trabajo de la mujer en Venezuela refleja una lucha constante por la equidad en un entorno de desafíos persistentes a pesar de los esfuerzos del proceso bolivariano , de las iniciativas de Hugo Chávez, y de los avances logrados, así como su participación en diversos sectores desde la ciencia hasta la política, las mujeres venezolanas y aún más en el mundo enfrentan obstáculos significativos, donde desde obstáculos económicos hasta religiosos encuentran en ella la presa fácil de la segregación.
Estos incluyen la brecha salarial, el "techo de cristal" o limitaciones no expresadas y la necesidad de equilibrar el trabajo con responsabilidades familiares, los cuales limitan su progreso laboral y profesional.
La mercantilización del trabajo femenino ha sido fenómeno destacado, donde la participación de las mujeres en la economía global se ha transformado en un recurso aprovechable. Se han generado oportunidades de desarrollo y autonomía económica, en el contexto de condiciones precarias, desigualdades salariales y escasa protección social, reflejando una explotación latente. Además, el trabajo en el hogar, tradicionalmente realizado por mujeres, se ha mercantilizado mediante la externalización de tareas como el cuidado de niños y ancianos, lo que implica empleos mal remunerados y con bajo reconocimiento.
Otro obstáculo es el machismo en las relaciones laborales, manifestado en discriminación, acoso y estereotipos que cuestionan las capacidades y el compromiso de las mujeres. Esto se traduce en desigualdades salariales, falta de acceso a liderazgo y actitudes hostiles en el entorno laboral. Combatir este problema requiere políticas claras, educación sobre el respeto a las personas y sistemas efectivos para denunciar y sancionar estas conductas.
El acoso sexual es una realidad que muchas mujeres enfrentan en el trabajo, donde algunos superiores abusan de su posición para chantajearlas o acosarlas. Esta práctica genera ambientes tóxicos y hostiles, evidenciando la necesidad de prevención y apoyo para garantizar espacios laborales seguros.
A pesar de estos retos, el esfuerzo de las mujeres venezolanas es innegable. Su insuperable presencia en el mercado laboral y en posiciones de liderazgo demuestra su capacidad de superar adversidades y contribuir significativamente al desarrollo de la sociedad. Es crucial continuar las políticas inclusivas que garanticen la dignidad y el reconocimiento de su trabajo, tanto remunerado como no remunerado, para avanzar hacia una sociedad más equitativa y justa.
Y en el trabajo politico del proceso bolivariano y chavista el trabajo y la participación de la mujer en las actividades de base son particularmente notorias e indispensables. En todas las comunidades y parroquias donde funcionan los Clap, Consejos Comunales, Ubch, y aunque a mí me ha parecido que esta participación no ha sido plenamente reconocida formándola y estimulándola, ahí está la mujer, apoyando, trabajando, dirigiendo. Siempre presente.
Esta presencia es imprescindible en la dinámica de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) que operan en cada comunidad y parroquia.
Allí, las mujeres desempeñan roles activos y multifacéticos: brindan apoyo constante, se involucran directamente en el trabajo organizativo y asumen los roles de liderazgo y dirección. Esta activa participación femenina fortalece la estructura y el funcionamiento de estas iniciativas políticas y comunitarias, demostrando su compromiso y capacidad de movilización en el ámbito político y social venezolano.
En este Primero de mayo es justo ese reconocimiento a todas ellas.