Las raíces de la abismal diferencia que ostenta el liderazgo de Hugo Chávez con respecto a la dirigencia política tradicional (II)

La exuberante complicación, el alto grado de incertidumbre de su indagación analítica y las dificultades difícilmente superables de su estudio directo experimental hacen indispensable el uso de modelos teóricos de la arquitectura estructural y de los procesos que se despliegan en el seno del escenario social en el cual actúan los dirigentes políticos. En este ámbito, la moribunda ideología mecanicista y el vivaz paradigma sistémico, orgánico, holístico o integral que asumen el papel protagónico en el actual debate de ideas a través del cual se refleja la profunda e integral crisis que estremece los cimientos de la sociedad mundial, asumen la identidad de ecuaciones o la similitud de la sociedad con las máquinas y con los seres vivientes, respectivamente.

Y en esta disputa de suprema importancia se ubica otro de los aspectos resaltantes de la abismal diferencia que ostenta el liderazgo de Hugo Chávez con respecto a la dirigencia política tradicional. En este ámbito del parangón teórico o reproducción ideal y concreta con el cual se aprehende la totalidad social, mientras Chávez observa y experimenta a la realidad social como una totalidad que resulta de la integración de unos ingredientes que interaccionan entre sí siguiendo modelos vivientes en los cuales se reflejan los postulados de las ciencias probabilísticas, los dirigentes políticos tradicionales conciben a la sociedad como la suma de unas partes que se ensamblan siguiendo modelos mecánicos en los que se refrendan los preceptos de las ciencias exactas.

La fuerte insistencia de Chávez sobre la necesidad de la integración de los países del Sur y de la confluencia de las estrategias, políticas y poderes en todas las dimensiones sociales, emerge de la aprehensión de un mandato que se cumple en la esfera de los organismos vivos según el cual la totalidad es más que la suma de sus ingredientes. Al contrario, en los dirigentes políticos tradicionales anida la creencia de que la sociedad es la suma de sus partes y, por tanto, la armonía social depende del grado de lozanía en que éstas se encuentren y de la robustez de sus ensamblajes.

La aplicación en el terreno político de lo expresado en el párrafo anterior, nos permite comprender el por qué, por un lado, los dirigentes políticos tradicionales convierten la defensa de su parcela política en un fin en sí mismo y, por otro lado, Chávez impulsa la integración de los partidos políticos que hasta ahora han mantenido la alianza con el proceso revolucionario, mediante la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela.

La consigna Patria, Socialismo o Muerte que traduce el carácter esencial que para Chávez posee el proceso permanente de profundización de la revolución nace, a su vez, del estar convencido de que el desenlace de esta transformación integral de nuestra sociedad ostenta un carácter probabilístico y que, por tanto, dicha radicalización se hace indispensable para incrementar significativamente la perspectiva de establecer y practicar el Socialismo del Siglo XXI. Por otra parte, la consigna Patria, Socialismo Democrático y Vida expresada por el Diputado Juan José Molina no es más que el reflejo de la creencia que los dirigentes políticos tradicionales, hasta ahora aliados del proceso revolucionario, comparten en lo atinente a que para conservar y consolidar la V República basta con que sus partidos y dirigentes políticos aliados desempeñen el papel que Acción Democrática, Copei y sus respectivos dirigentes ejercieron en el seno de la IV República.

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Nicolás Urdaneta Núñez


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