Boves (IX parte): Emigración a Oriente

En el conjunto de capítulos, o entregas sobre el caudillo asturiano, ninguna creo que posee tanta carga de dolor en sus hechos como esta. Ningún hecho funesto en la historia de Venezuela supera los siguientes momentos en desdicha.

Después de la derrota en La Puerta, Bolívar pernoctó ese día 15 de junio en La Victoria. En la madrugada prosiguió a la capital. Ese mismo 16 arribó Boves a la ciudad-hospital, ya evacuada. Desde allí destinó a Ramón González con 1500 hombres, derrotar los restos de ejército que cuidaban a Caracas. González no podrá solo; será derrotado por Ribas el 18 de junio en Las Adjuntas y el 20 por Ribas y Bolívar en Antímano. Tendrá que aguantarse hasta los republicanos decidan qué hacer. Mientras en la capital, se conviene partir hacia el oriente, para derrotar al enemigo en plazas más autónomas y fuertes. Imposible detener a Boves con los hombres que tienen. Los buques en el puerto partieron atestados a las antillas inglesas. La sorpresa fue mayúscula al ver que toda la capital se estaba preparando para la partida con los independientes.

El día 6 de julio de 1814, partió la ciudad casi en pleno, 20.000 almas acompañarán lentamente la decisión esperanzadora de reorganización en el oriente. Conformaban el bloque amorfo de caminantes, los mas adultos, ancianos, niños, mujeres, servidumbre, gente que en su vida había hecho una caminata de más de dos horas. En fin, lo que quedaba de la exangüe capital, por su intención ¿prematura? de ser libre. Personas que en su vida habrían caminado dos horas seguidas, huían del Azote del Cielo, de los densos nubarrones de su ejército insaciable. Preferían la muerte en el trayecto que entregarla a aquellas furias desatadas. El hambre, el cansancio, enfermedades, comenzarán a verter su estela de cadáveres no más allá de Guarenas.

El día 7 de julio salió de la capital una comitiva a recibir a la vanguardia de Boves, con tan mala suerte que se encaminó por el camino equivocado, hacia El Valle, ocupado por un secundón de Rosete de apellido Camacho. El bárbaro sin ningún escrúpulo alanceó a la comitiva y se adelantó a Caracas, hospedándose en la cercanía "Pueblo Nuevo" (El Valle). El propio González tomará justicia al día siguiente para no amedrentar a los que realmente se habían arriesgado quedarse. Divulgó un bando firmado por el caudillo, donde se informaba que no se iba a tomar represalias contra la población. Al contrario de su estadía en Valencia, el caudillo se mostró indulgente. No era para menos, en la ciudad heroica estuvo 19 días de lucha infructuosa. A Caracas la encontró desnuda; no más de 4000 adictos al rey, los que más pronto que tarde se arrepentirán de haberse quedado. El 13 de julio partió Morales tras Bolívar. Una semana le llevaba de distancia. Una trágica semana. Hay brotes de locura en algunos de los migratores. Una mujer no pudo dar más leche a su recién nacido y lo lanzó por un precipicio. Al día siguiente deambulaba de arriba abajo buscando al niño. Tiros de gracia que traen más dolor en los verdugos, algunas veces, la única solución para salir de tanta desventura.

El 16 de julio llega Boves a Caracas. Viene con Mons. Coll y Prat. En la catedral dieron un Te Deum en acción de gracias por el triunfo de las huestes del rey. Las familias de los Spinola, Jove, Nava, Duarte, Calderón, tuvieron su ascendiente sobre el asturiano porque ya existía esta relación antes de que se fuera el gentío. Los indultos conseguidos fueron por concesión de estos influyentes. El 26 de julio prosigue el asturiano hacia el oriente. Su ejército es reducido, dejó a Ramón González en La Guaira, a Juan Nepomuceno Quero, venezolano traidor de las filas patriotas, la gobernación de la provincia y a José "Chepito" González, la comandancia militar. Antes de partir divulgó una proclama en donde se buscaba a los proclives del fusilamiento de españoles en febrero. Quero y González con esta herramienta harán de las suyas después de la partida de Boves, pues se ensañarán en cuanto caraqueño viesen con ojos culpables para arrebatarles propiedades. Sólo en la quebrada Coticita fueron ejecutados no menos de 500 "sospechosos". Nuevamente el Ávila abraza fugitivos.

A la emigración le costará 23 días alcanzar la provincia de Barcelona, acosada y diezmada sin desmayo por guerrillas, aunque fiebres, pestes y cansancio, hicieron más que las lanzas enemigas. De los 20.000 vecinos que partieron llegaron a Barcelona apenas 9.000, considerándose sortarios del trayecto que habían culminado, no sabían que apenas estaban en la mitad de sus desdichas.

Al llegar a Barcelona, el Libertador entresacó a dos mil de los migrados que lucían más resistencia y otros mil entre los locales, para salir al frente de Morales que venía por Aragua de Barcelona. Resulta que, en principio ya los caraqueños sobrevivientes del terrible tránsito, no deseaban pelear más por ninguna república que a todas luces estaba en agonía, sólo querían resguardar sus bienes. Bolívar los encomió como lo más sagrado que tenía, sus paisanos que a esa hora solo sus vidas era lo que tenían por pertenencia, pero que esas vidas corrían el mayor peligro si el sanguinario Morales los alcanzaba. Resultó que todos los familiares de los seleccionados se fueron con ellos. Aquellos caraqueños después de lo que habían pasado, no les quedaba otra divisa que la de vencer o morir. Por otro lado, Barcelona no podía sostener el enjambre hambriento, de modo que el resto continuará su periplo hacia Cumaná, ahora más restablecidos.

En Aragua, Bolívar se encontró a Bermúdez, enviado por Mariño con un batallón y unos excelentes escuadrones, entre los que destacaban sobrevivientes de la degollina de La Puerta, Sedeño, Jugo, Monagas, Carvajal. Fortificaron la villa. El Libertador propuso que los escuadrones le pelearan el paso del río a Morales, mientras la infantería diezmaba y debilitaba a la contraria, de esa manera obligaba al enemigo pelear en dos frentes ofensivos. Bermúdez que ya venía caldeado por la pérdida de La Puerta inculpando de ello a Mariño y Bolívar, se le subleva cuando ya Morales está encima con sus 7000 hombres el 9 DE AGOSTO DE 1814. Reprochó a Bolívar que no iba arriesgar la vida de sus hombres mientras los centrales se defendían en las fortificaciones, que además esta no era su jurisdicción, todo lo cual no era sino el asomo de lo que venía cocinándose a espalda suya. Aceptó pelear donde le asignaran, el lado derecho de la villa, desmembrada un poco de la parte principal, la izquierda, su entrada. Morales desaguó el río tranquilamente y rodeó las cuatro entradas, dándole un asedio inmisericorde con artillería. A las 2 de la tarde las caballerías enemigas ya han atravesado la ciudad un par de veces, demoliendo sus defensas. Una hora más tarde y la infantería enemiga que ceñía al centro partió a la villa en dos como si fuese un reloj de arena, dirigiéndose el mayor ataque hacia la izquierda, el pueblo, mientras al derecha a la vez que es aislada, es constreñida a retirarse. A los independientes se les acabaron los cartuchos y se entabló un duelo sangriento a las bayonetas. No hay nada que hacer. Bolívar se abre paso con los suyos, los únicos "centrales" que serán salvados. Bermúdez, Jugo, Sedeño y Monagas con los lanceros que pudieron, logran abrirse entre las violentas cuchilladas que los codiciaban. Los de Morales aunque vencedores, han perdido 1000 hombres, pues los rebeldes les dieron rabiosa resistencia; se ceban con lo que encuentren a su paso…

¡Horror! cayó más del 80% de la población que esa mañana estaba determinada a vencer o morir. A las 5 de la tarde no existía Aragua de Barcelona, al pie de la letra. 5000 muertos cuanto menos se calculan los caídos por el lado republicano, de los que no menos de 3000 eran caraqueños, entre milicianos y civiles. Todo el pueblo quedó enrojecido, festín de los buitres y alimañas. Así lo dejaron.

Sensible pérdida de Francisco Carvajal "El Tigre Encaramado".


Proxima entrega: Urica

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Arnulfo Poyer Márquez


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